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Dejé parte de mi en las costas de Oregon. Ya en ocasiones anteriores les he compartido mis impresiones del noroeste Estadounidense. De su singular contraste entre bosques tupidos, arena y mar.

Cuando recorríamos la costa, redujimos la velocidad ante señalamientos de dunas en la proximidad, y seguimos el camino que indicaba. Pasamos durante varios minutos entre altos pintos y olor a bosque, sin tener muy claro cómo estos elementos podrían convivir con tanta naturalidad entre dunas de arena. Pero al llegar a un pequeño claro lo comprendimos. Por un lado se extendía un pequeño lago rodeado de árboles invernales, en sentido contrario altas dunas de arena clara y el océano.

Aunque aún teníamos poco más de una hora de luz solar, el efecto a contraluz de este paisaje merecía tenderme en el suelo y encuadrar.

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