Mientras estaba en la sala de espera de un consultorio, observé la típica mesa llena de revistas para matar el rato. No me sorprendió mucho que la mayoría fuera de chismes y con imágenes escandalosas como portada. Varias con errores y falta de contenido de peso.

Me puse a analizar si la crisis que actualmente se vive en el periodismo es culpa de los medios de comunicación o de nosotros, como sociedad que no consume productos de calidad. ¿Por qué será normal que ese tipo de revistas esté en un lugar de espera? Porque la mayoría de la gente paga por leerlas. Es un gusto común. Sin embargo, nos excusamos cuando decimos que no leemos el periódico o alguna revista especializada  porque no tenemos tiempo.

Mi conclusión es que la crisis está en nosotros y no en los que publican. No digo que estén exentos de culpa. Sabemos muy bien lo que son capaces de publicar por ganar más dinero. Sin embargo, si algo no se consume o no se obtienen ganancias económicas de ello, se cambia. ¿Qué pasaría si nosotros como ciudadanos, pagáramos solo por contenidos de calidad?

El periodismo ha sufrido una baja considerable en consumo. A principios del siglo pasado la única fuente de información eran los periódicos y la radio. Después vino la televisión con una programación limitada en tiempo y forma. Posteriormente estalló la tecnología y cambió la forma en la que  nuestros abuelos conocieron el mundo. Hoy en día, cualquier persona puede escribir cualquier cosa, subirlo en la web y hacer viral un contenido, sea o no verdadero. Twitter, Facebook, Instagram son algunas de las redes que proporcionan un embudo de información a cualquier lector.

Sin embargo, el periodismo va más allá que sólo decir “cosas”. El famoso Mark Twain le preguntó a su editor en qué consistía ser periodista y obtuvo como respuesta: ” Sal a la calle, mira lo que pasa y cuéntalo con el menor número de palabras”. Aunado a esta simple filosofía, también hay que constatar que, como dice Raymundo Riva Palacio, “un periodista es un trabajador que invierte en la capacitación, procesamiento y difusión de informaciones por conducto de los medios de comunicación masiva” .

Y esta descripción técnica no quiere decir que el buen periodismo tiene que ser aburrido. Hay un hombre, BillCunningham(https://zeitgeistfilms.com/billcunninghamnewyork/) , de 80 y tantos años que se encargó de inmortalizar la moda estrafalaria de Nueva York. ¿Qué hacía? Pues se paseaba en bicicleta y retrataba a todo aquel que mostrara originalidad en las calles de la Big Apple. ¡Esto es periodismo!

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foto por Thomas Martinsen vía unplash.com

El periodismo ha sido vital para la construcción del mundo que conocemos. Gracias a un tal Seymour Hersh el mundo se paralizó ante la imagen (ganadora del Pulitzer) que representaba la guerra de Vietnam en su etapa más cruel. A su regreso de la guerra, ningún periódico quería pagar por su artículo,  por lo que Hersh tuvo que publicar el artículo en todos los periódicos pequeños para que así la noticia creciera y los grandes medios de comunicación no tuvieran otra opción que imprimirla.

En la historia del periodismo nacional se saben casos que son dignos de ese ingenio mexicano que siempre logra encontrarse en el momento y lugar adecuados. Un reportero se fingió atropellado para entrar al hospital y dar la primicia de la muerte de Leon Trotsky. Miguel Castillo y Antonio Reyes Zurita, ambos reporteros del Excélsior, al no tener los pases de prensa en las Olimpiadas de Moscu, se pasaron toda la estadía caminado de espaldas para que la guardia no se percatara de la falta de gafetes.

El periodico Excelsior perdió a su figura más importante, Julio Scherer (junto con un cuantioso número de colaboradores que posteriormente formarían parte de la revista Proceso), por una publicación del periodista José Dudet. Dicho articulo informó sobre el impuesto patrimonial en la sección de ocho columnas y puso en evidencia al gobierno. EL Presidente entonces se encargó de “cortar las cabezas” responsables de esa crítica hacia su mandato.

El bajo consumo de contenido valioso por parte de la sociedad mexicana lleva a un bajo presupuesto económico, por lo que la mayoría de las revistas y periódicos dependen completamente de los espacios publicitarios que el Gobierno quiera pagarles. Y si han vivido en México los últimos 80 años sabrán que es una limitante considerable en la creación de contenidos honestos. A diferencia del resto del mundo, que tiene como principales anunciantes a la iniciativa privada.

El trabajo periodístico es de audaces y de todologos. En el gremio podríamos encontrar casi especialistas en filosofía, política, literatura, deportes, etc… Ya que se tiene que dominar de lo que se escribe, se podría considerar a la carrera periodística como una maestría en generalidad temática. Eso hace obsoleta la idea de que el trabajo creativo es de vagos. Como decía Murray: “La creatividad no es el producto de la libertad, sino la suma de la libertad y la disciplina”.

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foto por Kristian Karlsson vía unplash.com

Y yo me pregunto, toda esa lista de periodistas, escritores, editores y demás… tendrán hambre, o una renta que pagar, o unas vacaciones en donde descansar. No podemos esperar que sean honestos si no tienen un salario básico para cubrir sus necesidades; y para que tengan un salario fijo tendrán que tener  lectores continuos, un público que esté dispuesto a aportar a la creación de contenidos y no basura. 

Así que esos contenidos que me gustaría ver en esa sala de espera merecen ser apoyados por nosotros los consumidores. La crisis existe en nosotros que no pedimos por más, el cambio yace en mi, al aportar económicamente a las empresas que buscan informarme y volver al periodismo de base.

 

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