Foto cortesía de LaNantzin

México está de luto…cada nueva revelación en torno a la desaparición de los 43 normalistas en Guerrero nos abre heridas que no parecen sanar, y de ellas brota sangre que hierve de rabia e impotencia.

Nos han inculcado que debemos ceder para mantener la paz; el problema es que ya no hay paz. Hay cuerpos calcinados en fosas sin dueño alguno.

Ya se culpa a ese que dirige con la bandera cosida al pecho a falta de pegamento político. Ya no se puede tapar con tela los problemas que nos aquejan. Por que la tela se volvió roja, roja por todos los atropellos hacia los que se levantan contra lo que no  está bien. Ya no podemos quedarnos sentados en la silla de la resignación.

El caso Ayotzinapa ha abierto un espacio, nos ha dado un motivo, y nos ha embestido con una obligación para detonar un cambio.  El movimiento y las protestas llevan como lema el “vivos se los llevaron, vivos los queremos” nos llama a que aunque nuestras peores sospechas sobre los estudiantes normalistas se hiciesen realidad, no debemos dejar que estos clamores por un mejor mañana se apaguen.

A diferencia de lo que nosotros mismos opinamos de nuestra sociedad, hemos demostrado que cuando se quiere, se puede. México ha logrado muchas cosas que nos conviene no olvidar. Aquí repaso tres ejemplos de nuestra historia reciente en donde de la tragedia hemos sacado lo mejor de nuestra ciudadanía.  No todo es blanco o negro, pero los hecho hablan  por sí  mismos. De verdad espero que estos sucesos nos recuerden el orgullo de ser mexicanos, que por estas fechas brilla por su ausencia.

La matanza de Tlatelolco

Todos hemos escuchado hablar de esa masacre por parte del ejército bajo órdenes del entonces Presidente Gustavo Díaz Ordaz. Todos recordamos, o nos contaron nuestros padres, sobre las atrocidades del grupo paramilitar conocido como el batallón Olimpia y de cómo ultimaron ese 2 de octubre de 1968, no sólo a estudiantes, sino a familias enteras que vivían en los multifamiliares de la plaza de las Tres Culturas. A la fecha, cuesta creer lo que sucedió y cómo los medios nacionales no reaccionaron.

Sin embargo también sabemos que el movimiento estudiantil de esa época negra incitó a una permanente y activa actitud crítica por parte de la sociedad. Días antes de la matanza de Tlatelolco, la UNAM había sido un ejemplo de oposición civil encabezada por su rector en la marcha del 13 de Septiembre. Varias personas me contaron de cómo fue esa marcha. La llamaron la “Marcha del Silencio“. Miles de personas caminando hacia un mismo lugar, el sonido de sus pasos por único acompañante. Ya todo estaba dicho. El paso de estudiantes protestando contra la injusticia.  Tras la masacre del 2 de octubre, el día 5 de ese mes hubo una conferencia de prensa en donde se formalizaba el Consejo de la Huelga. Todo esto sentó bases para que en 2005 se creara la Fiscalía especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado.

El sismo del ’85

Hicieron falta dos terremotos de escala 8.1 y 7.6 para que la comunidad defeña se uniera… y vaya que lo hicieron. Al principio, después de todo el caos, el presidente hizo un llamado a la comunidad, la orden fue quedarse en casa y mantener la calma.

¿Médicos, enfermeras y ciudadanos en general encerrados en sus casas sin hacer nada mientras edificios enteros estaban en escombros? Ninguna ciudad está preparada para semejante catástrofe.  ¿Qué fue lo que hicieron los capitalinos? ¡Salieron! Los jóvenes se organizaron para ayudar a recoger y rescatar a los que pudieron. Se hicieron largas filas con donadores de sangre. La gente sacaba sus muebles para completar refugios en las calles. Les hablo de millones de personas movilizándose. A pesar de que el mensaje del gobierno falló, la sociedad se movilizó.

Se crearon cuadrillas de salvamento y albergues por iniciativa popular. A partir de esta catástrofe surgió la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco, una agrupación civil que persiste, hasta el día de hoy y que brinda ayuda en catástrofes a nivel internacional,  como lo hizo en Haití en 2010 tras el terrible terremoto que los asoló.

Yo Soy 132

No todo en México es política pero las decisiones que se toman ahí arriba, sí que nos afectan a un nivel inimaginable. Aquella persona que porta nuestro escudo y se sienta en la silla presidencial llevará la batuta sobre las políticas públicas que nos impulsarán…o hundirán.

Sin embargo no todo recae en él, por mucho que queramos echarle la culpa a una sola persona. Todo se trata de sentar a una persona en esa silla y culparla de todo lo que sucede en país. Olvidamos que el sistema de gobierno mexicano tiene un presidente, 300 Diputados electos, 200 diputados que no elegimos y que bien podrían dar mayores cuentas por su trabajo y además, 128 senadores (…la lista puede seguir con los 11 Magistrados de la Suprema Corte de Justicia, los gobernadores, los presidentes municipales, y todos aquellos que ejercen algún cargo de poder). Todos los funcionarios públicos, hayan sido electos por nosotros, o asignados por alguien más nos deben rendir cuentas… aunque estén cansados.

De todo esto se dio cuenta nuestra generación en las elecciones de 2012. El movimiento conocido como #YoSoy132 surge tras una conferencia del entonces candidato–hoy Presidente–Enrique Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, donde  fue recibido con abucheos por los alumnos y se vio forzado a hacer una parada técnica  a uno de los baños del campus.

Se dijo que los inconformes no habían sido estudiantes, sino revoltosos infiltrados, personas mayores contratadas con el fin de descalificar al candidato en su magistral exposición.  Se dijo también que no habían sido tantos, que sólo habían sido 131.

¿Cuál fue la respuesta? No pocos videos de estudiantes enseñando se credencial, especificando su carrera y universidad diciendo “Yo soy  [el estudiante] 132”.

Se crearon asambleas temáticas informando a la población sobre los problemas que aquejaban a México y qué era lo que proponían cada candidato. Vimos a miles de estudiantes cuestionando a sus dirigentes.

Una organización, apartidista en su origen, que llamaba a la protesta pacífica y a todos los jóvenes (y no tan jóvenes) a hacer manifiesta su inconformidad.

¿Qué lograron? Participación ciudadana;  interés de la sociedad por las elecciones en curso, marchas pacíficas como no se había visto jamás, menores de edad siendo conscientes de que en un futuro le iba a tocar a ellos; universidades públicas y privadas luchando por un mismo objetivo.  Y por supuesto, cómo olvidar que nos sorprendieron al lograr organizar su propio debate fuera de las cadenas televisivas más importantes y no tan neutrales (donde el gran ausente fue nuestro ahora Presidente). Buscaron alternativas y lograron un cambio, tal vez no en el resultado de las elecciones, pero sí en la conciencia colectiva.

México tiene problemas serios, y necesita personas serias. México está pasando por momentos negros. Pero de nosotros depende que el día de mañana, si bien gris, tienda a aclararse. Porque ahora nos toca informarnos y saber que desde nuestra propia trinchera sí se puede hacer ese cambio que queremos ver.

Llámenme ingenua pero sigo creyendo. Creo en el trabajador que hace bien lo que le toca. Creo en los maestros honestos que buscan la mejora de sus alumnos. Creo en el empresario que trata bien a sus empleados. Creo en los que pagan el seguro social de las personas que están a su cargo.  Creo en los que se informan y votan. Creo en las ONG y las organizaciones civiles. Creo en los programas educativos y en medios de comunicación alternativos. Creo en los periodistas que arriesgan la vida para revelarnos las realidades más oscuras de nuestra patria. Creo en las familias. Creo en la ayuda desinteresada. Creo que hay más bien que mal, solo que el mal hace más ruido. Creo que las artes sí hacen la diferencia. Creo en los investigadores y los que escriben honestamente. Creo en las empresas mexicanas. Creo en lo hecho en México. Creo en ti, en mí, creo en México.

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Foto de jazbeck bajo licencia de Creative Commons Atribución-Compartir Igual

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