Hace unos meses recorrí por unos días las apacibles costas de Oregon.

Aunque a través de películas y búsquedas por internet tenía una idea de lo que vería, esa vista me conmovió al borde de las lágrimas como pocos paisajes lo han logrado antes.

Extensas playas, cubiertas de una suave neblina que emergía de entre los bosques que le daban la bienvenida a las olas, con la danza perezosa de leones marinos entre las rocas y la brisa, cada vez más fría, que golpeaba sin tregua mi rostro.

Hoy, regreso a esos momentos para apaciguar mi corazón agitado. Para recordar el sentimiento de pequeñez que tal espectáculo me hizo sentir y cómo ante tanto esplendor y tanta calma, el peor de mis problemas parece algo realmente pequeño.

Por eso creé esta playlist, y por eso la comparto hoy. Repleta de canciones, instrumentos y letras que me he tomado varias semanas en juntar, depurar y escuchar una y otra vez para delinear, con claridad en mi mente, esas costas maravillosas.

Porque no hay mejor bálsamo para el alma que la música y el tiempo.

Porque también esto pasará.

Mientras la tarde se enfría
Fotografía AnaPau de la Borbolla

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