Ilustración: Pilar Gómez

La palabra “solidaridad” ha adquirido un nuevo significado gracias a las redes sociales. Frente a catástrofes naturales, actos de terrorismo, masacres, injusticias sociales y demás nefastos acontecimientos a nivel global, la respuesta es ahora inmediata y en cadena: campañas de hashtags, tuits acusantes, fotos compartidas viralmente, y ahora, cambios de colores en nuestra foto de perfil en Facebook. Los cínicos señalan que es una solidaridad vacía, carente de contenido y significación. Despues de todo, dar like, twittear, compartir una imagen o cambiar nuestra foto de perfil en Facebook no es ACTUAR, no incide de ninguna manera en los acontecimientos que apoyamos o denunciamos…

Lo que es más, cada que el mundo (o México) parece por fin ponerse de acuerdo y denuncia colectivamente un evento o se solidariza con una causa, no tardan en surgir torrentes de ácidas críticas que le recuerdan que le está importando la causa equivocada de la manera equivocada. Cuando todo México exclamaba con decisión “Todos somos Ayotzinapa” y expresaba su profunda revulsión con los eventos ocurridos en Guerrero el año pasado, no tardé en ver en mi Newsfeed de Facebook (como buena millenial que soy, mi principal ventana a las opiniones del mundo) un puntilloso y condescendiente artículo que nos recordaba que no “No todos somos Ayotzinapa”. ¡Cómo se nos ocurre exclamar algo tan falso, las diferencias en México son infranqueables! ¡No todos vivimos las experiencias de un estudiante de clase baja de la normal Ayotzinapa! Otro más se quejaba de que un hubiésemos exclamado nunca: “¡Todos somos las muertas de Juárez!”

Cuando el mundo finalmente se despertó a la realidad de la crisis de refugiados de Siria y México se les unió, pronto vinieron las hirvientes acusaciones de hipocresía: ¡Cómo se le ocurre a México interesarse por los refugiados sirios, cuando a diario ignora a los migrantes centroamericanos que las pasan negras en nuestro país! o, ¡qué desgracia que les importe la crisis de refugiados sólo a partir de una desgarradora fotografía viral cuando lleva ya tanto tiempo siendo un tema urgente!

Y este viernes, cuando París fue el foco de terribles actos de terrorismo y el mundo lanzó una exclamación colectiva de horror, cuando se expresó solidaridad mediante el (si bien simplón) hashtag #PrayforParis y Facebook ofreció la opción de cambiar fotos de perfil a los colores de la bandera de Francia… bueno, no tardaron en aparecer las mismas acusaciones de hipocresía, las mismas ácidas críticas y las mismas personas regordeándose en su sentido de superioridad moral que le recordaron:  TE ESTÁ IMPORTANDO LA CAUSA EQUIVOCADA DE LA MANERA EQUIVOCADA.

“¿Por qué no puedo cambiar mi foto de perfil a la bandera de Kenia?” preguntó por Facebook uno de mis contactos, refiriéndose al ataque en abril que dejó 147 muertos y como él, un millón de personas tomaron  las redes sociales para quejarse de que se hablara de los hechos ocurridos en Francia y no de aquellos igual de espantosos ocurridos en Líbano, Kenia, Bagdad…Todos y cada uno expresaban un punto muy importante: los ataques son igual de espantosos, hayan ocurrido en la bienamada ciudad de París o en cualquier otra parte del mundo. Todos merecen la misma atención mundial y las mismas expresiones de solidaridad.

Lo que me parece problemático es el agrio tono que toman estas amonestaciones y la manera condescendiente en la que afirman: “Sólo te importa “x” porque es la causa mainstream o porque no entiendes bien: te debería importar más bien esto otro…”. Me parece triste la actitud que dictamina de forma unánime que expresar apoyo a París en redes sociales es la actividad superflua, ridícula, y ultimadamente estúpida de la gente que no entiende las complejidades de la situación mundial actual.

Unificarnos en expresiones comunes de solidaridad NUNCA va a ser una actividad superflua o innecesaria. Presentar como comunidad una denuncia decisiva a ciertos actos, eventos o actitudes es importante. Lo que ocurrió en París fue horrible, lo haya sido más o menos en otros lugares. Si podemos al menos ponernos todos de acuerdo en que lo fue y expresamos nuestra esperanza de que un grupo de seres humanos se encuentren bien (aunque sean blancos, europeos, parisinos) ésta ya es una manifestación importante de nuestra humanidad compartida.

En 2015 nuestras principales vías de expresión y comunicación son Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat… por supuesto que las usamos para posicionarnos respecto de eventos relevantes. Y nuestras manifestaciones de desacuerdo, apoyo, horror o reconocimiento tienen el mismo valor que siempre han tenido: la opinión de un individuo se une a la de otros y así se perfila la opinión de un pueblo. Es por ello que los tuits y los hashtags y los colores en las fotos son fundamentales por más sosos que parezcan: no, no reemplazan la ACCIÓN, pero expresar acuerdo o desacuerdo es el primer paso. Las ideas generan acciones.

Y esta idea, al final del día, es la que motiva a las personas que critican las expresiones de solidaridad por París (o por los refugiados sirios o la masacre de Ayotzinapa): al recordarnos por Facebook, Twitter, Instagram lo mal que hacen todos al olvidar a Kenia, a Beirut, a Bagdad; están dándole valor a la expresión de solidaridad por redes sociales.

La cosa es que expresar solidaridad por Kenia o Beirut es igual de valioso y significativo que expresar solidaridad por París. Interesarnos por los refugiados sirios es igual de importante que interesarnos por los migrantes centroamericanos. Horrorizarnos frente a Ayotzinapa igual de necesario que horrorizarnos frente a las muertas de Juárez. No es una competencia de causas correctas versus causas equivocadas. Las reacciones poderosas frente a ciertas causas impresionan por su aparente aleatoriedad tal vez, ¿Por qué esto y no aquello?, pero no dejan de ser importantes.

No, no es aleatorio que nos importe París y no Beirut o Kenia: París es una de las ciudades más icónicas de Occidente, una ciudad tan bella y seductora que el mismo general nazi a quien se le ordenó destruirla no se atrevió; un imán que invita el aprecio personal de millones. París es una ciudad europea. No quiero sugerir que no es problemático que toda la atención global se fije en esta tragedia europea e ignore aquellas infringidas por la misma organización en países no europeos como si fueran menos trascendentes. A lo que quiero llegar es que sugerir que por ello no nos debe importar París es la crítica equivocada y que despreciar a la gente que expresa solidaridad con París como si fuera ridícula o superflua es un grave error.

Al final del día, sería bueno admitir, la mayoría de nosotros no pasamos del activismo de sillón, así que dejemos de pelearnos por las causas que merecen simpatía y las que no. Mostrar solidaridad siempre va a ser un acto humano que nos identifica y unifica.

Je Suis Charlie

Foto: Emilien Etienne utilizada bajo licencia de Creative Commons.

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