El glamour le da a las mujeres su fuerza
Linda Grant

Pocas personas cultivan la atención a los detalles, la armonía entre colores y texturas, el coraje para desafiar lo convencional o aburrido—sin salirse hacia la vulgaridad que el couture no alcanza a contener —y además hacer todo esto con perfecta delicadeza y sentido del balance. Pero de repente una se encuentra con personas como Angie Escamilla, quienes dominan el “arte de arreglarse” y no sólo esto, sino también el de “arreglar a otros”.

Curiosa palabra el arreglarse. Linda Grant, fantástica autora y bloguera inglesa con la que quisimos abrir, habla en su libro, The Thoughtful Dresser (2009), sobre el arte de vestirse de manera que el “yo-interior” saque el mejor partido del “yo-exterior”. 

Y si bien hay personas que tienen esto presente y llegan a cultivar un verdadero estilo personal, la mayoría de nosotros sólo cumplimos con un conjunto de reglas sociales básicas, cosa que nos permite liberar nuestra mente y pensar en otras cosas. Como dice Grant, el grueso de nosotros vivimos el día a día sin una filosofía de la moda.

Pero Angie sí que la tiene, y vaya que las tapatías confían en su manera de hacer las cosas. “Siempre me llamó mucho la atención la moda,” me dice Angie en el primer aniversario de su exitosa Casa Trementina. “Estudié diseño de modas y una especialidad asesoría en imagen aquí el Guadalajara. Luego me fui a hacer diplomados en Barcelona (en la Escola Superior de Disseny Felicidad Duce) y Nueva  York (en el Fashion Institute of Tecnology)”.

Al regresar de estas dos ciudades icónicas, comenzó a dar asesoría de imagen. Pero sus amigas le pedían más. “Casa Trementina era exactamente lo que se hace aquí, pero en mi casa. Eran todas mis amigas, ‘Oye, préstame ese vestido’, ‘¡Péiname!’, ‘¿Me puedes maquillar el sábado a las 10 de la mañana?’ ‘Me puedes prestar un collar. No, mejor, ¿me acompañas a comprar uno?’ Mi casa siempre estaba llena de niñas que querían que las arreglara, que las vistiera” ríe recordando.

“De repente, me nació la idea de crear ropa para  mí, porque todo lo que compraba siempre lo estaba transformando. Nunca era tal cual,” continúa, hablando de sus épocas pre-Trementina. Cuando escuchó a varias personas preguntarle dónde lo había comprado, en vez de un “¡Ay, wow, tú lo hiciste?”,  tuvo una revelación; darle impulso al talento que hasta ahorita no había explorado fuera de ella: Angie comenzó a diseñar y a producir piezas de ropa para otras.

Naturalmente, el siguiente paso, era poner un show room donde pudiera mostrar sus creaciones, que no sólo pretendía vender, sino que también puso a la renta, para aquellas que no quisieran “gastar un dineral en un vestido que no van a volver a usar”. Eso sí, los vestidos que se rentan no se venden, y viceversa.

Angie decidió llevar ese espacio donde mostraría su ropa un paso más allá: apoyada en la noción de que ya en su propia casa se hacía de todo, nació el concepto de Casa Trementina; “puedes entrar aquí casi en pijama y salir completamente arreglada de pies a cabeza” explica.

Un lugar que, como la trementina—destilado de resina oleosa que entre otras cosas se usa para fijar perfumes—concentra prácticamente todos los caprichos que una mujer pudiera desear saciar.

Y no sólo de arreglo personal; Casa Trementina también es hogar de un cálido café-design shop—con preciosos productos de diseñadores mexicanos como Saracho o El Bazar de Pony—para echar el chal y comer delicioso; éste es el Olivia Boutique Gourmet, donde Michelle Azanza cuida la armonía de hasta el más mínimo de los detalles.  Aunque  localizado dentro de Casa Trementina, donde convive en perfecta simbiosis, se siente como un lugar radicalmente diferente. 

El proyecto era ambicioso. A Angie le costó un año y medio, casi dos, desde que concibió el proyecto inicial hasta abrir las puertas de Casa Trementina, “Siempre da miedo y cuesta trabajo creer en ti,” expresa, “aunque todos lo hagan y la única que no se da cuenta eres tú”.

Casa Trementina fué concebida como un lugar donde puedes convertir tu estilo personal, en una herramienta empoderadora para reforzaar lo que cada una ya tiene dentro. O como dice  la  frase  impresa en el dintel de la estética:

El maquillaje sólo puede hacerte ver bonita en el exterior, pero no hace mucho por el interior. A menos que te comas el maquillaje.

 

Audrey Hepburn

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