Foto: Pilar Gómez Ruiz

Te escribo desde la profunda admiración y cariño que siento por ti. Quiero que sepas que lo que plasmo aquí viene de un deseo sincero de compartir las cosas que no pude decirte entre demasiadas copas de vino y un par de amigos alegones que no nos dejaban hablar.

Y la hago abierta porque sentí que estas palabras podrían llegarle a otras mujeres, allí afuera, que también piensan que el feminismo no es cosa suya.

Creo que piensas de mí como tu amiga “la feminista”. La feminista, así como “la que colecciona postales de mariposas”, un gusto simpático, exótico incluso, que piensas que no tiene nada que ver contigo.

Me da tristeza que digas que para ti “es más importante luchar por la educación que por el feminismo.”  ¡No están peleadas! Podemos luchar por ambas… al mismo tiempo, con la misma prioridad.

Si educas a tus hijos e hijas con una visión de respeto y admiración mutua, que deje atrás vicios culturales que hacen daño, tanto a hombres como mujeres, estás educando con una visión feminista.

¿Te da miedo la palabra “feminista”? ¿Se te hace muy extrema?

Lo admito, la palabra está plagada de connotaciones negativas. Parte es nuestra culpa: a veces nos falla el cómo comunicamos las cosas (como cualquier iniciativa humana, no está exenta de errores). A veces, hay gente que está sacando de contexto y ridiculizando nuestras palabras, negándose a encontrar sensatez en lo que decimos.  A veces simplemente piensan que sufrimos de victimitis… que las cosas por las que luchamos llevan años siendo una realidad y que si nuestro objetivo es la equidad, ¿por qué diantres lo llamamos feminismo? (‘Deberíamos llamarlo igualitarismo, o humanismo,’ dicen).

El vloggero Steve Shives, lo explica maravillosamente, te dejo una frase:

“La equidad de género se obtiene al luchar por los derechos del género menos privilegiado (el femenino)”.

Steve Shives 

… y su video completo (con algunas cosas estarás de acuerdo, con otras no), por si tienes tiempo de verlo.

Why Do They Call It “Feminism”?

(This video was originally uploaded to the Breakfast Club channel on July 8, 2014) If its goal is gender equality, why is the movement called “feminism” instead of another, more gender-neutral term? Don’t forget to hit the “Subscribe” button if you’re new around here and you like what you see!

Aún hay desigualdad, discriminación y abusos. Aún hay batallas que librar: no contra “los hombres”, como si esto fuera una batalla entre géneros (que si hay alguna mujer que se llame feminista y traiga esta bandera, te aseguro que, además de que discreparía enormemente con ella, no es de esta vertiente de la que te vengo a hablar hoy): me refiero a las batallas contra las ideas tóxicas que reafirman ‘que no somos iguales y qué bueno que sea así’. Ideas que  se pasan de generación en generación y se transforman en leyes, normas sociales, chistes de mal gusto y a veces agresiones…

Por eso no hay que cambiar de palabra… hay que restaurarle su valor perdido al feminismo, hay que hacerlo una causa de todas y todos, comenzando por no sentirnos, como mujeres, temerosas, avergonzadas, o simplemente indiferentes ante la idea de identificarnos como feministas.

¿De verdad quieres que seamos iguales?”, tal vez me volverás a decir, con ojos de plato, como aquella vez de la comida de tu prima en Villa Corona. Evidentemente, cada ser humano tiene características, habilidades y capacidades diferentes y no, no estoy diciendo que esto se debería de dejar de reconocer. Tampoco digo que entre hombres y mujeres no tengamos diferencias biológicas evidentes, que nos hacen comportarnos en muchos contextos sociales de maneras distintas, y que a partir de mañana todos los baños del mundo deberían ser unisex porque, ‘equis, da igual eso’… No.

Lo que sí creo es que somos iguales en esencia. En dignidad.  Te hablo de la igualdad de la que habla elocuentemente Jane Eyre a Mr.Rochester, en la  epónima novela de Charlotte Brontë:

“I am not talking to you now through the medium of custom, conventionalities, nor even of mortal flesh: it is my spirit that addresses your spirit; just as if both had passed through the grave, and we stood at God’s feet, equal — as we are!”*Charlotte Brontë, Jane Eyre

También me da tristeza que digas “prefiero tener un jefe hombre, porque los hombres son más directos, más claros”.

¿No quieres una jefa mujer porque  las mujeres son más ‘de rollo’, temperamentales, más histéricas? Mucha gente estaría de acuerdo contigo. Mucha gente con poder de decisión en empresas. Gente que te negaría a ti un trabajo de alto nivel en una empresa por las mismas razones. ¿No lo ves? Aunque seas tú una persona sensata, razonable y excelente en tu trabajo (que lo eres, y te lo digo ahora, me encantaría tenerte como jefa), no importará frente  a la noción de que “los jefes hombres, son mejores porque son más objetivos, estratégicos (inserta una cualidad en la que pensaste cuando me dijiste esto).”  Como mujer estás legitimizando discursos que te perjudican.

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Foto: Oscar Keys vía Unsplash.com

Dices que nunca te has sentido  discriminada ni maltratada por ser mujer: ¡genial!  No es así para muchas mujeres del mundo–de nuestro mundo–que han sido abusadas, mutiladas y negadas de trabajo por su condición de mujeres. ¿Sabes que en Jalisco se activó hace sólo algunas semanas la alerta de género y que la violencia intrafamiliar está bravísima?

¿Supiste de las chicas argentinas que fueron asesinadas en Ecuador y de la manera en que empezaron a expresarse de ellas las autoridades de este país? Viajaban solas… fue una de las expresiones que utilizaron.

No viajaban solas…¡viajaban juntas! Como tú y yo hemos viajado a pueblitos de México. ¡Estas amigas pudimos haber sido tú y yo! ¿Cómo hubieran sentido nuestros padres si los investigadores, en vez de afirmarles que encontrarían a nuestro(s) agresor(es), hubieran socavado nuestro caso diciendo ‘Es que, pues, las señoritas viajaban solas.´

Porque somos humanas: sí, porque somos parte del género humano y aún no se nos reconoce por completo, por eso el feminismo te incumbe, nos incumbe

Pensaba el otro día que en español nos falta una palabra como Womanhood, es decir, el ser mujer. Agregaré:  “ser mujer en libertad”.  Tenemos feminidad, pero creo que se queda un poco corta. Así que inventé una, medio cacofónica, para la ocasión:

Mujereidad.

Quiero defender tu mujereidad… mi mujereidad, la mujereidad de todas. ¿Te parece una lucha sensata? ¿Lucharías a mi lado por un mundo más justo para ambas? Para nosotras y para las miles de mujeres que a diario son maltratadas y subestimadas?

¿Para viajar solas de mochilazo por Sudamérica sin que se nos juzgue?

¿Para que tengamos un horario flexible en el trabajo y podamos cuidar a nuestros chamacos?

¿Para que no nos falten al respeto con insinuaciones incómodas en la oficina?

¿Para que no nos griten en la calle?

El mundo ya está cambiando, ¿no lo sientes?

La gente que siempre ha estado en el poder está temblando y se torna agresiva. Los blancos conservadores en Estados Unidos están apoyando a un tarado demagogo por la rabia que sienten al ver cómo su país está cambiando radicalmente su demografía. Los hombres que se sienten intimidados por nuestro ascenso en el mundo laboral nos convierten en una caricatura: las feminazis. Nos ridiculizan y menosprecian lo que queremos decir al hacernos ver como “viejas exageradas”.

Pero esto no debe asustarnos. Al revés, ahora es cuando nos toca gritar más fuerte. Cuando nos toca reivindicar el feminismo e insistir en que somos tan humanas y tan iguales como los que temen que se nos reconozca como tales.

El cambio hacia una sociedad más justa comienza con una reflexión colectiva. Con darnos cuenta que el feminismo no es una cosa “curiosita” y de una bola de intensas, sino una revolución del pensamiento que debemos abrazar todas y todos, comenzando por la mitad femenina (y creo que la otra mitad, al tiempo que reconozca que su papel como humano no está en peligro si reconoce la humanidad de la mujer, encontrará un nuevo y más sólido sentido a su masculinidad).

El feminismo es ante todo un ejercicio de empatía.

Empatía ante nuestra mujereidad. Empatía por la condición de todas y cada una de las mujeres del mundo. Es hacer de sus experiencias las nuestras. Es ver que lo que ocurre a una nos ocurre a todas y que luchar por el derecho de una es luchar por el de todas.

“We learn best to listen to our own voices if we are listening at the same time to other women- whose stories, for all our differences, turn out, if we listen well, to be our stories also.”**

Barbara Deming 

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Foto: Vladimir Kudinov vía Unsplash.com

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Visita el otro artículo con el que conmemoramos el Día de la Mujer: 

6 Documentales para ver el Día de la Mujer

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No te estoy hablando a través del medio de las costumbres, convenciones, o incluso de la carne humana. Es mi espíritu que le habla al tuyo, así como si ambos  hubiéramos ya pasado por la tumba y estuviéramos frente a los pies de Dios: iguales, como lo somos.”

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Aprendemos a escuchar mejor nuestra propia voz si escuchamos al mismo tiempo la de otras mujeres, cuyas historias, por más diferencias que tengamos, resultan ser, si escuchamos bien, las nuestras también”.

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