Foto: Foxtongue via Foter.com / CC BY-NC-SA

Hay eventos que pasan; pero no por eso deben de ser olvidados. El trabajo fotográfico de Lee Miller estuvo expuesto en el Museo de Arte Moderno dentro del bosque de Chapultepec, sin embargo, la protagonista; la fotógrafa, tiene una vida digna de ser capturada. Aquí una reseña de lo que Fernanda Ballesteros percibió al ver su obra:

Lee Miller abrió las puertas del surrealismo a través de su belleza. Llegó a París como modelo experimentada de Vogue con la clara intención de conocer a Man Ray. No sólo cumplió su primera meta en ser la asistente, fue la amante y musa del violinista de espaldas. Entre los dos encontraron una técnica ideal para la corriente surreal gracias a una rata entre las piernas esculpidas de Miller. Prendió la luz del cuarto oscuro, interrumpió el proceso de la foto y con un toque de edición del maestro nació la famosa “solarización”.

Fue actriz de una de las películas de su amiguito Jean Cocteau. Pablo Picasso era capturado por la cámara Miller en comidas, cenas y paseos al campo donde Leonora Carrington y Max Ernst ardían en su aventura “a escondidas” de la esposa del artista alemán.

Cuando Lee Miller rompió con su maestro y amante regresó a Nueva York a poner su estudio donde se divertía entre cabezas flotantes y ensambles de artistas plásticos a sus obras. Un egipcio con cartera henchida la conquistó y se la llevó al Oriente Próximo. El acaecimiento le aburrió al poco tiempo con las otras esposas que pasaban las horas entre perlas y partidos de cricket. Se escapó con su cámara a paisajes del Egipto desnudo, a la arquitectura histórica y a las olas de arena.

De viajecitos en Egipto luego quiso otro más lejos a su amada París. Los versos del poeta Roland Pernose la entretuvieron más que los billetes del egipcio e hizo el cambio en un divorcio amistoso. Después del desierto fue la guerra la que capturó el interés de la top model y eligió a Londres como destino para documentar la función de las mujeres en la guerra.

La ambición de esta mujer no paró ahí. Quiso adentrarse más, documentar la verdadera guerra. Lee Miller fue la primera mujer en las líneas de combate. Le tocó la rendición de los alemanes en Río Loire, así como los cuerpos en uniforme nazi flotando por ahí o por suicidio o por ataque; estuvo presente en la liberación de Luxemburgo, en la batalla de Alsacia, recorrió pueblos alemanes y sus aires de perdición y estuvo en el departamento de Hitler recién desalojado, con calentador y lujos fuera de contexto del conflicto. Por supuesto, Lee se tomó su foto en la ducha del líder enemigo.

Degustar las imágenes de la guerra deja un picor amargo en los ojos, ella como testimonio, estuvo sacudida profundamente por el evento. Regresó a Londres y no pudo con los trabajos de moda que le llovían, después de capturar muertos, heridos y la desilusión de países enteros, la esfera de la moda la vio vacía y frágil. Se embarazó de su poeta y siguió en la fotografía desde un punto más lúdico y personal.

Lee Miller fue una mujer surreal: capturó la realidad con ojos de artista, un corazón tejido en humanidad, y detalle extra, una belleza escultural.

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