Desde su fundación, el té ha sido una parte esencial del budismo zen*. Fotos: Pilar Gómez

*Actualización al 19 de marzo de 2015: la tetería 83 Grados lleva más de un año cerrada

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Bodhidharma, conocido en China como Putidamo y en Japón Daruma, fue un hombre rodeado por la leyenda.

Se cuenta que el fundador del budismo Zen, que vivió alrededor del siglo V o VI d.C, predicaba la meditación, la cultivación de la mente y la eliminación de las falsas ilusiones como el camino a la salvación.

Una de tantas historias que se le atribuyen a este sabio tiene que ver con el té. Se cuenta en la India que Bodhidharma se hizo una promesa de no dormir en siete años. Tras cinco años fue sobrecogido por el sueño y la fatiga, pero en un acto casi providencial recogió y masticó unas hojas de un árbol desconocido: el árbol de té, que le dieron la fuerza para poder cumplir su voto.

Los japoneses cuentan una versión un poco más radical de la misma leyenda. Es la versión que me cuenta Hernán Haro en su tetería, 83 grados*, en Guadalajara–misma que se encontraba a lado del Legacy Coffee Roasters.

“Él [Bodhidarma, o Daruma, como se le conoce en Japón] hizo un voto de meditar por siete años sin dormir. A la mitad del periodo de su voto, flaqueó y durmió. Arrepentidísimo se cortó los párpados para no volver a dormir. La leyenda cuenta que donde dejó los párpados brotó una planta de té”.

Hernán comenta que el té siempre se ha asociado con la espiritualidad, especialmente la budista, porque al consumirlo uno se mantiene alerta y concentrado, por eso agrega, no hay mejor manera de acompañar una lectura de media tarde con una taza de té verde.

Yo nunca me hice la idea del café mañanero. Mi cuerpo nunca fue muy amable con él, o el café con mi cuerpo. Aún así, necesitaba una substancia que me ayudara a salir de mi somnolencia matutina. Tomé el consejo que alguien me dio de tomar té negro. Ahora no lo dejo. ¿Qué tan diferente es tomar té de tomar café?

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“El café es muy bravo, muy invasivo. El té no” me explica Hernán. “El té es mucho más tranquilo y amigable. Te puedes tomar tres o cuatro tazas sin ningún problema. No pasa nada, y se te va a bajar lentamente. En la noche vas a poder dormir incluso”.

La teína y la cafeína, como les platicaba en un artículo anterior, es exactamente la misma substancia: es un alcaloide. Jane Pettigrew y Bruce Richardson, en su libro The New Tea Companion (2008) se rehusan a llamar a la substancia teína y la consideran un término anticuado. Pero la manera en la que el cuerpo absorbe la cafeína en el café y en el té es diferente.

Según el libro Tea: history, terroirs, varieties (Kevin Gayscone y otros, 2011), en el té la cafeína se vincula con otras substancias, lo que cambia la manera en la que afecta al cuerpo. Cuando se hace una infusión con hojas de té, la cafeína se combina con los taninos (en jerga científica, compuestos polifenólicos, lo que le dan el té su astringencia, fuerza y cuerpo– o para los mortales, son los que conocemos como antioxidantes) que atenúan y estabilizan su efecto. Los taninos evitan que la cafeína se libere rápidamente, por lo que ésta se absorbe de manera más lenta. Esto hace que sus efectos sean más duraderos y estables.

¿Y cuál es la partícula mágica que hace que el té tenga esa aura de bebida espiritual? Esa sería la teaina, un tipo de aminoácido raro que se piensa ayuda a reducir el estrés mental y físico y provocar una sensación de bienestar y relajación.

Me siento frente a mi ventana y veo caer las gotas de la lluvía tardía de octubre, mientras me tomo un milk oolong en un gaiwan de cristal, y me acuerdo de la frase que me encontré el otro día del monje zen y activista vietnamita Thich Nhat Hanh en Goodreads:

“Toma tu té lentamente y con reverencia, como si fuera el eje en el que el mundo da vueltas; lenta y uniformemente, sin apresurarse hacia el futuro”.

– Thich Nhat Hanh

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*Este pequeñín, que era la única imagen budista que tenía en mi casa, no es el Buda histórico, Sidarta Gautama, sino un monje chino de nombre Ch’i-t’zu al que se le conoce como el Budai, Putai (y otros nombres, según el país donde se le venere). Antes de morir se proclamó el Maitreya, el Buda del futuro, sucesor de Sidarta. El Budai representa felicidad, generosidad y riqueza.

El té siempre se ha asociado con la espiritualidad, especialmente la budista, porque al consumirlo uno se mantiene alerta y concentrado, por eso, no hay mejor manera de acompañar una lectura de media tarde con una taza de té verde.Click To Tweet

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