Perfomance en la Semana de la Moda en Guadalajara, octubre 2013. Foto: Pilar Gómez

Encantador…y engañoso En el corcho de avisos generales de la residencia para universitarias en la que vivo, apareció  un día  una inocente hoja engrapada. Tres de mis amigas y yo lo notamos al querer enterarnos del calendario mensual, que estaba justo al lado.

Era un artículo por Jousin Palafox Silva titulado “Princesas en peligro de extinción”, que por cierto, se hizo  viral cuando aún eran populares las cadenas de correo electrónico y aún se puede leer en varios blogs, donde en los comentarios se pueden leer cosas como: “¡yo también quiero ser una princesa!”.

Denle una leidíta, no es largo e igual les indigna del mismo modo que a mí. Igual y no.  En este artículo, el autor se lamenta de la perdida de la figura “mujer-musa” y exhorta a las mujeres a no querer imitar a los hombres demasiado y a conservar los buenos modales que las hacen seres deseables.

Tras terminar la lectura del breve artículo tres de nosotras nos volteamos a ver con mutua sorpresa y disgusto. La cuarta nos miro sonriendo y exclamó: —Aww, que lindo. — —No Camila*, nada lindo,—le espetó indignadamente Andrea*—nada lindo.—y acto seguido arrancó la hoja del corcho y la arrojó a la basura con desdén.

Muchas como Camila, seguramente encontrarían el pernicioso artículo halagador. Jousin Palafox nos llama princesas, nos indica el camino para ser deseadas, respetadas, para encantarlo y deleitarlo; para escapar el terrible destino de convertirnos en mujeres espectáculo, mujeres que “se permiten aventuras sexuales de una noche”, mujeres que fuman y que maldicen, mujeres que en general son mal vistas por la sociedad. Gracias, diría Camila agradecida.

Pero si enseguida, se le pide a Camila que haga una segunda lectura, no tardará en arrebatarle el agradecimiento de las manos.

Esta es mi respuesta, señor Palafox, a su sin duda bien intencionado texto, pero que tanto a mí—como a otras—no nos acaba de convencer:

Hora de voltear la tortilla Me gustan los hombres que se esfuerzan un poquito más por entender la posición de la mujer contemporánea.

Pilar | Edimburgo| streetstyle3
Foto: Pilar Gómez

Los hombres que no se apresuran a quejarse de que la antigua costumbre de tener a las mujeres por adornos, tapetes  o sirvientas esté muriendo (claramente en unos países más rápida y eficientemente que en otros).

Que no lloran su comodidad perdida: su pérdida de rol social. Pues ¿qué va a hacer un hombre (a quien cientos de siglos le han enseñado que él guía, manda y rige el mundo y por tanto el hogar, el noviazgo, el ligue) frente a una mujer que, despertando de siglos de represión, cae en la cuenta de que tiene derecho y capacidad de hacer todo lo que el hombre hace?

Me gustan los hombres que no se apresuran a criticar a la mujer que se atreve a preguntarse por qué se establecieron las convenciones sociales que limitan su comportamiento.

Que  no juzgan a la mujer que se atreve a razonar que todo lo que le es permitido al hombre de manera social debería serle permitido a ella también, dado que juntos ocupan la denominación de “humanos”.

Me gustan los hombres que no ridiculizan el movimiento feminista, que le alcanzó a la mujer derechos y oportunidades que no le habían sido posibles en toda la historia de la humanidad.

Que intentan comprender que es hipócrita concederle educación y oportunidades a una mujer y aun así esperar que ésta se subordine socialmente al hombre.

Me gustan los hombres que buscan más que princesas, es decir más que objetos preciosos y silenciosos, deseables cuando son inalcanzables, tan solo en su calidad de ideal.

Me gustan los hombres que buscan mujeres. Tan rebosantes de humanidad como ellos mismos. Con la misma tendencia a fallar, a pecar, a querer maldecir y fumar en momentos de estrés. Con la misma debilidad por el alcohol y la comodidad que ofrecen los pantalones.

Me gustan los hombres que se regocijan junto con las mujeres en su novísima libertad de decisiones. Que no las repudian cuando éstas no resultan ser las más acertadas.

Me gustan los hombres que entienden que cuando una mujer se ofende al escuchar un chiste machista no es de a gratis, sino porque éste le resuena al mundo que la tuvo subyugada por milenios: el mundo que le aterra.

En fin, me gustan los hombres que entienden realmente, como proclaman las  leyes y constituciones de su nuevo mundo, que mujeres y hombres somos ciudadanos de este mundo y juntos tenemos la comisión de construirlo y hacerlo mejor.

Podemos estar orgullosas de que la costumbre de tener a la mujer como un ídolo, inalcanzable y perfecta,  esté en peligro de extinción. ¿Y cómo no? Si en lugar de princesas, podemos ser simplemente humanas.

Pilar | PRS | Versalles | Niñas-1
Foto: Pilar Gómez
P.S Esta respuesta fue diplomáticamente enviada al correo del señor Jousin Palafox Silva proporcionado en su página de internet. Le ha llevado ya casi un año redactar su respuesta. *Los nombres han sido cambiados.

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