Rosario Castellanos: la que retó al silencio

Sus vivencias en Chiapas le dieron una gran perspectiva sobre el tema que fue constante en su escritura: la cultura indígena

Se dicen una cantidad sorprendente de  cosas sobre Rosario Castellanos: que era una feminista férrea, que no era feminista porque se sometió completamente a su marido, que fue una gran catedrática, que en realidad no era tan buena. Podría continuar con la lista, sin embargo me parece que es mejor que su vida hable por ella, y claro, no podré evitar emitir apreciaciones sobre lo que relataré a continuación.

Rosario Castellanos nació en la Ciudad de México en 1925. A pesar de haber nacido en la alguna vez ciudad más grande del mundo, vivió toda su infancia en un pequeño pueblo al sur de nuestro país llamado Comitán, Chiapas. Sus vivencias allí le dieron una gran perspectiva sobre el tema que fue constante en su escritura: la cultura indígena. En su novela Balún Canán (1957) así como en el libro de cuentos Ciudad Real (1960) narra las complejas e intrincadas relaciones sociales que existen donde convergen de forma más palpable las distintas etnias que conforman México.

A través de las palabras de Rosario puede sentirse la tremenda discriminación que existía— y por desgracia sigue existiendo—en todo el país hacia las culturas indígenas; el desprecio no sólo de los caxlanes (españoles), sino también de los mismos mestizos avergonzados de sus orígenes y con ansias separarse de ellos de la forma más radical posible. A su vez, muestra a los indígenas forjados en la desconfianza a raíz de los maltratos centenarios.

Rosario regresó a la Ciudad de México, donde ingresó a estudiar a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la cual posteriormente fue catedrática. Continuó sus estudios en Madrid y obtuvo un grado en estética. El tiempo que ocupó en sus estudios no hizo que detuviera su producción literaria: durante ese tiempo escribió una gran cantidad de poemas que posteriormente se recopilaron en su libro Poesía no eres tú (publicado hasta 1972).

Durante este periodo de tiempo comenzó una etapa complicada en la vida de Rosario, al comenzar su amorío con Ricardo Guerra, el cual marcaría la mayor parte de su existencia. Es posible conocer acerca de su romance tortuoso a través de una serie de correspondencias que fueron publicadas cuando ella murió (Cartas a Ricardo, 1996).

En dichas cartas, puede entreverse la profunda pasión y amor de Rosario por Ricardo. Al principio habla con alegría del encuentro que dio inicio a la relación, posteriormente cae en una profunda tristeza al recibir contestaciones frías por parte de él, que pronto se tornan en relatos de él con otras mujeres. No obstante lo anterior, ella misma se da ánimos diciendo que su amor es de un tipo tan particular que no requiere la fidelidad de él, y  lo único que necesita es que él la quiera a ella; esto la envuelve en un círculo vicioso de celos incontrolables e invención de justificaciones tanto para él como para ella.

Aunque parezca inverosímil, 18 años después de su primer encuentro amoroso, Rosario Castellanos y Ricardo Guerra contrajeron nupcias. Su matrimonio posteriormente terminaría en un duro divorcio, pues en su vida conyugal se perpetuaron las vivencias de su relación premarital. La espinosa relación entre ellos le acarrearía a Rosario más tristezas que alegrías, pues viviría en todo momento intrigas y chismes sobre las infidelidades de Ricardo. Aunado a lo anterior, los sinsabores de múltiples abortos la llevarían a intentar suicidarse en múltiples ocasiones.

En razón de lo anteriormente narrado, muchas personas afirman que Rosario no fue una verdadera feminista, sino una mujer sometida a un hombre a través del matrimonio, pero a mí me parece que estos años de sufrimiento marital no se dieron en el marco de un concepto de sumisión en cuanto a su condición de mujer, sino a su absorbente fijación por Ricardo y la falta de correspondencia por parte de éste, por lo que creo que es una falacia quitarle su valor feminista por esta razón.

De hecho, la denuncia de la situación de la mujer fue otro de los temas constantes en los escritos de Rosario Castellanos. En su cuento “Receta de cocina” (Álbum de familia, 1971)por ejemplo, narra con tristeza las vivencias de una mujer recién casada que se ve ante el reto de cocinarle a su marido y se ve a sí misma con tristeza como parte de una estructura hipócrita y opresiva.

Una de las muchas cualidades de Rosario consta en lo prolífico de su obra,  que fluctuó entre todos los géneros literarios posibles como lo son la novela, la poesía, el cuento, el ensayo y la dramaturgia.

Esta mujer, además de su constante trabajo en las letras, fungió como servidora pública en distintas dependencias, como el Instituto Indigenista de Chiapas. El reconocimiento de su obra literaria y su trabajo la llevó a ser nombrada Embajadora de México en Israel. Aquí moriría electrocutada, en 1974, al contestar su teléfono después de salir de la bañera, seguramente un accidente, aunque algunos especulan que fue suicido.

Falleció antes de alcanzar los 50 años. A pesar de su prematura muerte Rosario será recordada por muchos años por denunciar la situación de grupos estructuralmente discriminados, como las mujeres y los indígenas, en una época en la que simplemente alzar la voz podía ser motivo de peligro para su vida.

Yo seré, de hoy en adelante, lo que elija en este momento. Seductoramente aturdida, profundamente reservada, hipócrita. Yo impondré, desde el principio, y con un poco de impertinencia las reglas del juego. Mi marido resentirá la impronta de mi dominio que irá dilatándose, como los círculos en la superficie del agua sobre la que se ha arrojado una piedra. Forcejeará por prevalecer y si cede yo le corresponderé con el desprecio y si no cede yo no seré capaz de perdonarlo.

Rosario Castellanos, “Receta de Cocina”

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