Foto: Recovering Vagabond via Foter

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¿Alguna vez te has preguntado por qué las películas que ves se ven  como se ven? Este no es un cuestionamiento ocioso. Su respuesta posiblemente de pie a una de las reflexiones más sustanciosas que podamos hacer acerca del cine y tiene que ver, como en  la pintura, con el fenómeno del color, o en otras palabras, la luz atrapada por la acción creativa del hombre a través de una lente.

El color es un componente esencial del lenguaje cinematográfico. Como en la pintura, en cine el color es producto de la manipulación de la luz. En sus orígenes, como bien sabemos, las películas se capturaban en rollos con registros en blanco y negro. Sin embargo, a pesar de la ausencia de variedad en la colorimetría, la fotografía en blanco y negro se forjó un nombre artístico a partir de las diversas manipulaciones de luces y sombras, del claroscuro y de la profundidad de campo y el volumen de los elementos escenográficos que componen la imagen cinematográfica.

Hasta 1927, año en que la compañía Technicolor perfeccionó su sistema de filmación en placas de color, que producían un efecto de saturación, la fotografía en blanco y negro era la reina de la cinematografía. Filmar en color era, no obstante, caro y a pesar de la novedad que representaba ante los ojos de las audiencias, los estudios generalmente lo usaban sólo para sus más grandes producciones, aquellas que lanzaban con la esperanza de lograr un retorno económico significativo. Quizá por ello es que sólo recordemos haber visto en esta técnica cintas como Gone With the Wind (1939) o The Wizard of Oz (1939).

Es a partir de la década de 1960 que los adelantos tecnológicos en el manejo de la captura de luz y colores permiten generalizar la fotografía a color en el cine. Este adelanto tecnológico abrió una puerta de posibilidades inmensa, casi infinita, para los realizadores. El uso de la luz y la manipulación del color cobraron un papel importantísimo no sólo en el tratamiento de la imagen, sino en la narrativa misma de las películas. Esto se consiguió por medio de la gradación colora, que comenzó a establecer el tono de las diferentes secuencias que componen una película. Comprobado está, además, que los colores tienen un efecto psicológico importante casi inmediato sobre las personas, hecho que acentúa la importancia de la fotografía como elemento narrativo en el cine.

Propongo a continuación, a manera de ejemplo, analizar el uso del color en tres directores de cine de épocas, escuelas y estilos diversos entre sí.

KRZYSZTOF KIESLOWSKI

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Imágen trois coleurs- bleu: devil probably via Foter

Pensemos en la Trilogía Trois Coleurs, de este maestro franco-polaco. En ella, muy a su particular estilo, Kieslowski plasma su personalísima visión sobre los ideales reflejados en la bandera francesa: libertad, igualdad y fraternidad. En Bleu accedemos a un drama existencial profundamente bello, acentuando el ansia de búsqueda interior de su protagonista, Juliette Binoche, con una paleta de azules fríos pero sumamente expresivos. Blanc es una tragicomedia áspera y llena de cinismo; un manifiesto de una forma de ver la transmigración en nuestras propias vidas, en la que la campiña polaca, nevada, establece el tono del enredo de sus protagonistas. Finalmente, Rouge, un thriller velado, cierra el ciclo con una intensidad vital que sólo la alta expresividad del rojo conseguiría. En este último capítulo se cierra una historia completa que comparte más que unnudo argumentativo común.

WES ANDERSON

Hotel Chevalier

Imágen: Des “Hotel Chevalier” via Foter

Todo el cine de este enfant terrible de la cinematografía contemporánea, que se mueve como pez en el agua en esa delgada línea que oscila entre los bajos presupuestos y la industria hollywoodense está marcada por un despliegue de colores muy característico. Anderson es un cineasta que concede al encuadre un papel primordial en sus narraciones. Sus movimientos de cámara son lineales y usualmente en un plano horizontal, lo que le concede al diseño de producción y a la coreografía en escena un papel de primer orden. Esto enfatiza la importancia del fotógrafo y de la paleta de colores. Por lo general, las tonalidades preferidas por Anderson son pasteles, pero el abanico de posibilidades es amplio y para muestra un botón: su máximo esplendor se encuentra en Grand Hotel Budapest.

STANLEY KUBRICK

1968- "2001" - astronaut David Bowman

Imágen: James Vaughan  via Flickr

Termino con este genio neoyorquino del que se ha escrito más de lo que seguramente dejó filmado. No sólo hizo gala de un manejo inigualable del lenguaje cinematográfico, renovándolo y llevándolo más allá de las convenciones de su época, reinventando y reforzando géneros completos, además forjó una leyenda inasible alrededor de una simbología visual inacabable y perfectamente identificable para más de una generación de audiencias. Gran parte de este legado fue posible gracias a su entendimiento de las posibilidades y significaciones del color como fuente del arte de narrar historias. Aquí les dejo un video que compila el magistral sentido del color que poseía Stanley Kubrick.

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Tenemos a otra pluma en el sitio que opina sobre los colores en el cine. María Espíndola reflexiona sobre este elemento como herramienta expresiva y simbólica en el arte cinematográfico.

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