Durante las últimas semanas me he sentido desconectada del universo a mi alrededor, incluso ausente de mi rutina diaria que no ha dejado de ser (contra mis mayores deseos) tanto rutinaria como diaria. Evidencia de ello han sido las últimas dos playlists de Al Son del Track, en donde la música funge como vía de escape, de fuga inmediata y algo desesperada (aunque una escapada positiva para el alma y el bolsillo) hacia lugares diferentes a mi realidad.

Yo lo justifico en parte como efecto natural de la llegada del verano, ya que hasta hace un año, junio-julio eran sinónimos de cambio drástico de mi cotidianidad: de levantarse de la cama hasta horas vergonzosas, pasar tiempo incalculable de recreación frente a pantallas o páginas impresas, paseos interminables por parajes desconocidos, salidas con amigas a cualquier café, casa u establecimiento para tener con qué “matar el tiempo”.

Pero ahora, con tan poco tiempo transcurrido de esos días maravillosos y tantos cambios y responsabilidades sucediendo, más que matarlo busco apretujarlo a que se ajuste (no sin trabajo y pequeñas dosis de sufrimiento) a mi molde de responsabilidades y proyectos; estirarlo para que abarque más de lo aparente y todo lo posible.

Esta actitud la sé común de la edad. Al tener veintitantos una tiene la ansiedad de comerse el mundo en un bocado. Pero en los últimos días el mayor consejo que he recibido para realmente aprovechar del tiempo y hacer que nos “rinda” para la vida que queremos (y no de una persona, sino de varias) es atesorarlo, hacernos conscientes que existe y transcurre.

Para conseguir esto, la única receta que pude obtener es dedicando un par de momentos al día a detenerme y contemplar ese tiempo que avanza y me lleva consigo ajeno a los deseos de mi voluntad. Disfrutar conscientemente del aterciopelado sabor de la taza de té que me preparo mientras leo los correos más recientes en la oficina; de observar con provocado interés las caras de las personas a mi al rededor cuando estoy atorada en el tráfico a las tres de la tarde; de dejar correr por mis terminaciones nerviosas las sensaciones que provoca una risa o una canción como las que comparto en esta playlist.

¡Y al fin llegué al tema de la playlist de esta semana! La cual les adelanto está llena de canciones tranquilizadoras, amansa-fieras como dirían en mi familia, de piano, de guitarra acústica y letras repletas de sentimientos.

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