Collage: Pilar Gómez

¿Es arte el gore?

Nunca había cuestionado mi gusto por el gore y el terror – todo aquello que a la gente generalmente le resulta mas bien bizarro (sobra decir horrible, grotesco, deforme, enfermo, desviado)– hasta hace unas semanas que Rocío me pidió que escribiera este artículo.

A pesar de que tengo una personalidad extremadamente emotiva, no soy particularmente sensible ante imágenes que denoten muerte, violencia o imágenes anatómicas que sirven para el conocimiento médico. Nunca tuve asco ante la sangre y se me hacía ridículo que la gente le tuviera (ya no se me hace ridículo).

Me podrían preguntar que cómo es que, si soy tan sensible, no tengo ningún conflicto viendo imágenes que expresen muerte o violencia. Me toca decir que lo que me hacen pensar, sentir y cuestionar no es indiferencia sino un gran interés por la naturaleza del hombre y lo vulnerable de su cuerpo, además de  muchísima tristeza.

¿El gore es arte? Si le damos la razón al filósofo del arte Denis Dutton quien en su obra: El instinto del arte: belleza, placer y evolución humana ofrece una serie de criterios para distinguir una obra artística – entre ellos la saturación emocional, el desafío intelectual y la experiencia imaginativa – me parece que existen muchas obras dentro de los géneros del gore, el terror y la experiencia de lo bizarro que abarcan todos estos criterios, por lo que no vacilo en considerarlos arte.

¿Por qué considero que hay arte en el terror y el gore? Si sigo con los criterios de Dutton, en muchas obras la literatura de terror y el cine gore  hay técnica, hay creatividad y novedad (obviamente excluyo a los refritos).

También hay saturación emocional, a veces la gente ni siquiera se puede creer lo que se les está mostrando y hay un desafío intelectual, ya que todas esas imágenes grotescas, que se evocan o se muestran, no son sólo por causar asco o una experiencia de lo bizarro, sino que a mi parecer se usan para expresar inconformidad, hacer una crítica a la sociedad, o representar la naturaleza del hombre de la manera más impactante y fuerte que sea posible.

Repletas de simbolismo, muchas de estas obras provocan a la imaginación y la remiten a dichos problemas. El gore y el terror nos hacen ir más allá, cuestionarnos y perturbarnos, darnos cuenta del verdadero horror que hay en el mundo, indagar acerca de nosotros mismos y los demás, así como también hacer consiente nuestra naturaleza, que no es buena ni mala, pero que es capaz de hacer cosas atroces, y de manera paradójica, también es sumamente falible y débil.

Quiero mencionar a continuación algunas obras literarias, cinematográficas, pictóricas y escultóricas con afán de ilustrar su expresividad y emotividad, así como la profundidad de los cuestionamientos que postulan. Muchas no caben en la concepción de horror como “la explotación de la violencia gráfica” que abarca el subgénero del gore, pero si tocan temas que le atañen a los rincones más oscuros del ser humano.

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De Frankenstein y la novela gótica

La  novela Frankenstein de Mary Shelley, publicada en 1818 pertenece propiamente al género de novela gótica. Cuenta la historia de un hombre llamado Victor Frankenstein, dedicado a la filosofía natural que descubre uno de los secretos más grandes de la naturaleza: el origen de la vida. A la luz de su nuevo conocimiento da vida a un ser monstruoso.

Una interpretación que se le ha dado a esta novela es que funge como advertencia de los peligros de indagar demasiado en los misterios de la naturaleza. El hombre puede crear o despertar cosas monstruosas, que lo destruyen a él mismo, si insiste en ir más allá de los limites naturales.

Otro par de historias góticas con un planteamiento interesante son El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde (publicada en 1886 y de la cual Rocío mencionó en su artículo de la semana pasada) y El Gato Negro, de Edgar Allan Poe, publicada en 1843.

En el caso de la obra de Poe, el personaje es un hombre amante de los animales, sobre todo de un gato en particular: un gato negro. Por culpa de su adicción al alcohol mata al animal y tiempo después el delirium tremens le trae terribles alucinaciones que lo llevan a asesinar también a su esposa, a quien empareda junto al gato. En ambos relatos –tanto en el de Stevenson con en el de Poe –los personajes cometen actos terribles bajo la influencia de un agente externo, en la primera una poción y en la otra el alcohol; en ambos los personajes hacen cosas que sería impensables en otras circunstancias; ambos exhiben el lado oscuro de la naturaleza humana.

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Del Anticristo de Lars Von Trier

Antichrist (2009), del director y guionista Lars Von Trier, invita  a analizar la naturaleza del ser humano aludiendo a la religión, en específico la tradición judeo-cristiana. Me refiero a la naturaleza caída del hombre, ya que a lo largo de la obra hay simbolismos que remiten a ello y el desenlace se lleva a cabo en una cabaña en el bosque a la que llaman Edén.

Ahora bien,  hablar de la naturaleza caída del hombre es implicar, entre muchas cosas, que éste se vuelve malo, que no es libre, que va a sufrir. Un símbolo que remite a ello dentro de la obra de Von Trier, podemos encontrarlo en la escena inicial, donde la pareja protagonista (de quienes no sabremos sus nombres en toda la película) está teniendo relaciones apasionadamente cuando su hijo, Nick, arrastra una silla a un escritorio que está pegado a la ventana, cae y  como consecuencia, muere. ¿El castigo por haberse dejado llevar por el placer y el goce carnal?

Un elemento parecido lo encontramos en el papel que juega la naturaleza, el bosque y sus animales. En otra escena el padre ve a un zorro quien le dice: “chaos reings”; otro en la que la madre, hablando de sus miedos, dice: “Nature is Satan’s church”. La obra es demasiado triste, más que miedo, terror o asco, a mi parecer evoca un sentimiento de falibilidad y culpabilidad. Al final hay escenas gore, imágenes explicitas de castración, tanto de él como de ella, así como también un homicidio que ya se veía venir. Lo fuerte es absorber el mensaje central de la obra que te dice que tu naturaleza es mala y de cierta manera te hace sentirlo, dichas escenas ya no impresionan mucho y te sientes peor por eso.

Claro que si se quiere ver cine gore en serio, hay otros títulos que puede llegar a ser mucho más perturbadores. En general, creo que la imaginería del gore siempre invita a pensar, ¿hay una maldad intrínseca en el ser humano?

Ahora bien, las obras y temáticas cinematográficas más mainstream del cine hollywoodense de gore y terror, también tienen mucho que decir. Sólo por dar unos ejemplos, tenemos la cultura zombie, que nació para el cine a mediados del siglo pasado en Estados Unidos. Esta tendencia cinematográfica adoptó elementos de la religión vudú de Haití (cambiando todo lo que representa para sus adeptos).

De zombies y temas más mainstream

Los zombies, para la cultura occidental, representan más que sólo muertos vivientes que comen carne de humano: representan todo un conjunto de ideas y sentimientos que están emergiendo en la sociedad, como el terror al contagio y a una pandemia que nos lleve hacia el fin de nuestra especie. Resaltan también la aparente incapacidad del hombre para trabajar en conjunto con otros, la desconfianza, el egoísmo que representa el sólo querer salvarse a uno mismo, o, también se puede interpretar como una venganza de la naturaleza hacia el hombre.

Otro gran subgénero es el torture porn, que surge del interés de los americanos en el tema de la tortura tras los incidentes del 11 de septiembre de 2001 y las guerras y los prisioneros de ellas que le sucedieron. Este tema hace explícito cómo son las torturas en los países de guerra, exponiéndolas de una manera muy ridícula, desde mi punto de vista, como por ejemplo en Hostel (2005), producida y dirigida por Eli Roth, una obra cuyo trasfondo es la xenofobia. Pienso que tratan este tema tan delicado de manera ridícula, y me pregunto si han visto vídeos de tortura reales (que yo llegué a ver por accidente): es algo bastante impresionante y no creo que dichas películas puedan llegar a representar la magnitud de lo que realmente pasa.

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Del culto a los asesinos seriales

Los asesinos seriales también son grandes protagonistas de las películas de gore y terror, como Hannibal Lecter o el protagonista epónimo de la serie televisiva Dexter: ambos sociópatas que gozan de una gran inteligencia y, sorprendentemente, admiración.

Creo que lo verdaderamente interesante de este tema es el culto que algunas personas le dan a los psicópatas, como por ejemplo, a la famosa “familia” de Charles Manson (quien logró orquestrar, a través de un grupo de entusiastas una serie de asesinatos que incluyeron a la esposa de Roman Polanski a finales de los sesentas), o la mitología a veces ridícula que rodea a casos reales como los asesinatos cometidos por Jack el Destripador, o al brutal asesinato de la actriz Elizabeth Short, mejor conocida como La Dalia Negra.

Una de las primeras obras cinematográficas que vi de asesinos seriales, fue The Texas Chain saw Massacre, dirigida por Tobe Hooper, lanzada en 1974. Está basada en los asesinatos de Ed Gein (al igual que Psycho de Alfred Hitchcock).  Y aunque el contenido no es explícito, me perturbó mucho el darme cuenta que existen personas cuyos trastornos mentales los llevan a hacer este tipo de actos sin remordimiento alguno. Posteriormente vi el remake, que en su afán de presentar escenas más explicitas para alimentar el morbo social se desvía de la esencia original, que a mi juicio, es darse cuenta de que la realidad es mucho peor de lo que cualquier imagen u obra literaria puede remitir.

¿Gore en el barroco?

Durante el movimiento cultural que conocemos como barroco (que se dio entre los siglos XVII y principios del XVIII) la meta de las obras pictóricas era que los espectadores tuvieran una experiencia tan profunda que los llevara a sentir empatía con la religión católica y tradición judeo-cristiana, especialmente con el sufrimiento de Cristo.

La pintura que más me gusta de este movimiento es de Michelangelo Merisi da Caravaggio, Judith y Holofernes (1599). Esta pintura hace referencia al libro de Judith, del Antiguo Testamento. En este libro Judith, que significa “la judía”, salva al pueblo de Betulia del ejercito asirio, seduciendo y decapitando a su general, Holofernes, en el campamento del ejército. La obra pictórica de Caravaggio, muestra a Judith, decidida y sin perturbación ni dudas, decapitando a Holofernes, el cual tiene una cara de dolor y sorpresa; también aparece la fámula de Judit, impresionada y curiosa.

Ahora bien, una obra escultórica de dicho movimiento es el Cristo yacente (1634) de Gregorio Fernández. Esta escultura, a mi juicio, causa gran impacto ya que la expresión de la cara, la mirada, la posición del cuerpo y las heridas parecen reales, al grado que te hace identificar con el dolor, lo que la hace a una magnífica escultura.

Quiero aclarar: no pretendo decir que el Barroco sea gore, sino que considero que en algunas obras de esta época se retrata lo grotesco para generar empatía por medio de imágenes que denotan dolor y sufrimiento, la debilidad del hombre, su corruptibilidad y (por lo menos así lo considero) del horror que hay en el mundo.

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