¿Existirá acaso, nos preguntamos, en alguna esquina del mundo, listo para ser descubierto por el deleite de nuestra imaginación?

Paraíso: palabra instantáneamente agradable al oído y ante todo sugestiva; palabra enigmática, su significado en cierto modo inefable.

No tiene sentido definir lo que es, pero en alguna esquina de todas nuestras mentes, tiene la connotación de aquello que es mejor que la realidad cotidiana.

¿Existirá acaso, nos preguntamos, en alguna esquina del mundo, listo para ser descubierto por el deleite de nuestra imaginación?

Agua cristalina y arena blanca sin duda se antojan paradisiacas. Nadie de mi familia duda en calificar de paraíso a la pequeña esquina de la laguna de Bacalar que nos ha tocado explorar por los siguientes dos días. Inhalamos contentamente el cálido aire de Quintana Roo mientras examinamos nuestro entorno.

Pequeñas cabañas de madera solida construidas encima de un lago de aguas seductoras de tal modo que es posible despertar por la mañana, dar unos cuantos pasos y acto seguido arrojarte sin más a la también conocida como laguna de los siete colores.

Hay garzas que mi hermana persigue persistentemente con el afán de retratar; peces de variados tamaños que proveen una distracción para mi papá, que no se anima a echarse de una buena vez a la laguna e incluso un cocodrilo reposando pacíficamente en el estero, listo para aterrar a mi otra hermana fuera de sí. Se me antoja entonces imitar al gran lagarto y tirarme al sol y la desocupación.

Paraísos en contraste

Alcanzo mi libro a medio acabar y me propongo la tarea de disfrutarlo esperando no correr el riesgo de perderlo en el fondo de la laguna.

Mi padre no tarda en notar el título de mi novela. Es This Side of Paradise, de F. Scott Fitzgerald. Sonríe ante la aparente coincidencia y me pregunta:

—¿Y qué tal te parece este lado del paraíso?. Le devuelvo la sonrisa y regreso a las amarillentas páginas de mi volúmen. Pero sus palabras me distraen de poner demasiada atención. ¿Será que prefiero mi lado del paraíso o el de Amory Blaine?

This side of Paradise, la primera novela Fitzgerald, quien la escribió en 1920, relata a grandes rasgos, la vida de Amory Blaine, heredero de acaudalados padres a principios del siglo XX.

A toda pregunta acerca de la trama de la novela contesto categóricamente: —Oh, es como las aventuras de un mirrey 1pero cuando los mirreyes eran cultos.

Y sí: parte del paraíso de Amory son sus sensibilidades literarias, los libros que lee, los poemas que compone, las altas torres góticas de Princeton de las cuales obtiene inspiración.

El paraíso de Amory es la Nueva York de principios de siglo pasado, antes de la prohibición: con sus bares y sus clubs, sus restaurantes de moda y sus teatros.

El paraíso de Amory son las reuniones y las fiestas hasta el amanecer, es la champaña interminable y ese rye highball (whisky con soda) que siempre parece tener en la mano.

Su paraíso son sus novias, cada una más atractiva que la anterior, hasta culminar en Rosalind, el amor de su vida. Su paraíso es ante todo su encanto, su atractivo físico, su energía y su juventud y la libertad que le brinda el dinero de sus padres.

Pero el paraíso de Amory es finito, es perecedero, se agota. La fortuna de sus padres se muere junto con el derroche de su madre y el amor de su vida resulta egoísta y poco preparado para sacrificarse para vivir una sin dinero con él.

La Gran Guerra se lleva a varios amigos y mata simbólicamente la juventud y el espíritu de su generación. La prohibición limpia Nueva York de sus rye highballs. No le queda nada, al final del libro, más que sí mismo.

Estrechó sus brazos hacia el cristalino y radiante cielo,

se puede leer al final de la novela, 

Me conozco a mí mismo” exclamó, pero eso es todo

Vuelvo a contemplar las cristalinas y radiantes aguas de Bacalar. Vuelvo a sentir el sol sobre mi espalda y a apreciar la tranquila soledad del estero frente a la laguna. Me viene a la mente el poema del  que Fitzgerald tomó la penúltima línea para titular su novela,  Tiare Tahiti, del poeta inglés Rupert Brooke, donde se habla de un paraíso más como el que me encuentro yo, aunque el suyo es perenne.

¿Cuántos años, me pregunto, ha perdurado este lado del paraíso de la misma manera, sin ser alterado drásticamente o destruido?

Mi imaginación hace de las suyas y me presenta incluso maneras en las que la civilización maya pudo haber disfrutado este lado del paraíso. Pequeños niños vestidos de blanco se sumergen entre risas en la laguna mientras que un par de cazadores asechan al pacifico cocodrilo. Qué se yo.

Este lado del paraíso, me contesto, éste prefiero.

Este lado del paraíso en www.oddcatrina.com

un estereotipo del imaginario mexicano que aplica para aquellos hijos de papás con fortuna que llevan una vida sin muchas responsabilidades.    

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