¿De dónde vendrá nuestra fascinación, como mexicanos, por los colores? Fue un mexicano el primero en colorear la televisión; el color está en nuestras piñatas, en nuestra ropa, en nuestra comida; es nuestra manera de celebrar lo cotidiano.

El amor por los colores es algo que Natalie Eklemes lleva desde chica. Tiene impresa, y de manera profunda, una devoción por ellos;  esto viene desde su familia, quienes además, le han dado el impulso para sacar adelante su marca de esmaltes de uñas, Pitahia, que ¡vaya!, su nombre mismo evoca color.

Nathalie tiene una visión clara: hacer crecer Pitahia, que ya lleva tres años de existir y tiene alrededor de 80 puntos de venta en todo México (20 en Guadalajara), multiplicar su producción y hacer envíos a todo el mundo.

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Nathalie Eklemes, fundadora de Pitahia. Fotos: Pilar Gómez

No está lejos de lograr lo segundo, por lo que platica Adriana Villaseñor, brazo derecho de Nathalie y encargada de ventas.  Incluso, gente de fuera del país se ha enamorado de su concepto, “la imagen se ha cuidado mucho”, dice Adriana, “Nos dicen: ‘nos encanta todo lo que han hecho de diseño’, y también nos ha buscado gente de Colombia, gente de Chile—”.

“Sí y nos mandan mails donde nos dicen, ‘por favor, vendan por Internet’, entonces ya estamos en eso, tratando de ver para poner tienda online” completa Nathalie.

“Nunca me imaginé que iba a acabar haciendo esmaltes” dice riendo. Sabía que quería trabajar en algo  que tuviera que ver con la moda,  eso sí.

“Nosotros decimos que las uñas son como un accesorio más;” explica Nathalie,  “están tus aretes, tu collar, y las uñas ya son parte de tu outfit. Por eso surge la idea de montarlas en boutiques, de entrada. Primero dijimos, boutiques exclusivas, y luego en salones y spas, que es donde en realidad te haces las uñas”.

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Esmaltes montados en un coqueto mostrador para los puntos de venta.

Ahora la tirada es incursionarse en hoteles boutique, y dice que las ventas con turistas americanos les ha funcionado bien.  “El concepto encanta,” dice Nathalie,  “[el packaging] es muy artesanal; la bolsa y la madera, que contrastan muy padre con el color del esmalte”.

Detrás de cada nombre de los esmaltes que vende Pitahia está un concepto que va acorde a una temática. Como base parten de lo mexicano, los Pueblos Mágicos, las playas, pero también han jugado con otros tópicos que sus clientes han adorado, como la edición especial de Navidad, inspirada en El Cascanueces.

Cada vez  que se junta con su equipo y tienen una tonalidad enfrente Nathalie les pregunta: “¿De qué le ven cara?”, y de una lluvia de ideas salen vibrantes nombres como Dalia, Piñata, Lotería, Mujeres Divinas, Frida y Hada de Azúcar.

La marca, en su origen, busca inspirarse “en la alegría de nuestro país” (como dicen en su cuenta de Instagram), pero posicionarse como una marca que grita ¡Hecho en México!, y a la vez busque competir con internacionales como Essie o OPI, no ha sido nada fácil.

Buena calidad, para no perpetuar el prejuicio de que lo hecho en México “es chafa”, ha sido clave en el desarrollo de sus esmaltes que se encuentran en un proceso constante de perfección de hasta los más mínimos detalles. “Para que la gente le de valor a tu producto,” explica Nathalie.

Algo también muy importante que se debe destacar de Pitahia,  señala Adriana, es lo delicadamente artesanal de su trabajo. “Nosotros no maquilamos” explica, “todo se hace aquí. Nosotros inventamos los colores, y luego lo mandamos a que nos lo igualen en el laboratorio”. Pilar - Pitahia-Ella es catrina-35

En el patio de la oficina se hace la magia: aquí el equipo de Pitahia mezcla los colores para luego mandarlos a replicar al laboratorio.

“Es una emoción de todo el equipo cuando llega un color nuevo” agrega Nathalie, “es increíble; todas nos enamoramos del color y decimos: ‘va a encantar’ ‘esto se va a vender súper bien’. Y dicho y hecho; yo creo que nuestras clientes reaccionan igual”.

La idea es que las consumidoras finales se acaben enamorando del producto. Y lo han hecho bien. Su cuenta de Instagram por ejemplo, tiene al cierre de esta nota 4 mil 583 seguidores y es impresionante la devoción que han logrado despertar por la marca. “¡Están divinos esos colores!” dice una, mientras otra pone, “Me encantaron” en una foto que nos tomamos Nathalie y yo para este artículo, donde salimos portando dos colores de la colección Primavera 2014 bautizada como Botánica: Verbena y Mimosa.

“Las ediciones limitadas ya vimos que a las clientes les encantan” platica Nathalie, “independientemente de las colecciones. A veces hasta luego luego, tras dos semanas preguntan cuándo va a salir la nueva”. ¿Su solución ante la expectativa de sus clientes? Intercalar las ediciones especiales para así  mantener viva esa sensación de novedad.

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“Nos inspiramos en la alegría de nuestro país”, dice Pitahia en la descripción de su cuenta de Instagram.

A Nathalie le cuesta definirse a sí misma cuando le preguntamos. Se ríe. “Creo que soy una persona muy alegre” dice casi en pregunta con una sonrisa tímida, “no sé si eso se transmite a la gente, también busco ser sencilla”.

Adriana, que la conoce desde la universidad, complementa “yo siento que le gusta transmitir que es diferente” y eso, agrega, lo ha logrado imprimir en cada esmalte que saca Pitahia.

“¿Contreras?” le proponemos.

“¡Ah sí, eso sí!” accede Nathalie con una carcajada, “además me gusta experimentar con cosas que otras no se pondrían”.

El espacio donde trabajan grita ¡Pitahia!: es colorido, mexicano, iluminado y con un montón de pequeños detalles divinos. Su equipo de creativas también tiene el perfil, y según Nathalie, disfrutan mucho trabajar en Pitahia: “Llegamos, hacemos café, nos ponemos a trabajar cada una en lo suyo, y nos pedimos consejos,”. Todas colaborando a celebrar lo mexicano dándole a cada color que elaboran un alegre rostro.

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Nathalie y Ezbaide se prueban los tonos de la edición especial de esta temporada Primavera/Verano 2014: Verbena y Mimosa.

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