Ilustración: Pilar Gómez 2015

Escrito en colaboración con Rocío.

Las secciones de comentarios en la web se han vuelto cada vez más una versión posmoderna del ágora: un lugar de presentación de ideas y de debate entre los ahora ciudadanos del mundo.

Nuestros tiempos reclaman que coexistamos en la diversidad. Nuestra ágora posmoderna no está exenta de esto, lo cual la vuelve muy rica e interesante, salvo cuando abraza la pluralidad de calidades discursivas; es decir, mientras que muchos de los llamados “ciberdebates” son excelentes, otros, bueno, dejan mucho que desear. En particular en cuanto  la capacidad de sus participantes de verdaderamente decir algo. Esto, entre otras cosas, se debe a que sus argumentos están plagados de falacias.

Las falacias son errores de razonamiento, telarañas mentales con las que solemos engañar a otros y a nosotros mismos. La mayoría de la gente lo hace a menudo, pero sin darse cuenta. Algunas mentes maquiavélicas (léase principalmente políticos, publicistas, y medios de información) lo hacen con premeditación, alevosía y ventaja. A los ‘falacistas’ maquiavélicos no podemos perdonarles nada. A los ‘falacistas’ despistados podremos perdonarlos en cuanto a su intención, pero no en cuanto a las consecuencias: la engañifa ajena o propia.

Mientras que hay falacias muy obvias, otras no son tan fáciles de detectar, ya que buscan disfrazarse de razonamientos correctos. ¿El resultado, en el caso de los ciberdebates? Millones de comentarios en Internet que no logran establecer lo que pretenden, aunque parece que si lo hacen, y muchas veces confunden a los lectores, y peor aún, al propio escritor.

Las falacias más taquilleras del ciberespacio:

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Frente a un argumento que criticaba la noción del “cuerpo de bikini” que utilizan muchos anuncios y revistas en época verano, estos dos usuarios dirigieron su réplica no a los méritos o flaquezas del argumento en sí sino a la apariencia física de la interlocutora.

Clásica de los ciber-debates, la falacia ad hominem fue bautizada así por los medievales.  Cuando se usa este tipo de falacia uno quiere desmentir lo que el interlocutor dice, pero, en lugar de ello se va por la fácil y ataca a la persona del interlocutor y no al argumento. Sobra decir que, aun sí dicha persona queda por los suelos, ello no comprueba que lo que dijeron sea falso.

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Estas dos usuarias jamás van a alcanzar un acuerdo puesto que están firmemente atrincherados en dos posiciones opuestas que no permiten un término medio. Parece que o naces gay, o ‘escoges’ ser gay, no se considera, por ejemplo una tercera opción: de que alguien no nazca gay, pero tampoco escoja serlo, sino que se vuelva gay por algún mecanismo inconsciente por su situación familiar, social, emocional, etc.

Otra bastante típica, el falso dilema. ¡La gente se vuelve extremista! (tal vez por el anonimato que permiten los perfiles virtuales). O es blanco o es negro; no hay lugar para los grises. Y aunque en (contadas) cuestiones sólo podemos escoger entre el blanco o el negro, en la mayoría de los casos tenemos una extensa gama de grises de por medio. En estos casos, omitir los grises de nuestra lista de opciones hace que el razonamiento sea falaz.

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En una discusión bastante aguerrida respecto de la reciente legalización del matrimonio homosexual en E.E.U.U, este usuario afirma que ” En cada paso de progreso social,la Iglesia SIEMPRE ha estado en el lado equivocado de la historia y ahora quieren continuar esta costumbre” El usuario generaliza que la Iglesia siempre ha estado en el lado incorrecto de la historia puesto que ha manifestado oposición a diferentes ideologías que se dicen “progresistas”.

La generalización apresurada también muy común, y muchas veces la desdichada culpable de un sinfín de prejuicios. Tomamos unos cuantos ejemplos de algo (¡y a veces sólo uno!) y sacamos una conclusión para todos los casos de ese algo.

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ad-populum-odd-catrina   En el marco de una discusión respecto de la calidad musical de una banda “Karen” propone que dicha calidad está determinada por la cantidad de gente que los “ama”.

Bastante común en las discusiones orales, pero no ajena a los ciber-debates, la falacia ad populum, como habrán adivinado del latín, incluye la idea de ‘pueblo’. En este caso uno asume que “si el pueblo lo afirma, es verdadero”, por pueblo entiéndase la mayoría, la gente, o cuando confiamos en algo porque  ‘se dice’ por ahí.  Aunque muchos (incluso todos) digan algo, eso no lo hace verdadero. Lo peor del caso es que muchas veces se dice “la mayoría cree” o “todos dicen” como meras muletillas sin ni siquiera estar seguros que “la mayoría” o “todos” lo digan.

Así que cuidado antes de escribir, mejor darnos cuenta de nuestros falaces pensamientos, antes de que el mundo lo haga.

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