Fotografía por Andrea Mier

Una diáfana luz ámbar inunda a Estambul, a lo lejos se escucha música de laúd árabe. Cierro los ojos por un momento para percibir su olor a mar y a especias. Al abrirlos, diviso parte la ciudad, antes del anochecer.

El puente de Gálata se va inundando de color con los restaurantes que empiezan a encender sus luces, se encuentra lleno de  pescadores y paseantes.

En el estrecho del Bósforo navegan barcos de diferentes calados; ferrys que transportan habitantes y visitantes de la parte asiática a la europea y viceversa. Las gaviotas llenan de vida su cielo, a cualquier lado que volteo puedo ver mezquitas, edificios y calles que imagino como ríos de gente, por su multitud.

Estambul es mágico, la opulencia en que se da todo, en esta ciudad milenaria, la convierte en un tesoro, apreciable a través del alma de quien la mire.

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