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Una especie de futilidad hipnotizante permea las novelas debut de los escritores norteamericanos Ernest Hemingway y F. Scott Fitzgerald. Tanto The Sun also rises, de Hemingway, como This Side of Paradise, de Fitzgerald cuentan con protagonistas cuya profesión parece ser vivir entre copas y preguntarse el sentido de lo inconsecuente.

Ambas novelas muestran un mundo en el que se vive de bar en bar, entre botellas de vino y whisky-sodas. Los encuentros efímeros producen las conversaciones más trascendentales. Y el delirium tremens prueba ser el mejor conducto hacia la interiorización de ciertas verdades respecto de la insignificancia y fugacidad de la vida.

Ambas obras capturan en fin, la esencia de lo que se llamó “la generación perdida”. El epígrafe de The Sun Also Rises hace alusión a este término, que Hemingway atribuye a su mentora Gertrude Stein.  Refiere a la generación de jóvenes que sirvió durante la primera guerra mundial y al sobrevivirla, quedó perpetuamente dañada.

All of you young people who served in the war. You are a lost generation.

-Gertrude Stein-

(Todos ustedes que sirvieron en la guerra, son una generación perdida)

Se nos enseña en secundaria que la Primera Guerra Mundial fungió como un cataclismo para Europa y causó la muerte de varios grandes imperios del siglo IX.  Pero más allá de acabar con el imperio Otomano o el astro-húngaro, la gran guerra acabó con el sistema de valores del viejo mundo.

Frente a semejante violencia y barbarie temeraria no se encontró respuesta en ninguna tradición moral o código de ética. Si el hombre mata sin sentido, vive también sin sentido. Su estancia sobre la tierra es tan intrascendente como breve, tan seguro es que morirá como que vendrá otro hombre a tomar su lugar. Todos sus esfuerzos carecerán de significado y el sol saldrá mañana de la misma manera que siempre.

What profit hath a man of all his labour which he taketh under the sun? One generation passeth away, and another generation cometh: but the earth abideth for ever. The sun also ariseth, and the sun goeth down, and hasteth to his place where he arose...

-Del libro de Eclesiastés que funge como epígrafe a The Sun Also Rises-

(Qué beneficio tiene un hombre de todo el trabajo que realizó bajo el sol? Una generación pasa, y otra viene, pero la tierra permanece para siempre. El sol también sale, y se mete, y se apresura hacía el lugar del que se levantó)

Esta es la filosofía que gobierna las actitudes de los jóvenes personajes de The Sun Also Rises: un grupo de expatriados americanos y británicos que viven en Paris en los años veinte e ilustran la vida de Hemingway y sus camaradas.

Jacob Barnes, el elusivo narrador que parece procurar no revelarse demasiado en sus palabras, se encuentra aún oprimido por las heridas físicas y psicológicas que ha obtenido en la guerra. La liberal aristócrata inglesa de la que se ha enamorado, Lady Brett Ashley, está comprometida con la falta de compromiso y se desvive entre instantes. Robert Cohn, un autor judío que es objeto de  la burla antisemita de sus compañeros, se ve perdido en ese mundo  donde nada significa y sus intentos por mantener valores olvidados se encuentra ridículo. Junto con otro par de personajes, emprenden el viaje desde el Paris de los excesos y el jazz hacia el norte de España: un lugar que permanece rebosante de sentido.

En las corridas de toro y los encierros diarios de los San Fermines en Pamplona, los protagonistas encuentran un nuevo tipo de experiencia espiritual. La religiosidad de la afición a las lidias y los toreros recuerdan a un mundo que se creía perdido con la guerra. El valor, la ambición y el honor no han visto su muerte aún en este soleado país de fervor y fiesta.

El contraste que traza Hemingway entre el Paris de sus primeros capítulos y el norte de España de los últimos, ilustra el desencanto y la falta de rumbo de sus personajes y les alcanza una especie de renovación. Si bien no encontramos a los protagonistas radicalmente cambiados al final de la novela, si podemos apreciar un cambio sutil que nos dice, nos grita: esta generación, más allá de estar irrevocablemente dañada, no está perdida. Vive, resiste, sobrevive.

Imagen obtenida de Unsplash.com

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