Debo admitirlo, tengo alma curiosa y como buena mujer que soy, emotiva. Me gusta indagar en los espacios más recónditos, los cajones más olvidados, los sueños más estrafalarios y las miradas más oscuras de las personas. Soy lo que se dice una amante de las historias, propias, cercanas o lejanas a mi realidad.

Sobre todo la música me ha contado los más grandes relatos y por ello siempre ha marcado mi vida. No sólo por los diferentes momentos en los que me ha acompañado, sino por el significado que le he dado a su silencio.

Cuando nos acostumbramos a oír puro “ruido” – sin control, sin censura, sin armonía-  es precisamente ese silencio el que se convierte en un molesto, incómodo, extraño e incluso insoportable compañero al que evitamos, aunque para ello recurramos a las pláticas superfluas, a las malas compañías o peor todavía: a la música basura.

Pero cuando la música nos conecta (no necesariamente en una fiesta o acompañada de luces y colores y bebida) puede volverse el más valioso tesoro, aun en su ausencia.

Esta lista no es más que un compendio de canciones que pueden ese tipo de cercanía, que elevan y alejan, aunque sea por un momento, de los problemas de la vida cotidiana; que son ideales para escuchar en el camino o que ayudan a imaginar uno nuevo por recorrer. Música de cuerdas perfectas para escuchar con las ventanas abajo o las puertas abiertas. Música para llegar lejos, entrar profundo, escuchar atentamente. Música para dejarse perder.

Por si ésta es su primera visita… ¡Bienvenidas a “Al Son del Track”! En donde cada semana les compartimos un poco de la música que suena en nuestro Spotify y la que, espero, estará por llenar el suyo.

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