Imagen: Lauren Green. British Fashion Council Colleges Digital Portfolio Award. Utilizada bajo una licencia de Atribución de Creative Commons

A pocas semanas de la presentación de la tan esperada línea creada por Balmain en colaboración con H&M la indignación continúa alrededor del mundo: una pésima organización, una producción bastante limitada para la difusión que recibió, promesas sin cumplir y lo peor de todo fashionistas desataron su ira y desesperación en una violenta horda, provocando, por ejemplo, que en la capital de nuestro país la sucursal de Santa Fe fuera clausurada temporalmente por autoridades de Protección Civil.

En días anteriores, Eduardo escribió un  artículo sobre el tema, mismo que titulamos ‘La alianza de la temporada’; fue grande mi sorpresa al leer las noticias sobre el frenesí que la presentación desató en México; sobre todo porque no podía recordar un momento en que el consumismo se hubiera hecho presente de manera tan agresiva entre nuestros connacionales.

Esto me llevó a la siguiente reflexión: ¿Cuántas de las personas que tenían hasta 12 horas fuera de la tienda donde sería lanzada de forma exclusiva la colección en nuestro país tienen realmente la solvencia económica para poder adquirir las codiciadas piezas? El personaje de Carrie Bradshaw, en la serie Sex and the City es un claro ejemplo de los sacrificios que puede hacer un ‘amante de la moda’. Ésta treintañera editora de una columna de moda está dispuesta a sacrificar necesidades básicas con tal de adquirir un par de piezas de diseñador.

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Foto de Giuseppe Milo. Utilizada bajo una licencia de Atribución de Creative Commons.

“Fashion is the art. Designers are the gods. Models play the part of angels in the dark.”

Con estas líneas abría el éxito de dance de 2006 presentado por Jimmy James: “Fashionista”.

En aquel entonces me parecía una metáfora perfecta para lo que para mí era la moda: una expresión más del arte, digna de admiración e incluso más sublime que las demás, dado que era la única que podía ser portada,  la piel que decidíamos usar, que expresaba no sólo el contexto del individuo, sino también su estado de ánimo, el clima de la zona, las actividades que planeaba realizar y su situación socio-económica.

Nueve años después, las mismas palabras expresan algo totalmente diferente para mí: el consumismo en su máxima expresión, la moda convertida en un culto digno de estudio. La moda está en crisis, el consumismo se ha apoderado del medio desde sus cimientos y ha afectado no solamente a su público receptor sino también a sus creadores, a sus difusores y peor aún a sus manufactureros.

Este consumismo  afecta no sólo a sus compradores. En años recientes hemos sido testigos de los estragos que el fast fashion ha hecho en nuestro planeta: Producciones de algodón modificadas genéticamente para satisfacer la constante demanda de las grandes productoras de moda, procesos de teñido que afectan la salud de sus obreros y vecinos de las plantas de trabajo; y lo más impactante, las inhumanas condiciones a las que son sometidos los involucrados en la confección de diversas prendas: largas jornadas de trabajo, salarios por debajo de lo mínimo e inmuebles que carecen de las condiciones básicas de seguridad, todo esto denunciado en el documental The True Cost (2015) del director Andrew Morgan (pueden verlo en Netflix).

Pero ¿qué hay de la cima? En días recientes algunos grandes creativos han abandonado importantes maisons de alta costura; ¿podemos considerar una coincidencia que en el último mes tres reconocidas marcas perdieron a sus diseñadores líderes? Suzy Menkes, en su rol como editora internacional de Vogue para su edición inglesa publicó un interesante artículo donde plasmaba su opinión sobre la salida de Raf Simons de Dior.

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Foto de Nikos Koutoulas. Utilizada bajo una licencia de Atribución de Creative Commons.

En el artículo expresaba cómo Simons había mencionado en repetidas ocasiones la constante presión que los directivos ejercían sobre él y como dicha presión empezaba a afectarle. Cabe recordar que la llegada de Raf a la afamada casa se debió a la inesperada salida de Galliano tras desafortunadas declaraciones realizadas durante una noche de copas a un par de turistas, donde el grande de la moda expresaba su amor al líder del Tercer Reich.

Tal vez sea esta la presión que empujó a Cara Delevigne a decirle adiós a las pasarelas, de acuerdo a las declaraciones que dio para una entrevista en The Times donde argumentaba que el mundo de la moda la había hecho caer en un vacío existencial.

¿Y nosotros, los consumidores? Parecería que sólo tenemos ojos para grandes marcas y no miramos propuestas alternativas. Los creativos emergentes sucumben en el intento por posicionarse, encontrándose con puertas cerradas por parte de las plataformas, medios y públicos que  usualmente prefieren acudir a producciones que puedan suplir su constante necesidad por satisfacer su deseo consumista.

¿Quién es el culpable, la cultura, la industria, los diseñadores ‘en la cima’, los capataces de las maquilas, los empleados de ellas, los vendedores en las tiendas…los consumidores, las revistas de moda? Todos y ninguno somos culpables.

Sin duda, como medios compartimos un poco de responsabilidad en una cultura de consumo. Y somos parte de ella. Nuestra labor se resume en informar y compartirles aquello que creemos que merece la pena, pero al mismo tiempo invitarlas e invitarlos a la reflexión. 

Como dije arriba, para mí la moda es arte, es la piel que elegimos, una de las maneras en las que nos expresamos. Está en nosotros el discernir si la manera en la que llevamos la moda se ajusta a nuestro presupuesto, expresa el mensaje que queremos transmitir, si es el reflejo de nuestro contexto, si afecta a algunos o apoya a muchos.

“That beauty is a trade and everyone is paid”. Ésta es la línea que precede la lista de diseñadores que enuncia el estribillo de “Fashionista” previo al coro. Al final todos resultamos ser fashion victims. Pero, ¿estamos dispuestos a aceptar, sin peros ni reservas, estas obligaciones disfrazadas de privilegios?

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Foto de Joanne Chiiu. British Fashion Council Colleges Digital Portfolio Award. Publicado en el perfil de Flickr de la University of Salford Press Office. Utilizada bajo una licencia de Atribución de Creative Commons.

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