No tuvo que pasar mucho tiempo para que me llegara ese escalofrío repentino indicando que se ama ya con toda el alma un nuevo lugar del mundo. Partir siempre representa el desafío de vivir el presente, y aunque había residido ya en este país, nunca es lo mismo.

Volví para recordar aunque fuera sólo un poco la felicidad absoluta que me habitaba en aquella época. Me encuentro, como era lógico, con nuevas circunstancias que me invitan a construir algo distinto desde cero. Entendí que la felicidad pasada me acompañará siempre, y que simplemente debo ir por más.

Vivo en un lugar encantador del sudoeste de Francia del cual no tiene mucha importancia mencionar el nombre, me basta decir que las campanadas de la catedral se escuchan en mi departamento dos veces al día los domingos, que todo pasa en las pequeñas plazas donde miércoles y sábado se instala el mercado; y que al vivir en pleno centro no me hace falta ningún medio de transporte.

Todo se dio para que en las últimas semanas pudiera visitar lugares cercanos donde nunca había estado, que me llenaron el corazón y la memoria de un perfume distinto. Mencionaré a continuación un poco de la esencia que logré capturar de uno de ellos: 

Gaztelugatxe

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Viajé por carretera con tres nuevas amigas, gracias a una de las cuales llegamos a este increíble lugar. Leyó sobre él en un blog e insistió mucho para que tomáramos la autopista hasta encontrarlo. Se trata de una ermita del siglo IX situada en la cúspide de un isolte en la costa del país vasco español. Nunca voy a olvidar lo que sentí ahí. En Gaztelugatxe.

Llegamos antes del atardecer y el aire estaba frío. Se accede a la ermita por un camino de piedra en medio del mar, a lo largo del cual el viento que acompaña el oleaje golpea muy fuerte a quienes deciden hacer ese trayecto de aproximadamente una hora. El olor a brisa marina, el frío, y el sonido de las olas rompiendo contra la piedra me transportaron a la edad media, pude por esos minutos olvidarme del tiempo y de mí misma.

El camino es muy cansado, pero una vez arriba la vista es espectacular. Cae sobre uno un bloque de historia con todo y las preguntas de añadidura. ¿Por qué construir precisamente ahí, en ese sitio tan inaccesible, ese modesto edificio religioso? ¿Por qué había sufrido tantos ataques a lo largo de la historia?

Algo pasó entre Gaztelugatxe y yo, hicimos una especie de intercambio. Sólo sé que algo de mí se quedó ahí, y que algo de ahí se quedó conmigo y me acompañará siempre.

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