Una calle del centro de Bogotá. Foto: McKay Savage con licencia de Creative Commons

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Soy de Colombia,  una nación que ha vivido alegre a pesar del dolor, donde hemos aprendido a crecer en el sufrimiento y a bailar en la desolación. Cuando todos nos pensaban perdidos hemos encontrado soluciones para salir adelante, por eso mismo algunos somos celosos con lo nuestro y entre los países de Latinoamérica no pensamos que haya uno más alegre, perseverante, colorido y amable que Colombia.

Comparar es propio de nuestra gente: decir que aquí las cosas no son como allá, que las palabras son distintas y nosotros las decimos mejor, o que la comida aquí es un poco rara y la nuestra es mejor. Al principio los colombianos disfrutamos de lo ajeno con nostalgia –o por lo menos ese fue mi caso–sin embargo, con el pasar del tiempo y la apertura del corazón, se aprende a disfrutar de lo igual en lo diferente.

Eso es precisamente lo que México es para mí, pues luego de un tiempo me di cuenta de lo similar que son estos países, de cómo ambos tienen gente tan alegre y perseverante y hermosas callecitas de colores con vías empedradas que pintan la cultura del lugar. Y son diferentes porque la gente que los habita es diferente, habla diferente y piensa diferente. La mexicaneidad y la colombianeidad se han forjado en siglos de historia y han creado culturas que tienen mucho que apreciar y también mucho que mejorar, pero sin duda son admirables.

Les quiero compartir lo que siente una colombiana en México –o por lo menos lo que he sentido yo. En principio se siente muy a gusto, como dicen los mexicanos, pero a la vez se siente la diferencia de estar lejos de casa, se siente admiración por lo que el pasado ha dejado construido en este país, y cómo las culturas precolombinas tan avanzadas dejaron huellas que permanecen y les dan identidad como mexicanos, cosa que atesoran y comparten con los visitantes sintiendo orgullo por lo suyo, es algo que todo foráneo admira profundamente.

Una chilanga más

Sin duda aterrizar en la Ciudad de México es entrar en un crisol de realidades: un lugar donde convergen los restos del pasado con las ideas que crean el futuro. Esta ciudad es para Latinoamérica un punto de referencia en temas económicos, políticos, tecnológicos, académicos, culturales entre otros. Es una ciudad en donde ‘lo interesante’ pasa.  He tenido la oportunidad de disfrutar de México como turista y como local, y ahora que vivo en la capital mexicana he vivido como una chilanga más, tomando el transporte público y conociendo los millones de rostros de sus ciudadanos.

En la Ciudad de México he conocido lugares mágicos, como Tlalpan Centro, Coyoacán, San Ángel, Mixcoac o el Centro Histórico, donde te sientes en el ‘verdadero México’, donde ves lo que como extranjero esperas ver en México: calles de colores donde la gente viste y come lo tradicional, en donde vale la pena admirar una puerta por un buen rato, pues está llena de detalles. Donde lo más chévere – o debería decir padre– es la gente, los mercados y las iglesias. También me encanta la Roma o la Condesa, pues parecen lugares estancados en los 70’s u 80’s, pero llenos de vida y gente joven, o vieja que quiere mantenerse joven.

AnaPau | Mazamitla | Mercado
Foto: Ana Pau; Mazamitla México

En México, se comparte con sabores

En México la gente comparte, desde la comida entre compañeros de clase, hasta he recibido boletos para subirme al metro de gente que se que solo tiene lo del día. México se mantiene muy familiar, o por lo menos lo intenta. En este país sentarse a la mesa es compartir la cultura en un bocado (debo reconocer que soy gran fanática de la comida mexicana) la cantidad de platillos que recogen la historia de una región y su gente hace que la hora de sentarse a comer sea un momento mágico tanto para los locales como para los extranjeros, pues su cantidad de opciones son infinitas, pero sobretodo hacen que la experiencia en México sea completa.

México es un país lleno de lugares increíbles que conocer, debo decir que de Norte a Sur he conocido mucho, costas, montañas y valles, todo ha sido hermoso, puedo decir que conozco más lugares de México que de Colombia – cosa que me da un poco de vergüenza- y aunque falta mucho por descubrir, México es un tesoro que espero su gente siempre quiera proteger.

Así, México es mi segunda casa es igual que Colombia en muchas cosas, pero en México se vive y se siente diferente: se vive con mexicanos y se comparte con sabores. Los paseos por sus callejuelas se sienten iguales a aquellos de mi país porque sabes que fueron construidas por gente con la energía y la alegría de un latinoamericano, pero es diferente porque estos rincones son auténticamente mexicanos.

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