Un relato sobre tentáculos de pulpo

No todas las experiencias culinarias se dan en los restaurantes más exclusivos de una ciudad; sin duda un restaurante ofrecerá la versión más elaborada, limpia o de construida de algún platillo que, no lo niego, dejan una sonrisa grabada; pero a mi parecer, la verdadera gastronomía inicia en la calle.

Yo en lo personal no suelo buscar los locales donde vea más gente, o donde encuentre los sellos de guías turísticas en las ventanas, mucho menos en cadenas de comida rápida para “saciar” el hambre y seguir caminando, sino que disfruto el buscar restaurantes o puestos callejeros donde se vea más gente local o donde los platillos, aunque muchas veces exóticos, me llenen automáticamente el ojo y me susurren al oído: “cómeme”.

Al visitar cualquier país asiático se tienen dos opciones culinarias: probar la comida más refinada o la comida callejera, no hay de otra sopa, no habrá que conformarnos con una comida promedio. No hay nada peor que ir a un lugar en dónde lo único que se antoja probar es el arroz, sólo para quedar convencida que la mamá de uno lo cocina mejor. Para probar el verdadero sabor de un lugar y vivir la experiencia, es mejor la segunda opción.

En mi última visita a Asia, específicamente a Seúl, en Corea del Sur, decidí seguir mis propios consejos y aventurarme en su gastronomía “de barrio”. Calamares a la plancha, pulpo seco, brochetas de anguila y diferentes tipos de pescado, hasta postres como unos simpáticos conos en forma de pescado, coronados con nieve sabor vainilla, miel de abeja y té verde: una combinación muy dulce.

Cuando el jet lag empezó a rendir cuentas en el cuerpo y el estómago pedía comida, nos topamos con un pequeño lugar de mesas redondas y pequeños bancos de plástico donde la especialidad eran los mariscos servidos en una olla con una parrilla debajo de ésta, para que no perdieran el calor. Camarones, ostras, ostiones y percebes eran algunos de los mariscos que éstas llevaban, sin embargo la especialidad de la noche fueron los tentáculos de pulpo crudos, los cuales aún se movían en momentos por los reflejos, cortados en pedazos pequeños para poder comer con mayor facilidad.

Las advertencias al comer este platillo son principalmente tener cuidado y masticar bien para no sufrir ahogamiento, ya que se siguen moviendo aún en la boca, y muchas veces pegándose al cachete o al paladar, y quizá cambiar los palillos por un tenedor para poder agarrar bien los tentáculos que pareciera  quieren escapar del plato, por lo que es difícil  agarrarlos.

El sabor es igual al del pulpo cocido, con un poco más de sabor a la sal (o como se dice comúnmente, “con sabor a mar”). Recomiendo acompañarlos con salsa de soya, o cualquiera que pongan sobre la mesa,  puede ser alguna enchilosa o agridulce, para probar cómo cambia un poco el sabor con éstas, también se le pueden poner semillas de sésamo junto con la salsa agridulce (esta fue sin duda, mi combinación predilecta). Atrévanse a probarlos si en alguna visita a Asia se topan con este curioso platillo.

Mucha gente me pregunta por qué pruebo platillos tan extraños o poco apetecibles, me dicen que estoy loca cuando les cuento cuál es el siguiente en mi lista de platillos exóticos. La respuesta es simple: para poderles compartir mi experiencia.

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