Fotografía por Diego Gonzalez 

Cuando nos cuentan de etapas difíciles en la vida, vemos situaciones caóticas, holocaustos, terremotos, crisis económicas, muertes, y demás cosas que solo achican el corazón al imaginarlas cercanas. Sin embargo, la realidad lisa y llana de la vida cotidiana de cualquier mortal habitante de este mundo está lleno de exámenes reprobados, papeleos burocráticos, despidos injustificados,  cartas negativas a esa maestría soñada, y cuentas exorbitantes.

Los problemas chiquitos, de esos que te golpean un martes cualquiera, de esos que te hacen llorar mientras te bañas o cuando vas en el coche, esos problemas, son los que nos embargan en una situación que permanece y tarde que temprano, en algún momento, nos parecemos un poco más a un personaje de The Walking Dead que a Heidi en la pradera…

Por lo que esto, esto chicas, es una oda a esos pequeños golpes y cómo superarlos. Una canción que gritar cuando se quiere aventar todo e irte al Tíbet a hacerla de monje para evitar todos estos First World Problems que recuerdas un lunes con el despertador a la altura de tu tímpano. Un libro de verano que te hace olvidar los exámenes de invierno. Un subidón a esa moral que día sí y día no juega a la montaña rusa con sus subidas y bajadas. Esto es una lista para vivir esos días, vivirlos no sobrevivirlos, que en esta vida se puede sufrir pero al menos que sea con estilo.

1. Suelta. Suelta todas esa ideas que no se lograron y a los que sigues aferrada como si fuera la última coca-cola en el desierto. Suelta esa relación, borra esos mensajes, tira esa basura mental que te impide ver con claridad. Sé que los cambios drásticos son duros, así que puedes ir planteando mini-metas, de esas de las que nadie nota excepto tú, de esas que son tuyas y de nadie más pero que levantan un poquito ese ánimo para evitar más pisotones por la calle.

2. Apapachate. Recuerdo que en épocas de exámenes yo era un zombie rompiendo todas las reglas de supervivencia. Pues bien, en momentos de estrés, es indispensable buscar un momento para apapacharte a ti misma sin ningún remordimiento. Toma un baño lento y ponte todos los tratamientos que tienes en espera desde el año pasado. Pide que alguien cepille tu cabello. Come rico, pero muy rico y sin contar las calorías. Escucha durante una hora entera tumbada en la cama ese álbum que hace años no escuchabas. Llora con esa película. Golpea esa almohada sin importar lo que escuche el hijo del vecino y tengas que salir disfrazada de tu edificio para evitar vergüenzas. Lee las mejores partes de tus libros favoritos y pospón ese tomo que solo tambalea la idea de acabar todos los libros que empiezas.

3. Date permiso de no ser optimista por un día. Estos tips son para tí, no para que tu abuela deje de recordarte la mala cara que traes. Date permiso de escupir un poco tu pesimismo, esas quejas que no dijiste por decoro, ese sentir que todo te abruma. Escúpelas al espejo, a tus hermanos, a alguna amiga que sepa escuchar, a algún amigo que no sepa juzgar. Aquí lo importante es sacar todos esos miedos que te impiden respirar.

4. Vuelve a empezar. Porque esto es así, porque la escuela tiene límite de faltas, la nómina tiene requisito de asistencia y el mundo gira y seguirá girando. Así que ya hecho todos los puntos anteriores, levántate y comienza de nuevo. Un día a la vez. Lo importante es seguir caminado para encontrar nuevas historias. Seguir engordando en experiencia y enflacando en complejos.

5. Y finalmente, sueña, no hay mejor golpe de endorfinas que soñar en grande. Es gratis y no hace daño, así que comienza a planificar sin miedo al qué dirán. Planea un viaje, o una reunión con tus amigos de la escuela o algún curso que has querido. No importa si es un viaje a la ciudad de a lado, una reunión con la mitad de los esperados o un curso de papiroflexia. La cuestión aquí es seguir soñando, seguir caminando.

Y de pronto, sin ningún aviso, superarás esos miedos; pasará esa racha o esa crisis. Y volverás a disfrutar lo cotidiano de tu vida. Tendrás una sonrisa ese lunes a medio día. Y la gente te dirá que tienes mejor cara, y tu dirás que seguro es el clima que te ayuda. El ciclo volverá a empezar.

Y recuerda:

“La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: ¡Uf! ¡Vaya viajecito!”.

-Hunter S. T.

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