Actualmente existen personas que se dedican a escribir autobiografías. No, no me refiero a gente que tiene vidas tan interesantes y llamativas para el público que una sola autobiografía no es suficiente para contar todas sus fascinantes anécdotas. Me refiero a los escritores fantasmas, aquellos escribas que se dedican a escribir autobiografías o cualquier tipo de publicación cuya autoría será atribuida a otra persona.

“¿Cómo?”, preguntas querido lector, mientras me muestras tu copia autografiada de Confesiones de una heredera de Paris Hilton ¿Podría ser que P.H. Lovecraft (como la conocemos sus fans) no haya escrito su propia autobiografía?

“Sí, querido lector”, te contesto tomando gentilmente tu hombro para reconfortarte: está dentro del reino de las posibilidades que Paris Hilton, a quien se le ha atribuido la característica de “ser famosa por ser famosa”, no haya escrito un libro.

Pero no desesperes, aunque tu imagen de la autora Paris Hilton haya cambiado radicalmente, todas esas incontables horas que pasaste leyendo y releyendo cada pasaje de la vertiginosa e inspiradora vida de la señorita Hilton no han perdido su mérito literario.

El que las páginas contenidas en Confesiones de una heredera te causaran inspiración se lo podemos atribuir a dos causas: a) quien lo haya escrito hizo un excelente trabajo literario  o b) a un sistema educativo defectuoso. Para este artículo me centraré sólo en el primer aspecto. Es este el que contiene varias preguntas que creo es muy pertinente hacer:

¿Quién es el verdadero autor del libro, Paris Hilton o quien lo escribió? ¿Es quien dicta las anécdotas que serán expuestas en el libro quien merece su autoría o quien las estiliza? ¿Qué es más significativo para la autoría, el contenido o la forma? Estas y muchas preguntas más serán reformuladas…

Comencemos por preguntarnos lo que ya nos hizo el favor de preguntar Foucault ¿Qué es un autor? La respuesta automática es señalar a esa persona que ha creado la obra. No obstante, Foucault en su texto ¿Qué es un autor? pone en jaque la automatización de esta respuesta.

Foucault reconoce que el autor aún existe, pero sugiere que cambiemos nuestra perspectiva de cómo lo percibimos. Una de las cosas que menciona en su texto es que existen marcas que el autor puede dejar que remitan a él (gramática, estética, etc…), pero este no es siempre el caso, por ejemplo, en las novelas estas marcas pueden ser de un alter ego que no remiten necesariamente al autor.

Es fácil identificar los elementos de un texto como marcas reconocibles del autor, sin embargo el escritor puede hacer uso de su ingenio para que las marcas parezcan de uno u otro autor. El autor, regresando al texto de Foucault, ejerce una función en el texto y como tal su nombre no es necesariamente evocativo al nombre propio del sujeto creativo. Por lo tanto existe una imagen conceptualizada del autor la cual tiene una función dentro del texto, y existe el autor sujeto: el productor en carne y hueso.

Es hasta cierto punto un error intentar identificar en la “imagen del autor” al autor sujeto creativo, y viceversa. A diferencia del autor de carne y hueso, la imagen del autor constituye una realidad inestable, pues es el producto entre interventores heterogéneos(Maingueneau, 51).  Por lo tanto no es efectivo ni certero buscar en las marcas estilísticas algo más que la imagen del autor. Por ejemplo, la forma en que está escrito el primer párrafo de este articulo puede darte una idea de su autor. Probablemente pienses que sea alguien que no se toma muy enserio las cosas o que intenta darle humor a lo que hace, pero en realidad lo único que puedes saber es la manera en que escribió este texto lo cual pudo haber sido con una estética humorística en mente para formar la imagen de un autor jocoso.

Fotos por Ana Pau de la Borbolla

En realidad Gonzalo Romero podría ser un hombre sumido en una profunda depresión: que pasa los días estresándose por entregar los mejores artículos posibles, contando las horas para poder volver a la cama y olvidar soñando lo terriblemente cansada que le parece la existencia. Como sea, el autor en la vida real es hasta cierto punto irrelevante ya que lo que realmente afecta la manera en que vemos la obra es la imagen que tenemos del autor.

Si revisamos el nuevo trabajo de un autor que conocemos por gracioso, esperaremos algo gracioso. Si revisamos el nuevo trabajo de un autor que conocemos por obscuro y asertivo, esperaremos algo oscuro y asertivo.

En el caso que el nuevo trabajo de alguno de estos autores sea totalmente distinto a lo que normalmente hacen, será la imagen que la audiencia tenga del autor uno de los factores que más determinarán la manera en que experimentan la obra.

Por ejemplo, si Kim Kardashian repentinamente publicara una novela donde el protagonista principal sufriera las luchas internas y las vicisitudes que implican crear y mantener una imagen exitosa en el mundo de la farándula, acompañado de una prosa melancólica y estéticamente estimulante, probablemente tendríamos una respuesta de sorpresa y admiración ya que la imagen de ella a la que estamos acostumbrados es la de una celebridad superficial que no se interesa por el arte. O podríamos asumir automáticamente que hay un escritor fantasma detrás de su novela.

Ahora que hemos decidido que el autor que escribe (el de cartílago y hueso) y la imagen del autor no son precisamente el mismo, es momento de hacer más subcategorías. De ahora en adelante utilizare las tres dimensiones del autor, las cuales se refieren a la imagen y no al productor (el de cartílago y seso), de Maingueneau: autor-responsable, autor-actor y autor-actoritas. Autor-responsable se refiere a quien responde por el texto. Autor-actor se refiere a quien hace una trayectoria, una carrera alrededor de la producción de textos.  Autor-autoritas se refiere a aquel que tiene una obra o conjunto de obras consagradas.

Regresemos a mi ejemplo hipotético anterior. Digamos que el libro de la señorita Kardashian, que llamaremos Mi vida en la Kima (ella escogió el titulo), fue escrito de principio a fin por Grontzalo Rgomerto quien trabaja para la editorial como escritor fantasma.

En este caso el libro es una novela que, como en el caso de Confesiones de una heredera, está vacía de todo cliché y llena de momentos sumamente dramáticos, epifanías relevantes no sólo al contexto de las celebridades sino al de todas las personas, un uso de palabras sublime que raya en lo poético. Ya que Kim Kardashian sólo está asumiendo el crédito y la responsabilidad de lo contenido en esta su primera novela esto la convierte en una autor-responsable.

Pero digamos que el éxito de esta novela hace que la ahora autora Kardashian vuelva a contratar los servicio del mismo escritor fantasma, Grontzalo Rgomerto, y cada una de las siguientes cuatro novelas, un libro de cuentos y una autobiografía causan que no sólo el público de la farándula, sino el mundo literario volteé a ver los libros  publicados por la señora Kardashian. Para este momento, ya que la señora Kardashian ha creado una trayectoria de publicaciones, se le puede sumar el status de autor-actor. Y una vez que el mundo literario académico apruebe sus obras como poseedoras de mérito literario también podemos sumarle el título de autor-autoritas.

¿Pero qué hay quien lo escribió? Me preguntas consternado ¿Qué hay de ese talentoso y probablemente guapo escritor fantasma? Debido a que el nombre de Gronztalo Rgomerto no aparece en ningún lugar más que en un contrato que incluye un acuerdo de confidencialidad, el escritor fantasma no tiene imagen de autor. Su status permanece tan sólo como el de productor, de escritor como si escribir fuese cualquier trabajo manual . Nadie lo conoce como el escritor de novelas y cuentos que se publicaron bajo el nombre de Kim Kardashian. Por lo tanto Gronztalo Rgomerto es el autor productor (el de tejido y seso) mientras que Kim Kardashian es la imagen del autor.

Imaginemos ahora que un equivalente a Edward Snowden, llamémoslo Esdwart Senowten, del mundo de la edición decide hacer públicos los registros de la editorial que publicó los libros hipotéticos de los que hemos estado hablando y mediante este proceso el mundo se da cuenta que Kim Kardashian no escribió ni una palabra de sus libros y que todas esas maravillosas oraciones se las debemos a Gronztalo Rgomerto. En este particular caso sería posible que el nombre Gronztalo Rgomerto se convirtiera en una imagen de autor. Por supuesto esto sólo sucedería si el público y la sociedad académica aceptara las revelaciones hechas por Senowten como ciertas, ya que si se rechazaran la autoría aun recaería sobre el nombre de Kardashian.

“Estoy cansado de esto, prescindamos del escritor, prescindamos del autor y vayamos a estudiar la obra misma” (Foucault)”, me dices mientras levantas en alto tu copia de Confesiones de una heredera. Pero no desesperes querido lector, sí, efectivamente quien sea el autor no cambia el texto en sí y este puede ser estudiado por sí mismo. Pero existe algo que nos atrae a buscar algo más en las obras que leemos, algo fuera de ellas, y el objeto externo más cercano es su autor.

Ya sea que queremos saber más de nuestra celebridad favorita o queremos conocer más acerca de nuestro héroe político, los textos, en muchas ocasiones, son una forma de conocer la imagen que existe del autor. En estos casos es cuando se vuelve un poco irrelevante si es que existe un escritor fantasma detrás de las memorias o la autobiografía de alguien, en realidad sólo queremos saber más de esa persona. El escritor en estos casos está brindando un servicio, está prestando sus habilidades para esculpir la imagen de autor de un nombre que no es el suyo.

Fotos por Ana Pau de la Borbolla

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