Ilustración: Pilar Gómez

La sala estaba llena, muchos aspirantes a bufón esperaban pacientemente a que les tocara su turno. Todos presentaban una apariencia casi simétrica, cada uno portaba un traje formal, unos zapatos impecables y una camisa sin ninguna arruga, eso sí, la corbata que portaban difería en colores siguiendo un patrón particular que dividía la concurrencia en grupos ideológicos. Había algunos que se habían atrevido y buscaban la originalidad: unas botas vaqueras, una camisa desabrochada, unos tenis…  esperando con esta obtener la aprobación si no unánime, sí racional por parte del jurado.

El que precedía la fila mostraba un poco de inseguridad, sabía que ese momento era decisivo para su carrera artística. Su vida entera había sido una preparación para obtener ese sí tan esperado. Había nacido en una familia de bufones, su carrera se había enfocado completamente a las capacidades de un bufón, su vida privada buscaba embonar perfectamente en ese papel, ese papel que le daría una década de trabajo para descansar el resto de su vida entre giras internacionales y pequeñas presentaciones sin trascendencia.

-Bufón 2066, pase por favor.- dijo el primer juez del podio.

Pasó titubeante ante el estrado. Esa parte nunca le gustaría, esa silla no parecía muy cómoda. Esa silla era la causante que el último Bufón se sintiera solo, aislado, frente a un mundo hostil.

-Buenas tardes, Bufón 2066, a continuación le darán un pequeño monólogo y tendrá que leerlo con un poco de titubeos y haciendo las pausas en las pequeñas anotaciones. Siga cada punto en el que marca la dirección de su mirada durante la lectura y no olvide dar una apariencia relajada durante el proceso.

The empty stage

Foto: Photo Cindy con licencia de Creative Commons 

– Con gusto, señor…¿?

-Soy el director de la obra. No es necesario que sepan mi nombre.

-Está bien, señor director.

El Bufón procedió a leer detenidamente el largo monólogo. Volteó a derecha e izquierda cuando las flechas se lo indicaban. Titubeó cuando leía las pausas en el papel. Agregó un poco de errores gramaticales para darle su toque personal, esperando que esa iniciativa suya generara un poco de empatía en los jueces.Terminó de leer la última línea y sacó su sonrisa estrella, esa que le enseñaron en la carrera, ladeo un poco el copete y fijo su vista al podio.   La mirada de los tres jueces era implacable.

-Traigan al staff para hacerle la segunda prueba.-dijo el segundo juez.

Un hombre pequeño que estaba detrás del estrado corrió hacia una puerta al fondo de la sala. Abrió una puerta y de ella entraron veinte personas con atuendos casuales. Parecía que a ellos no los habían preparado para la escena ya que tenían la apariencia de cualquier persona.

-Que pase el grupo de las madres.- Del grupo salieron ocho mujeres y se acomodaron justo enfrente del Bufón.

-Muy bien señoras, pongan mucha atención.- dijo el mismo juez- En cuanto les de la señal, comenzarán a reclamarle todos los problemas que tengan en su casa y con sus hijos, por favor, tomen en serio su papel ya que queremos ver la reacción de este candidato.

Dio la señal y el grupo de mujeres transformaron su cara expectante por una llena de dolor. Sus lágrimas afectaron al Bufón, que no esperaba que el llanto empezara tan rápido. Sin embargo, su preparación y anhelo de obtener el papel le dieron el coraje para aguantar todos los comentarios y las lágrimas que caían sobre su corbata.

El juez levantó la mano en señal de pausa y las mujeres regresaron a su sitio. Miró al ayudante y este pidió que el grupo de jóvenes pasara al frente. Cada uno portaba un celular, lo miraron fijamente y colocaron sus dedos estratégicamente en el teclado.

-Bienvenidos jóvenes.- dijo el segundo al mando-  Por favor, en cuanto de la señal, analicen la apariencia del aspirante y pongan en el simulacro de Facebook todo lo que piensen a primera vista. Sean lo más apegados a lo que pondrían poner en sus redes sociales. Solo tienen permitido entradas a páginas no oficiales en caso de que requieran alguna referencia. Entre más críticos se vean, mejor.

El juez levantó la mano y los jóvenes empezaron a ametrallar sus celulares con sus dedos. La rapidez con la que escribían denotaba mucho su práctica. Duraron 10 minutos escribiendo con furtivas miradas despectivas hacia el Bufón.  A la señal pararon y sonrieron contentos de haber finalizado la jornada. Salieron estrepitosamente por la puerta.

– Bufón, a continuación le harán unas preguntas. No se sienta con la necesidad de contestar todas. Lo importante es que la atención se quede en usted, haga lo que haga.- dijo el tercer juez.

El tercer grupo fueron varias personas que simulaban nacionalidades diferentes. Algunos tenían cámaras y otros micrófonos. Todos miraron fijamente al estrado esperando la señal. En cuanto se levantó la mano, todos y cada uno de ellos pidieron ser atendidos. Cada uno tenía una queja, una petición, una pregunta. Unos anotaban y otros negaban con la cabeza. Las preguntas y respuestas se sucedían con tanta rapidez que las cámaras no alcanzaban a grabar la totalidad de la conversación. El ambiente se acaloró tanto que los jueces se sintieron sofocados.

-Con eso es suficiente.- dijo el primer juez – Favor de retirar al staff– gritó al ayudante.  Mientras salía el grupo, acomodaron al Bufón en la silla para tomarle la foto de audición.

-Muchas gracias señor Bufón, en cuanto tengamos una respuesta nos comunicaremos con usted.

El Bufón salió un poco aturdido pero satisfecho con su trabajo. Se lució en la última etapa y lo sabía. Sabía que tenía una oportunidad de ganar el papel. Camino muy tranquilo hacia su coche y pensó que muy probablemente algún día tendría hasta un avión.   Mientras él soñaba en un futuro económico, en la sala de audición los jueces seguían dialogando sobre el trabajo. Habían discutido bastante, ya que no había publico se habían despojado de su corteza formal y gritaban sus opiniones sin miedo a ser escuchados. Varias veces tenían desacuerdos y la mejor manera en que lo manejaban era no metiendo sus narices en el trabajo de los otros. Sin embargo, en las audiciones era necesario estar de acuerdo con unanimidad.   Después de horas, meses o años de discusión, los jueces deliberaron que el Bufón número 2066 era el mejor para el papel.

-Su personalidad atraerá todas las miradas, lo cual nos beneficia a nosotros. Dará la apariencia de no llenar la silla y eso hará que todos lo culpen a él de la actuación. Podremos mover el guión las veces que sea necesario, su talante aguantará cualquier cambio. Si nos equivocamos, sacamos algún cuento alterno a la obra y listo, eso entretendrá a la gente y seguirán pagando por la función.- dijo el segundo juez.

– Lo importante aquí es que la luz de los reflectores siga en él y no en nosotros. Total, si causa muchos problemas siempre podremos planear una gira.  Los tres jueces se miraron conformes y acordaron la elección.

 Y esto, señoras y señores, es como se hace un rol. O más bien cómo se elige al futuro gobernante de nuestra nación. 

Empty Theatre (almost)Foto: Kevin Jaako con licencia de Creative Commons 

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