Por la Rue de Rivoli justo al lado del famoso hotel Le Meurice, en el distrito I se encuentra uno de mis lugares favoritos del mundo: Angelina. Un salón de té con un diseño elegante y sofisticado, con el romance de la arquitectura parisina: murales sobre las paredes, alfombra con dibujos florales, candelabros y molduras y detalles en color blanco con algunos toques en dorado; pequeñas mesas redondas en donde en ratos es difícil situar todos los elementos; pequeños espacios entre mesa y mesa, meseras con uniformes sobrios de estilo de mayordomo, y una barra a la entrada que muestra todos los colores de la patisserie francesa.

Un lugar famoso por sus postres como el mont blanc (su postre insignia), los macarons, los éclairs… pero en especial por su chocolate caliente, que me hace salivar cada vez que lo recuerdo: l’Africain: una mezcla de tres chocolates Africanos (como su nombre lo indica) de diferentes regiones: Costa de Marfil, Ghana y Nigeria, con una mezcla hecha especialmente para este restaurante. Puede ser servido en caliente o en frío, aunque realmente recomiendo la versión caliente.

Una espesa mezcla de color café y vetas en tonos de negro, de madera obscura, de cacao puro, de vainilla quemada; servida en un pequeño recipiente blanco con el logotipo en dorado que ajusta para servir aproximadamente dos tazas y media de tan deleitante mezcla. El chocolate se acompaña de una crema chantilly más ligera y fresca, la cual en cuanto toca la superficie del chocolate se desintegra, y a su vez se mezcla con la bebida para bajar un poco el espesor del chocolate sin perder su sabor. Éste tiene un sabor que aunque es intenso no es muy dulce. Sus notas son claras: chocolate sobre chocolate, y al final de cada trago se puede identificar unas ligeras notas del sabor amargo que tiene el chocolate sin endulzar, una amargura que hace darle el siguiente trago y así terminar la primera taza.

Este es quizá, el mejor chocolate caliente de París y del mundo, vale la pena dedicarle unas horas a conocer el lugar y probar una taza de su chocolate: las notas quedarán grabadas en su paladar.

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