Georgina Derbez es una artista mexicana cuyas obras han sido grabadas por el Cuarteto Arditti, el Quinteto de Alientos de la Ciudad de México, el Trío Neos, el Ensable Onix,  la mezzosoprano Encarnación Vázquez y el pianista Alberto Cruzprieto. Su Doble Concierto para Flauta y Piano fue estrenado por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México y, en la edición 2015 del Festival Internacional Cervantino, fue estrenada su primera ópera, protagonizada por la cantante Irasema Terrazas. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores y transmite la sólida formación académica que recibió de Arturo Márquez y Ana Lara, en su labor de maestra de Composición y Contrapunto en la Escuela Superior de Música el Centro Nacional de las Artes.

Liz: ¿Por qué decidiste ser compositora?

Georgina: No fue una decisión consciente, comenzó como un juego, en casa teníamos el piano que nos había regalado la abuela, yo me sentaba en él a improvisar y antes de comer les decía a todos: ahora van a escuchar un concierto. Muy poco tiempo después, mi madre decidió ponernos en clase de piano. Empecé chica, a los siete. Recuerdo que el primer día que me ensañaron las notas, encontré papel pautado y escribí una primera composición La paleta. Cargaba la partitura a todos lados ¡como quien lleva a su muñeca! A lo largo de mi educación como pianista fue muy natural también hacer mis propias piezas y tocarlas en el recital de fin de año. Además, tuve la enorme fortuna de que nuestra maestra, Marta García Renart, enorme músico, era también compositora, y en su entorno estaban todos los compositores mexicanos de los setentas. Eso fue un detonador. Seguí componiendo mis piezas. Hubo un periodo, cuando entré a la Escuela Superior de Música, donde me dediqué puramente a estudiar el piano. Sufrí de tendinitis en 1993, gracias a Dios, eso me imposibilitó a seguir concentrada en el piano. Puedo decir que la guía divina me llevó a recordar cómo disfrutaba componer música, así que hice mi cambio de carrera y todo fue sumamente natural, y lo demás es historia.

Liz: ¿Cómo es tu proceso creativo?

Georgina: Muchas veces parto de música que ha sido escrita por otros con anterioridad,  busco llevarla a su nivel más abstracto y de ahí tomar algunos elementos que me parezcan suficientemente fuertes para ser detonadores de una nueva obra. En mi recientemente estrenada ópera, La Creciente, basada en la película de Paula Markovitch El Premio, hice lo siguiente: musicalizar básicamente a partir de improvisaciones en instrumentos creados por Julián Carrillo, el del “Sonido 13”, básicamente en pianos microtonales. Al comienzo escribí de oído fragmentos de esas piezas, luego seleccioné micro-melodias, o células mínimas, que fueron el germen de todo el material melódico, armónico y aun rítmico de la ópera. Claro que esto resulta irreconocible en el resultado porque es solo el germen a partir del cual compuse la ópera. En este caso específico, también traté de absorber lo que la cineasta nos da en su película, esos ambientes inhóspitos, de desasosiego, de incertidumbre, de angustia (la historia nos narra la huida de una madre y su pequeña hija en la Argentina de los 70, durante la dictadura) para transmitirlos lo mas fidedignamente posible en la ópera. Para la gestualidad instrumental también tomé  material sonoro proveniente de alguna escena, no necesariamente musical. Por ejemplo, la escena donde el viento azota una y otra vez las ventanas de la bodeguita de playa donde se refugian los personajes, este evento fue recreado con instrumentos de aliento (el acordeón y clarinete) emulando el viento, finalizado con un gran golpe, una figura percusiva en el piano.

Liz: ¿Qué géneros musicales y qué técnicas de composición prefieres usar en esta etapa de tu vida? 

Georgina: Pues mi música cae en lo que podríamos llamar “Música de Arte de Concierto Contemporánea”. No es particularmente vanguardista, si por vanguardista entendemos el abandono total de las notas musicales como tal, para crear una partitura completa en base a las nuevas técnicas instrumentales, donde se usan los instrumentos no de una forma convencional, obteniendo  toda clase de eventos sonoros diversos. Sí utilizo estas técnicas, pero incorporadas a mi lenguaje. En cuanto a la técnica que utilizo, me siento, de forma muy matizada, cercana a la corriente conocida como estructuralismo, que es básicamente proliferar células de notas una y otra vez con diferentes operaciones, con la idea de guardar una coherencia interválica y a la vez una riqueza armónica. Pero eso es solo los materiales, como la plastilina para jugar. Luego hay que generar un primer gesto que tal vez esta inspirado por la fuente que esta detonando toda la obra. Trabajo mucho en el piano, escuchando los materiales, combinando la razón, el corazón, la intuición y el oído para crear las diferentes secciones. Nunca planeo con anterioridad, siempre compongo de principio a fin. Por otro lado, pongo énfasis en la búsqueda de los colores y los timbres, un gusto por la alquimia instrumental para lograr combinaciones insólitas que nos hagan dudar ¿Qué instrumento es el que suena?

Ahora estoy en un proyecto totalmente distinto, escribiendo un septeto para cuerdas y flautas transversas, encargo del Cervantino. En este caso, había la premisa de trabajar algo relacionado justo con Cervantes, así que tomé la musicalización del bellísimo texto Marinero Soy de Amor, que se halla en el capitulo 43 del Quijote. Esta es una canción sefardita del siglo 16. Y utilizo cada una de las notas de la melodía como centros tonales de las diferentes secciones, a la manera en que las misas medievales y renacentistas toman un cantus firmus para trabajar sobre él. Además, del texto de Cervantes tomé algunas ideas detonadoras de texturas musicales, por ejemplo, su referencia a la estrella luminosa me provoca usar armónicos en la cuerda, y claro, la métrica del marinero de Cervantes también me sugiere figuras rítmicas.

Liz: ¿Qué recursos has desarrollado, como ser humano, para compaginar tu vida profesional con tu vida personal?

Georgina: Bueno  trabajar en casa es una gran ventaja. Salgo dos días a la semana por las mañanas a dar clase en la Escuela Superior de Música.  Todo el resto del tiempo lo organizo como lo necesite hacer. Así que muchas mañanas puedo componer y luego parar para hacer la comida o alguna mañana tomarla para hacer todos los pendientes y por la tarde componer. Sobre el balance como ser humano, ahí tengo que contarte que yo soy cristiana, me convertí a mis 18 años ¡causando una enorme revuelta familiar! Invite a Jesús a vivir en mi corazón y le entregué mi vida para que Él la guiara y la cambiara. Sucedió porque yo tenia preguntas trascendentales que no hallaron respuesta mas que ahí. Así que, es mi relación personal lo que me da el equilibrio, me ayuda a establecer prioridades. Por ejemplo, siempre digo que mi principal carrera no es ser compositora, si no esposa de Lorenzo, mi amado marido, porque las partituras ahí están en un estante, o llegan los días de estreno pero luego la vida sigue y mi esposo necesita ser atendido y amado.

irasema-final-la-creciente-ConvertImage

Irasema Terrazas en la función final de la ópera La Creciente compuesta por Georgina

Comentarios