Hace unos días un amigo me mandó una captura de pantalla de su Spotify, que me había delatado como oyente de “Ciega sordomuda” de Shakira. Adjunto venía un mensaje burlón: “¿Debería estar preocupado?” Tras defender mis derechos de privacidad musical y agradecer a los cielos que no le había tocado más bien sorprenderme escuchando a Nicky Jam o alguna cosa igual de vergonzosa, la conversación viró a la cantautora colombiana por ahí de los años noventas.

Tras abusar un poco de la cantidad de veces que uno puede escuchar del disco “¿Dónde están los ladrones?” sin odiarlo, me volví a sorprender por lo bueno que era.  Y una vez más me lamenté que Shakira hubiera pasado de producir líneas tan fantásticas como:

Si a falta de ocupación o de excesiva soledad, Dios no resistiera más y se marchara a otro lugar, sería nuestra perdición, no habría otro remedio más que adorar a Michael Jackson, a Bill Clinton o a Tarzán.

a presumir que estaba “Loca con su tigre” (loca, loca, loca), “Rrrabiosa” y que había una loba en el armario con ganas de salir. Like, how does that even happen?

Ahora, mucha gente se echará el típico rollo: “la gente cambia”, “los artistas evolucionan”, “lleva más de veinte años en el negocio y sigue vigente”, “se convirtió en un icono internacional”, etc.

Claro: Shakira es  mundialmente famosa, evidentemente es exitosa y se ha convertido en una figura respetada por la industria musical en Estados Unidos. Eso no cambia el hecho de que su trayectoria musical es el equivalente de empezar siendo Alanis Morrisette y terminar siendo Rihanna. No tiene nada de malo ser Rihanna, pero no deja de pesar cuando se recuerda lo brillante, profunda y emotiva que era Alanis…

Porque aunque la autora de “Pies descalzos, sueños blancos” seguro sigue viva dentro de la intérprete de “La, la, la”, de nada sirve si prefiere regalarle al mundo líneas tan mediocres como “I can’t remember to forget you” empaquetadas en un video diseñado específicamente para causar un poco de controversia.

¿Por qué me incomoda tan particularmente el cambio de la cantante colombiana?

Porque representa algo que me molesta mucho más. Shakira pasó de ser una escritora con una voz única (literal y líricamente), inteligente y perspicaz  a ser una figura femenina más de la industria de la música, que se deja presentar como aparezca más apetecible al público consumidor. Una vez más, nada de malo tiene ser este tipo de artista (supongo), pero me parece que mucho se perdió en la transacción.

¿El problema? Mi amado Oscar Wilde tristemente lo encapsuló a la perfección en un provocativo diálogo de su comedia “A Woman of no Importance”:

Nunca debes intentar entenderlas. Las mujeres son imágenes. Los hombres son problemas. Si quieres llegar a comprender que es realmente lo que una mujer quiere decir – lo que, por cierto, es siempre una cosa peligrosa de hacer – obsérvala, no la escuches1.

La idea de que las mujeres son para verse y no escucharse se ha expresado de mil y un maneras y es ya un lugar bastante común. Las mujeres son para amarse y no comprenderse es otro popular adagio que refuerza esta noción. Son imágenes, mientras que los hombres son problemas, dice el impertinente personaje de Wilde.

El hombre es un sujeto con profundidad y agencia que le permite ser poeta y admirar a la cosa bonita que es esa “la dueña de su corazón” ¿Qué hubiera escrito Neruda? ¿Qué habría pintado Picasso? “Si no existieran musas como ustedes, mujeres.” Nos canta Arjona. Y nos gusta. Vaya, inspirar poetas no tiene nada de malo.

Pero también estamos repletas de subjetividad lírica y tenemos complejos y vibrantes sentimientos, pensamientos y decepciones. Podemos ser igual de apasionadas y nuestras pasiones ser igual de profundas. Y las grandes canta-autoras lo demuestran.

“Antología” de Shakira se publicó en el 95, hace veinte años, y sin embargo estoy segura que todas ustedes podrían cantar cada línea sin ningún problema. Así de buena es. ¿Qué no queda expresado acerca del primer amor en la línea: “Sobra tanto dentro de este corazón, que a pesar de que dicen  que los años son sabios, todavía se siente el dolor, porque todo el tiempo que pasé junto a ti, dejó tejido su hilo dentro de mi”?

Hay pocas expresiones del dolor de una ruptura amorosa más conmovedoras que “Someone like you” de Adele y  pocas más picantes y cáusticas que “You oughta know” de Alanis Morrisette. Las canciones de las canta-autoras  son personales y por ello vulnerables, expresan un complejo mundo interior: repleto de fallos y errores, tristezas y momentos irracionales, momentos de duda y momentos de euforia. Admiten la imprefección, física y emocional.

“I’m a bitch, I’m a lover, I’m a child, I’m a mother, I’m a sinner, I’m a saint, I do not feel ashamed, I’m your hell, I’m your dream, I’m nothing in between, You know you wouldn’t want it any other way” proclama Meredith Brooks gloriosamente en su canción “Bitch”

Y qué decir de mi personal favorita de Shakira, “Inevitable”, que es además el himno perfecto para cantar a todo pulmón en la regadera. Combina perfectamente una vulnerabilidad con la que es imposible no sentirse relacionado (“La verdad es que también, lloro una vez al mes sobre todo cuando hay frío”) y una poderosa súplica amorosa.

La conexión entre canta-autor y oyente se siente personal y auténtica. Taylor Swift se convirtió en icono de la música country no por tener una serie de romances con celebridades (digo, también ayudó), sino porque las letras de sus canciones provenían de una experiencia real y personal que resonaba con las miles de adolescentes que la escuchábamos. Y esto es algo que Shakira pierde irremediablemente cada que se decide a cantar canciones tan vacías como “Addicted to You”.

1. You should never try to understand them. Women are pictures. Men are problems. If you want to know what a woman really means – which, by the way, is always a dangerous thing to do -look at her, don’t listen to her.

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