Coco Chanel por Horst – 1937. Foto del dominio público subida por Ŧhe ₵oincidental Ðandy

Mademoiselle, señorita en nuestra lengua; a pesar de ser un simple adjetivo, evoca para muchos de nosotros a un gran personaje: Gabrielle “Coco” Chanel, el ícono histórico que vino a revolucionar el mundo de la moda, rompiendo paradigmas y liberando a las mujeres de la opresión impuesta por modistas masculinos a través de incómodas y suntuosas prendas.

A finales del siglo XIX Gabrielle nació en el seno de una humilde familia francesa. Hija de Jeanne Devolle y Albert Chanel, fue la segunda de un total de cinco hermanos y creció en una situación considerablemente precaria.

El padre era vendedor ambulante y su madre campesina. Ella falleció a la edad de 31 años víctima de bronquitis. Tras el desafortunado suceso, su padre se vio en la necesidad de dejar a Gabrielle y sus dos hermanas bajo el cuidado de religiosas católicas en un internado en la región de Corrèze. Fue ahí donde aprendió el oficio de costura. Con el pasar de los años Gabrielle fue conociendo, por azares del destino, a importantes personajes de la escena europea. Aristócratas y empresarios se convirtieron en amigos, e incluso amantes; fascinados por el espíritu rebelde de la menuda y humilde joven. “Coco”, como le apodaban de cariño; se distinguía por hacer su propia ropa y accesorios, dejaba de lado corsé y plumas que se usaban en su época y llevaba su vestimenta al punto más simple, inspirada siempre en las prendas masculinas.

En 1910 Coco abrió su primera boutique de sombreros en el 21 de La Rue Cambon, en el corazón de Paris. La boutique fue financiada por el inglés Arthur Capel “Boy”, a quien había conocido un par de años atrás y quien habría sido su amante durante once largos años.

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Coco Chanel en 1920. Foto del dominio público obtenida de Wikipedia

Los sombreros que se elaboraban en aquella boutique se destacaban por ser ligeros y simples, cosa que fascinó a las damas de aquel entonces y los convirtió en un must de la escena parisina de principios de siglo XX.

Después de algunos años, y con los fuertes rumores de la Primera Guerra Mundial por venir, Gabrielle cambió su lugar de residencia a Deauville, donde comenzó a desarrollar una línea de ropa deportiva y jerseys, los cuales eran utilizados sólo por varones. Estas prendas las realizó en escala de grises, tonos poco usuales para la moda de aquel entonces.

Con la Primera Guerra Mundial aún en proceso, decidió migrar nuevamente, esta vez a la ciudad costera de Biarritz. Es aquí, donde inspirada por el atuendo de los marineros, decidió confeccionar la primera blusa de rayas marinera, la cual sigue siendo un clásico hasta nuestros días.

Una vez finalizada la Gran Guerra, Gabrielle regresó a París para abrir su primera casa de costura en la 31 de la Rue Cambon. Es ahí donde convocó a Ernest Beaux, el perfumista de los Zares para crear una fragancia única y simple que lograra capturar la esencia de la feminidad; y fue así el nacimiento del icónico Chanel No. 5 en 1921.

La década de los 20 mantuvo muy ocupada a Coco. A mediados de ésta consolidó la Société des Parfums Chanel, cuyo propósito fue el de distribuir los perfumes y la línea de cosméticos desarrollados por la ya afamada diseñadora. Al poco tiempo se le solicitó la creación de vestuario para el ballet Le Train Bleu el cual se presentaría en el Théâtre des Champs Élysées, y cuyo montaje correría a cargo del ruso Serge Diaghilev y la cortina del escenario ostentaría una creación de Picasso.

Durante un viaje a Escocia, Coco conoció el tweed y fascinada con las texturas y estampados de esta tela, la seleccionó como materia prima para lo que sería el clásico traje sastre Chanel. Es en ese mismo viaje donde se rumora que durante una fiesta la diseñadora solicitó apoyo a un costurero para la elaboración del Little Black Dress, una pieza tan simple, tan ligera y sobria que causaría gran polémica, pero al mismo tiempo admiración mundial. Vogue en su edición para los EE.UU. lo nombró el Ford Chanel, el vestido que toda mujer debía poseer.

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Retrato de Coco Chanel porBoris Lipnitzki – 1936. Foto del dominio público subida por Ŧhe ₵oincidental Ðandy

Con la gran nación americana a la expectativa de su siguiente creación, Gabrielle fue invitada a Hollywood por Samuel Goldwyn para dirigir el vestuario de sus películas, vistiendo así a Joan Blondell, Madge Evans y Gloria Swason, destacadas actrices de la época de oro.

En la cúspide de su carrera, Gabrielle regresó a Paris para continuar con su casa de costura, la cual contaba en 1935 con 4 mil empleados y cinco boutiques a lo largo de La Rue Cambon. Desafortunadamente éste sería el máximo punto que alcanzaría la diseñadora antes de entrar en uno de los momentos más turbios de su historia personal y laboral.

La esvástica negra en fondo blanco y remate rojo marchó hacia Paris a mediados de 1940. La llegada del ejército nazi a la capital francesa se hizo inminente y se desató el éxodo de miles de parisinos que tomaron lo que pudieron y huyeron al sur por temor a los estragos que la milicia alemana podía causar, no sólo a su ciudad sino también a sus habitantes.

Sin embargo algunos decidieron quedarse y continuar con su vida diaria, armados solamente con su orgullo nacional, entre ellos la menuda y elegante Coco, para entonces en sus cincuentas, que más que por patriotismo parecía estar armada de egocentrismo, según relata Hal Vaughan en su libro La Guerra Secreta de Coco Chanel (2011). Esto tras años de arduo trabajo, elogios, adulaciones y reconocimientos.

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Retrato de Coco Chanel por Man Ray – ca. 1935. Foto del dominio público subida por Ŧhe ₵oincidental Ðandy

Gabrielle no sólo permaneció en la Ciudad de las Luces, sino que comenzó un romance con Hans Günther Discklage mejor conocido como Spatz, ‘el gorrión’, un apuesto caballero con tarjeta de empresario, de madre inglesa y padre alemán.

Durante la ocupación Coco y Spatz dieron rienda suelta a su romance convirtiendo al Ritz en su hogar; se hablaría de viajes a Madrid y Berlín realizados por la pareja durante la Segunda Guerra Mundial, viajes que levantarían sospechas sobre la colaboración, no sólo de Hans, sino también de Gabrielle con el Tercer Reich; después de todo Coco se había convertido en una de las mujeres más ricas e influyentes de toda Europa, lo cual la convertía en la espía perfecta.

La guerra provocó la clausura de cuatro de las cinco boutiques Chanel, permaneciendo sólo la del No. 31. Fue en esta misma tienda donde la diseñadora se apresuró a regalar perfumes y accesorios para las amadas de los soldados americanos cuando la victoria aliada se veía segura.  

En 1945 la Segunda Guerra terminó y el ejército estadounidense ocupó las calles. La nación francesa ardía en deseo de venganza contra los Collabo, hombres y mujeres que habían cooperado con los alemanes durante la ocupación. Esta rabia desmedida dio pie al inicio de la Épuration (‘francés de, ‘purificación’) donde a las mujeres que habían mantenido relaciones sentimentales o sexuales con algún militante nazi se les humillaba públicamente, se les rapaba y desnudaba para hacerlas marchar por las calles de Paris, mientras se les insultaba y arrojaban objetos.

Dada la creciente violencia apoderándose de Paris, Gabrielle decidió mudarse a Suiza por un tiempo, pero fue llamada a comparecer ante la corte francesa, arrestándola durante unas horas pero quedando en libertad por lo que se presume había sido la mano de Churchill. En 1949, decidió regresar a Francia donde comparecería durante el juicio del barón Luis de Vaufreland, activo colaborador de los naziz, al ser denunciada por éste en un intento de reducirse su condena, más no se encontraron evidencias que apuntaran más allá de una amistad y salió libre sin cargos, pero esta época imprimiría en su historia y  legado una mancha difícil de borrar.

En 1954, tras haber superado los ecos de la guerra, Coco reabrió su casa de costura, tras años de no ejercer y con un nuevo reto por delante: los diseñadores masculinos que habían surgido durante su descanso, a los cuales acusaba de diseñar sin pensar en la mujer que portaría sus prendas.

Es así como al siguiente año lanzó el bolso 2.55 cuya característica principal era un asa de cadena dorada la cual podía ser portada en el hombro por lo que liberaba las manos, siendo ésta de un material ligero y resistente. Otra de las aportaciones en ésta década fueron los zapatos bicolor, piel a dos tonos, negro en la punta y beige en el resto, lo cual ayudaba a dar la ilusión de un pie más corto y una pierna más larga, además de una cinta elástica en la parte posterior que daba mayor comodidad y libertad de movimiento.

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Mademoiselle Chanel retratada por  Robert Doisneau (en la escalera con espejos de su tienda en 31 Rue Cambon) – 1954. Foto del dominio público subida por Ŧhe ₵oincidental Ðandy

Coco continuó presentando colecciones el resto de sus años, pero siempre tuvo una aprobación mayor en América que en Europa, esto como resultado de los rumores post-guerra. Personajes como Elizabeth Taylor, Jane Fonda, Jackie Kennedy y Grace Kelly, sólo por mencionar algunas, se convirtieron en fieles y asiduas clientes de la marca.

El 10 de enero de 1971, con 87 años de edad y tras una larga caminata; Gabrielle Coco Chanel murió en su hogar dentro de las instalaciones del Ritz. Aquella pequeña de origen humilde, huérfana de madre, y abandonada por su padre; que llegó a la cúspide de la sociedad europea y se codeó con artistas, políticos y monarcas, había amasado una enorme fortuna y dejado un legado que se convertiría en una de las marcas de moda más importantes de la historia.

De Coco se rumora mucho: de su enorme ego y arrogancia, de su colaboración con las fuerzas del Eje, de su uso y abuso de morfina y de haber utilizado a cuanto hombre fuese necesario para alcanzar su propósito.

Lo cierto es que ésta polémica mujer logró cambiar el mundo de la moda, liberó a otras de su género a través de prendas, accesorios y perfumes y revolucionó los conceptos de feminidad y elegancia. Sin saberlo, tal vez, permitió un empoderamiento femenino al darle a la mujer la opción de decidir, de elegir sentirse confortable, de adaptar no sólo la ropa a sus gustos y necesidades, sino de adaptarse a sí misma a su entorno y superar las adversidades, con el balance justo entre comodidad y elegancia.

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