Hay varios niveles de lujo de trenes de noche. Yo te voy a hablar del tren básico, básico: el que probablemente pienses tomar si estás en un eurotrip donde quieres ahorrar en transporte para gastarlo en más destinos, comida y mucho vino.

Seis personas en un espacio de dos metros por dos metros y cachito. Un hombre enorme platica con el ragazzo italiano que va a visitar a su novia. En el colchón del centro un personaje del que no puedo dar muchos datos, con un tapabocas se duerme al instante con su maleta de almohada y descalzo. Al señor abajo de mí le esperan unos tagliatelle al fagiano después de las diez horas de camino que nos quedan. Yo me tengo que hacer la dormida antes de que el hombre enorme me pida cambiarme de lugar porque no cabe en el colchón de hasta abajo.

Cuando tomé el tren de noche de Verona a París pensé: ¿qué tan malo puede ser? ¿Que te toque un señor apestoso en la cabina? ¿Qué venga lleno? ¿Que haya fila para el baño? La primera impresión fue excelente. Un solo ragazzetto de veinte años: su casa en la zona prealpina, el queso más bueno de Italia en su región, el mejor equipo de hockey en el pueblito de al lado, fotos del risotto que había devorado hacía unas horas con hongos recogidos por él en la montaña. Parada en Milán; parada infernal.

Claro, toda esta maravillosa conversación se dio antes de que llegaran 260 kilos y tres bocas más con sus respectivos ronquidos. El ragazzetto nos cambió por 100 kilos de conversación fluida sobre las diferencias entre África y Europa.

Se acabó la plática y cada quien a su cama. Nos fuimos envolviendo poco a poco en un olor a axila con odor de señor con capas de ropa sucia, con aliento de un mes y calvicie grasosa; y la puerta cerrada. Probablemente el roce entre lonjas, de piel con piel, de respiraciones tan cerca de otras, formaban también parte de los ingredientes del perfume viajero.

Aún así, te dejo escritos los aspectos positivos de esta decisión:

Te ahorras el taxi o camión de los aeropuertos: el aeropuerto del que sales y al que llegas están generalmente en las afueras de la ciudad mientras que siempre es más fácil el transporte de una estación de tren a tu hotel o a donde te quedes.

No tienes límite en el peso y la medida de tu maleta. Debes considerar que también este aspecto puede ser negativo al ver llegar a un migrante con sus seis bagajes, los acomoda en el micro pasillo de la cabina y aparte se enoja si llegas a pisar alguno sin querer cuando vas al baño que porque le lleva regalos a sus veinte familiares que lo esperan.

Para terminar, unos tips para vivir mejor tu aventura:

Llévate almohada porque no te dan y trata de irte al colchón de hasta arriba si no eres de mareo fácil. Hay más espacio alrededor de ti: ganancia en aire para tu ser y espacio para tus cosas. Sólo no olvides el tapaojos porque la luz está a treinta centímetros de ti y no la apagas tú. Tampoco olvides que el trayecto París-Pekín en 1902 tomaba 22 días.

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