Distopías. Foto: Pilar Gómez

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Los mundos que crean los autores de novelas distópicas –más específicamente de la ciencia ficción distópica– son evocadores; y los dispositivos que se imaginan, sorprendentemente visionarios. George Orwell se imaginó pantallas en casas y edificios, años antes de que se inventara la televisión. Philip K. Dick ideó una caja de la empatía donde solitarios seres humanos se conectaban con las emociones e ilusiones de otros para poder lidiar con sus desoladoras rutinas antes, mucho, mucho antes de que se inventara el Internet y las redes sociales.

Pero lo más fascinante, a mi parecer, de estos universos de pesadilla son las ideas, temáticas y valores que sus creadores se atreven a llevar al extremo… al extremo de la locura social. Unos son universos controlados rígidamente por una élite, otros simplemente son mundos dejados al olvido, a que sus habitantes se pudran en lo irreparable.

En las siguiente selección de libros que hemos reunido Ana Pau y yo para ustedes, sus autores se plantean cuestiones como…

– ¿Es posible un mundo sin sufrimiento, sin angustia y preocupaciones? Aldous Huxley y Ray Bradbury lo imaginan, pero ¿a qué costo?

– ¿Un mundo con una capital próspera, que controla a sus distritos productores a base de hambrear a sus habitantes? Muchos ya se imaginarán de qué historia estamos hablando, pero no dejen de leer el libro sólo porque creen que ya lo vieron todo en la película: Suzanne Collins esconde una desgarradora exploración sensitiva de la miseria que viven aquellos que son privados de sus necesidades más básicas entre las páginas de la primera entrega de su saga, Los Juegos del Hambre.

– ¿Un mundo donde el poder por el poder es más importante que cualquier otro valor, más importante que el ser humano y  la humanidad misma? George Orwell, un otrora entusiasta del comunismo que al observar lo que éste régimen bajo el puño de hierro de Stalin provocó en sus habitantes, escribe 1984, en 1948 (bueno, realmente la novela se publicó en el ’49), para advertir a cualquiera que estuviera dispuesto a leerlo sobre lo que un régimen perpetuado hasta los límites más insólitos, de cualquier color, ideología o credo, puede provocar en una sociedad: la creación del dios poder, un dios que no perdona ni siquiera una pisca de libertad en el corazón humano.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?)

71JDvqpaT7LPhilip K. Dick, 1968
  • Ciencia ficción, distopía
  • 216 páginas

“Pensó en su necesidad de tener un animal real por mascota. Un sentimiento de odio genuino le brotó hacia su oveja eléctrica, a la que atendía como si estuviera realmente viva. ‘La tiranía de un objeto’, pensó, ‘No tiene idea de que existo. Como los androides, no puede apreciar la existencia de un otro'”. ¿O será que sí pueden? Corre el año de 2021 en un San Francisco decadente. El mundo está tan tirado al traste tras la última guerra mundial (a la que se recuerda como ‘World War Terminus’) que la fauna del mundo está en riesgo de desaparecer…mucha de esta ya se ha extinguido y los humanos se dedican a comprar animales robóticos. La basura es tanta que pareciera que se reproduce sola (la infame ‘kipple’, que reina en los lugares que los humanos han abandonado) y las autoridades mundiales han decidido que la mejor oportunidad para la supervivencia humana está en la inmigración interplanetaria. Claro, no todos están invitados a dejar la tierra: sólo los que son considerados los más inteligentes, capaces y saludables para prolongar la especie. A cada emigrante se le asigna un androide que lo acompañará en la difícil travesía y éste será su sirviente. Pero algunos androides se rebelan, matan a sus amos y regresan a la tierra a esconderse. El cazador de recompensas Rick Deckard debe localizar y eliminar a 6 androides modelo Nexus-6, pero en medio de su misión empieza a cuestionarse si “retirarlos”, como llaman eufemísticamente a su exterminación no lo convierte en un asesino de criaturas que parecen tan humanas como él.  Éste fue el libro que inspiró a la famosísima película ochentera estelarizada por Harrison Ford, Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Pero nop, no tienen nada que ver. Lean una y vean otra y sabrán por qué. – Pilar

Fahrenheit 451

cvr9781451673319_9781451673319_hrRay Bradbury, 1953
  • Ciencia ficción, distopía
  • 220 páginas

A 451º Fahrenheit el papel arde. A esa temperatura trabaja el bombero Montag, quien tiene como único trabajo quemar todos los libros, ya que, de acuerdo a su gobierno, estos sólo despiertan angustia y preocupaciones en el ser humano. El mundo distópico creado por Bradbury en 1953, se sitúa en una ciudad a prueba de incendios, que adormece al ser humano a través de pantallas y sustancias para dormir. Pero todo cambia para Montag cuando conoce a Clarisse, una joven vecina y cuando sin siquiera pensarlo, toma un libro a escondidas en uno de sus incendios. – Ana Pau

1984

1984-book1George Orwell, 1949
  • Ciencia Ficción, distopía
  • 266 páginas

“Controlamos la materia porque controlamos la mente”, le dice un miembro del partido a un pobre iluso que se atrevió a soñar… a amar, y ha sido llevado al ‘Ministerio del Amor’ a recibir su merecida terapia de torturas. Tras salir de esas salas macabras cualquier habitante de Oceania– el país ficticio donde Orwell sitúa su historia– saldrá convencido de que dos más dos son cinco, que “la guerra es paz, la libertad es esclavitud (y) la ignorancia es fuerza”. Sin duda uno de los mejores libros que he leído, 1984, es un libro que no puedo dejar de recomendarle a cualquiera que esté sediento de un material que lo deje reflexionando por semanas. En este libro, Orwell plantea conceptos aterradoramente distópicos que son perfectamente reales en nuestro diario acontecer, como es el caso del doblepensar (doublethink), la “habilidad” de albergar dos conceptos perfectamente antagónicos en una misma palabra. Pilar

Los Juegos del Hambre (#1)

Suzanne Collins,
  • Drama, distopía
  • 375 páginas

Aunque admire a Jennifer Lawrence y considere que la adaptación a la pantalla de esta obra es bastante buena y adictiva de ver, nunca se puede comparar la riqueza o enfoque de un libro con una película. Mientras que ésta última se centra en la brutal dinámica del juego, el libro se enfoca en la otra palabra clave del título: el hambre. En cualquier presentación; física o emocional. Mientras lees este libro – a diferencia de su versión cinematográfica- te das cuenta de cómo la comida juega un papel fundamental. En muchas historias no se menciona siquiera si el personaje come o no, si tiene hambre o sed, en cambio en este libro, la autora se asegura de dejar en claro cómo es el alimento la sustancia que le permite a los personajes levantarse, seguir adelante y sobrevivir. Katniss es una cazadora, e incluso Peeta proviene de una familia de panaderos. Aunque Collins no sólo se refiere al hambre del cuerpo, sino también a aquella por aferrarse a la vida sin importar cómo. –Ana Pau

Un Mundo Feliz (Brave New World)

brave-new-world-bookAldous Huxley, 1931
  • Ciencia Ficción, distopía
  • 288 páginas

¿Son la estabilidad y la felicidad más importantes que la religión, la ciencia y el arte? En el universo que crea Huxley las segundas han sido exterminadas en pos de establecer un mundo donde las primeras florezcan. En el Estado Mundial–como se le conoce a ésta nación ficticia-futurística– no existe el hambre, y la gente no resiente la desigualdad. Desde pequeños nacen bajo una determinada casta y son adoctrinada para ser feliz con lo que son y tienen. Además, los altos mandos del Estado tienen la herramienta perfecta para controlar a sus subordinados a través de pequeñas-grandes dosis de placer y éxtasis: el soma. Una pastilla a la que cualquier habitante puede acceder y consumir cuando quiera y en las dosis que quiera. Ésta droga, a diferencia de las tachas, no provoca aquellos temidos efectos secundarios como infartos o pérdida de memoria, pero sí la privación de una conciencia crítica. El idílico orden de esta sociedad entumida por los placeres será cimbrado con la llegada de un forajido llamado John, que llega de una atrasada “reserva” ilusionado por conocer “la civilización”, sólo para enloquecer al ver lo que el progreso le ha costado a sus habitantes.– Pilar

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