Malala habla en WOW 2014, un evento del South Bank Centre. Imagen utilizada bajo una licencia de Atribución de Creative Commons

El conocido nombre Malala Yousafzai lleva detrás una cara adolescente. Últimamente hemos escuchado mucho acerca de la joven pakistaní de 17 años que acaba de ganar el Premio Nobel de la Paz. Se le considera ya un paragón del feminismo contemporáneo, incluso interesados peces gordos de la geopolítica (creo que ya se imaginan quiénes) la han convertido mejor bandera para justificar la guerra en contra del régimen talibán. ¿Quién es en realidad esta joven que casi paga con su vida la defensa del derecho de la mujer a estudiar?

Malala fue una niña afortunada, a diferencia de muchas niñas de Mingora, su ciudad, ella nació en un hogar donde siempre creyeron en la equidad de género. Fue en casa donde siempre alimentaron su inteligencia y fortaleza, y ahí la entonces niña comenzó la lucha que hoy la hace famosa. Su padre era dueño de una escuela en la cual ingresó su hija desde pequeña; ella comprendió pronto los beneficios que obtenía de su educación y lo escaso que era este recurso.

El régimen talibán comenzó a tomar poder en su ciudad cuando ella era muy pequeña, las prohibiciones llegaron pronto y la educación le fue negada a las mujeres. A pesar del riesgo que conllevaba, Malala no dejó de asistir a la escuela que su padre fundó.

En 2009, con apenas doce años de edad, Malala comenzó a escribir un blog anónimo para la BBC. En él expresaba su opinión sobre la educación y las limitaciones que vivía bajo el régimen talibán. Su voz comenzó a ser escuchada y su identidad fue revelada en un documental de The New York Times en el cual mostró que las amenazas que recibía no la iban a callar, “teníamos dos opciones, estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar”.

En octubre del 2012, Malala recibió una bala en la cabeza al regresar de sus clases en una camioneta escolar con otras niñas. A pesar de que la herida llegó a su cerebro, Malala sobrevivió. Su familia se mudó a Birmingham, Reino Unido, donde fue tratada en un hospital durante varios meses. Malala le ha hecho honor a la heroína que le dio su nombre; su padre cuenta que al recibir a su hija al mundo, pensó en la heroína pakistaní, Malalai de Maiwand, defensora de su pueblo, los pastúnes, en la lucha contra el imperialismo inglés.

Tras el incidente, la joven Pakistaní se ha convertido en una toda una figura a favor de los derechos educativos a nivel global. Sin duda, la gran inspiración de la joven activista ha sido su padre. Ziauddin Yousafzai ha enseñado a su hija a través del ejemplo, la ha impulsado a ser grande, ser valiente y creer en la igualdad, aún cuando a su alrededor todo le dice que sus hijos varones son mejores y que ella sólo debe obedecer al sexo masculino.

En su conferencia de TED, Ziauddin responde a la pregunta ¿qué has hecho para que tu hija sea quien hoy es?: “No me pregunten lo que hice, pregúntenme lo que no hice. No corté sus alas y eso es todo.”

Malala continúa su lucha por los derechos de las niñas. Formó el Malala Fund junto con su padre y una emprendedora social, y juntos han ayudado a muchas niñas en diversos países a tener una voz y ponerles el reflector ante una comunidad global. Con esto buscan concientizar al mundo sobre la lucha educativa, hablar sobre los problemas que viven mujeres y niñas en todo el mundo y exigir un cambio. Lo que mantiene a Malala en movimiento es su deseo más grande: que todos los niños reciban educación. No sólo las niñas que viven bajo el yugo talibán, sino todos aquellos que por causas económicas, sociales y políticas no pueden asistir a una escuela.

A pesar de los pocos años que tiene, Malala ha demostrado al mundo que ser tan joven no limita en ningún sentido la fuerza que su voz y experiencia puede tener en un asunto de interés mundial, como lo son la equidad de género y el derecho a la educación. La lucha y el rastro que Malala deja con cada una de sus acciones no sólo le merecen el premio más prestigioso por esfuerzos humanitarios, también hacen que los individuos de diversas comunidades, con edades y culturas diferentes, adoptemos su causa como un estandarte para las sociedades del futuro.

La tierra de Malala también fue la cuna de sus cuasi-asesinos

Malala se considera pastún antes que pakistaní, así lo dice en su libro I Am Malala (escrito junto a la periodista Christina Lamb y publicado en 2013). De este pueblo, que fue dividido artificialmente  por el entonces imperio británico entre Pakistán y Afganistán, también surgió el movimiento político-religioso que conocemos como talibán. Mucho antes de que Malala naciera, en los años 80, esta agrupación radical sunita fue apadrinada por Arabia Saudita, e irónicamente, Estados Unidos cuando la Unión Soviética invadió Afganistán. Los talibanes tomaron control del gobierno de Afganistán en 1994, mismo que les fue arrebatado en 2001 por los guardianes de la libertad que alguna vez los apoyaron.

En 2007, cuando Malala tenía 10 años, los talibanes tomaron control del Valle de Swat, su hogar, y se enfrentaron de manera intermitente contra el ejército de Pakistán hasta febrero 2009, cuando el gobierno de este país ordenó un cese al fuego y le otorgó legitimidad a su régimen. Los talibanes aún controlan esta región. -Pilar

 

Para saber un poco  más acerca de Malala y su causa:

 

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