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Las redes sociales se inundan de fashionistas, hombres y mujeres de cualquier parte del mundo que hacen alarde de sus mejores ajuares por medio de sus diversas cuentas. En un universo dominado en su mayoría por adultos jóvenes destaca una mujer de 94 años, quien se ha posicionado como una propuesta fresca y divertida, conceptos difíciles de imaginar para un personaje de su edad.

Iris Apfel nació en Queens, Nueva York, durante La Gran Depresión. Hija única de Samuel y Sadye Barrel, desarrolló su sentido de la moda en la boutique de su madre. Aún menciona con emoción su primera compra: un broche que encontró en un sótano. Al verlo quedó enamorada y sintió el impulso de comprarlo, desafortunadamente no pudo adquirirlo al momento, y se propuso ahorrar y regresar por él. Todos los días la pequeña Iris visitaba la tienda y preguntaba al encargado si aún continuaba a la venta el codiciado accesorio, hasta que un día el hombre le concedió un descuento que se ajustaba a su presupuesto.

A esa misma edad –once años– la fashionista en potencia recibió de sus padres un atractivo regalo económico para la época: veinticinco dólares. Su instinto la hizo ir a una tienda de rebajas donde encontró el atuendo perfecto, pero recordó un importante consejo dado por su madre: “no compres lo primero que veas” así que fue a indagar en tiendas de más alto costo. Al final tomó una decisión que marcaría su vida de futura shopaholic, regresó, compró el vestido que había visto en la primera tienda, junto con unos zapatos y un sombrero para complementar su ajuar, y cerró su día de compras con un delicioso almuerzo.

Con el paso de los años se inscribió a las universidades de Nueva York y posteriormente de Wisconsin, donde obtuvo los títulos de Historia del Arte y Artes respectivamente. Fue durante su época como estudiante en Wisconsin cuando decidió que quería usar jeans, era la década de los 50 y en aquel entonces el uso de la prenda estaba limitada a los varones. Iris se presento en una tienda y le pidió al encargado un par, a lo que el contesto conmocionado “las jovencitas no usan jeans”, pero fue tal la insistencia de la estudiante que el vendedor termino por ordenar unos hechos especialmente para ella, siendo así en una de las primeras mujeres en usar dicha prenda.

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Imagen de la cuenta de Instagram personal de Iris Apfel.

Al salir de la universidad, uno de sus primeros trabajos fue en un almacén, donde recuerda que el supervisor siempre la observaba lo cual en ocasiones resultaba bastante intimidante. Un día su superior la mando llamar. Ella asustada se acercó a escuchar lo que tenía que decir aquel hombre para llevarse una sorpresa: “No eres bella,” le comentó, “pero tienes estilo y eso es mucho más valioso”.

A la edad de veintisiete años contrajo nupcias con Carl Apfel –co-fundador y socio en Old World Weavers, una firma textil ideada tras la necesidad de tapices que tuvieran ese aire antiguo sin influencias de ningún tipo– quien sería su marido durante los siguientes sesenta y siete años.

Iris, quien comenzó su carrera como diseñadora de interiores, introdujo a su marido en el mundo de la decoración, viajando por el mundo para encontrar piezas para sus importantes clientes, entre los que destacan nueve presidentes de Estados Unidos, y llegó a ser considerada la diseñadora y restauradora oficial de la Casa Blanca. De Truman a Clinton, la pareja Apfel se destacaba por su buen gusto y respeto al diseño clásico, preservando piezas invaluables e introduciendo nuevos accesorios que no alteraban la armonía en la decoración.

A pesar de su vocación en el interiorismo, la consolidada diseñadora continuaba con una intensa pasión por la moda, la cual desahogaba en cada uno de sus viajes adquiriendo piezas y accesorios para sus ajuares provenientes desde las más afamadas maisons hasta el trabajo más tradicional de diversos pueblos. Así fue naciendo su impresionante colección, a la cual ella simplemente llama guardarropa.

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Imagen de la cuenta de Instagram personal de Iris Apfel.

“Pienso que es mejor ser feliz que estar bien vestido”.

Iris se había convertido en una eminencia en su terreno y en un interesante personaje de la escena social neoyorkina. Fue en un evento social donde conoció a Harold Koda, entonces comisionado del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, quien quedó impresionado con la colección de prendas y accesorios que la también socialité poseía.

En un principio la intención de Koda era presentar una exhibición sobre las piezas únicas que integraban la lista de accesorios de Iris, pero entre más conocía a tan interesante mujer más se convencía de que la presentación no podía ser así de simple; debía integrar por completo el concepto de su peculiar estilo, el personaje y sus interesantes vestuarios.

Fue así como el 13 de septiembre del 2005, Iris Apfel fue presentada al mundo a sus ochenta y cuatro años como La Rara Avis: La Irreverente Iris Apfel. Una colección de ochenta ajuares que tendría tal impacto en la ciudad de Nueva York que la catapultó a la fama inmediata y mundial, era el nuevo descubrimiento del mundo de la moda, aunque su edad y trayectoria hacían parecer esto difícil. La colección le dio la vuelta al mundo y la colocó en las portadas de las revistas más renombradas. Iris había nacido como un icono en un mundo que ella llevaba setenta y tres años de explorar.

Iris Apfel photo by Rob Rich © 2011 robwayne1@aol.com 516-676-3939
Iris Apfel. Ph. Rob Rich © 2011 robwayne1@aol.com 516-676-3939

Además de las diversas publicaciones donde la ahora afamada coleccionista compartía su experiencia como fashionista, celebridades la pedían como su consultora de estilo, diseñadores solicitaban su consejo durante la elaboración de colecciones y los aparadores de diversas tiendas del mundo vestían sus maniquís con los emblemáticos y enormes lentes redondos y negros que la caracterizan. Apfel se convirtió también en catedrática de la Universidad de Texas en su programa de visita a Nueva York, iniciativa del departamento de Textile & Apparel.

En la actualidad Iris sigue presentando conferencias, impartiendo clases, dando entrevistas, diseñando calzado y accesorios, sentándose en la primera fila de las más importantes semanas de la moda y visitando tiendas de descuentos y segunda mano en la búsqueda de nuevas adquisiciones para su colección. Iris también dona cierto número de ajuares a diversos museos del mundo y en el último año se adentró a las redes sociales con una divertida cuenta en Instagram donde comparte un poco de su vida diaria.

Una viuda de más de nueve décadas que ha demostrado al mundo que la moda va más allá de la imitación, que el buen gusto no se define con dinero y que el aventurarse en extrañas y atrevidas combinaciones no es exclusivo de cierta edad.

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