Neptune Oyster, Boston

Este mundo y sus habitantes se dividen en dos grupos; no más. Los que viven para comer y los que comen para vivir. El primer grupo es el mercado meta de un restaurante escondido entre las calles más emblemáticas del centro de Boston.

El Neptun Oyster es, primordialmente, concurrido por los locales que saben dónde buscar una buena comida. Por ellos, sus amigos foodies y viajeros que buscan vivir la experiencia de empaparse de la cultura original y no la creada para los turistas. Pues bien, un amigo que conoce a la gente indicada en el tema de la vida gourmand me recomendó este restaurante y nos pintó tan bien la experiencia que un grupo de amigos cruzamos toda la ciudad para hacer una espera de tres horas… sí, tres horas, para poder entrar al pequeño local.

Ahora bien, cada quien sufre como le place y nosotros empleamos esas tres horas recorriendo las calles en pleno 31 de octubre, fiesta nacional de Estados Unidos. La noche será recordada con la originalidad que Halloween y la imaginación y creatividad de la población emplearon en volver todavía más pintoresca la ciudad de ladrillos rojos.

Mientras tomábamos unas copas y nos reíamos de las locuras de la concurrencia, mirábamos ansiosamente al reloj para ver cuánto nos faltaba para poder entrar al tan concurrido local.

La espera valió la pena, sí señor; valió completamente la pena. Cuando entras, la puerta hace un tintineo para anunciar tu llegadas. El lugar no tendrá más de siete mesas y la barra es utilizada por las parejas o personas solitarias que quieren disfrutar de una buena cena. Los manteles blancos y las mesas altas le dan una apariencia de los antiguos restaurantes de la ciudad. En la entrada, se pueden observar las variedades de mariscos recién sacados del agua marina, mientras que un mesero en turno abre al momento las conchas y prepara cada platillo a escasos minutos de ser servidos. El lugar te promete algo único y el menú te hace pensar en que ojalá pudieras probar todo y no perderte de nada.

Las obligatorias: un vino blanco recomendado por el somelier, los ostiones frescos o cualquier marisco dentro de la sección de entradas, la langosta en todas sus presentaciones y la indispensable Clam Chowder, orgullo nacional, y patrimonio culinario de Boston.

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