Foto de Eduardo Rohner. Utilizada bajo una licencia de Atribución de Creative Commons

La feminización de lo masculino y la masculinización de lo femenino: la moda no fue ajena a las olas que provocaron los cambios y evoluciones de roles de género que se dieron a la par de la industrialización de nuestro planeta durante los dos siglos pasados.

La tendencia de las prendas unisex, aquellas que no hacen distinción de género, apareció durante la década de los 60 y fueron recibidas con el desdén que afronta cualquier propuesta que desafía el status quo del momento, pero lo cierto es que las semillas de ésta ya se habían sembrado muchos, muchos años atrás.

Hacia 1850, la activista y feminista americana Amelia Jenks Bloomer popularizó el uso de una peculiar prenda que se popularizó con su apellido. Los “bloomers” consistían cortas faldas que revelaban las enaguas con forma de pantalón de sus portadoras. Este conjunto escandaloso abría brecha a la liberación femenina a la par que las palabras de las sufragistas; también marcaba el nacimiento de lo unisex.

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Los escandalosos ‘bloomers’ (la parte de abajo del ajuar de la mujer en la imagen), fueron utilizados por feministas de finales del siglo XIX en Estados Unidos como representación física de sus demandas, entre otras cosas, el derecho a votar. En la imagen: la sufragista americana Mary Edwards Walker porta la tendencia. Tomada del perfil de Flickr de elycefeliz y utilizada bajo una licencia de Creative Commons.

Pero tuvieron que transcurrir más de cincuenta años antes de que las mujeres comenzaran a utilizar pantalones de manera cotidiana, y bueno, con material que no estaba destinado a ser ropa interior.

Durante la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres comenzaron a tomar los trabajos de mano de obra que dejaron los hombres que fueron a servir en sus respectivos ejércitos, optaron también por utilizar pantalones para atender a sus labores fuera de casa. Más tarde, en 1928, Levi’s presentaría el primer par de jeans femeninos, una prenda que otrora se asociaba exclusivamente con el género masculino y con la clase obrera.

Años más tarde, Roy Halston Frowick e Yves Saint Laurent serían pioneros en adaptar la moda masculina para poder ser interpretada desde una perspectiva femenina. Halston transformaría la camisa de vestir para crear el vestido camisa. Por su parte, Saint Laurent, crearía “le smoking”, un sofisticado y formal conjunto de dos piezas creado para emular el tradicional traje masculino.

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Foto cortesía de Tiina The Store. Utilizada bajo licencia de Creative Commons.

¿Dónde más se pueden encontrar piezas unisex, se preguntarán? El modelo de gafas tan conocido y afamado aviator de Ray-ban es unisex. Los boyfriend jeans, que aparecieron para emular aquellas piezas que pareciera la mujer sacó del guardarropa del novio o padre, hoy en día se utilizan de manera indistinta por mujeres y hombres, es decir, ya no sólo estamos hablando de la feminización de lo masculino, sino la masculinización de lo femenino.

Los clásicos Converse blancos también son un claro ejemplo de una pieza que sin pretender ser unisex se utilizan ambivalentemente por ambos sexos. Por otro lado, la marca italiana Moschino, no especifica en sus etiqueta si sus piezas están destinadas a ser utilizados por mujeres u hombres, por tanto muchas de sus piezas–camisas, camisetas, suéteres–son de corte amplio y recto.

Actualmente muchas marcas emergentes apuestan por este estilo ya que ven en él un futuro prometedor, no sólo por el diseño sino también por las ventajas que ofrece la reducción de sus costos de producción. Al final son cada vez más las piezas en nuestro guardarropa las que pueden ser catalogadas dentro de esta tendencia que parece al fin encontró la época adecuada para quedarse.

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Foto por Maria Morri. Utilizada bajo una licencia de atribución de Creative Commons.

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