Ilustraciones: Ale Ayala

La lencería, así como la moda en general, ha sido un reflejo de la moral, la política y la religión a través de la historia. Antiguamente se trataba sólo de un ritual del día a día al vestir, pero en la actualidad por medio de la lencería fina de bordados y telas trabajadas se reservan para ocasiones particulares, convirtiéndose en un juego de seducción y erotismo.  Natalia nos lleva en un interesante recorrido por la evolución de la lencería, mismo que dividimos en una seríe de interesantes artículos. He aquí el primero de ellos.

La antigüedad: ropa interior por higiene

El nacimiento de la ropa interior surge desde las primeras civilizaciones principalmente por cuestiones de higiene; los restos del faraón Tutankamón fueron encontrados portando un pañal de lino, el cual se consideró antecedente de los actuales calzoncillos. Éstas eran hechas de fibras naturales como lino o algodón permitiendo la absorción de secreciones como el sudor y otros fluidos corporales, con la finalidad de evitar el contacto con la ropa de uso externo. Con el paso del tiempo,  de ser un elemento de protección para el cuerpo, sé convirtió en un elemento de distinción política y social.

Durante la Edad Media las costumbres cristianas dictaban a las mujeres guardar su feminidad comprimiendo el busto al máximo: ellas debían ceñir el pecho hasta que fuera discreto y casi invisible para no incitar al hombre a provocaciones carnales.

En esta misma época, la camisa de lino surgió como sucesora de las túnicas romanas y se adaptó en forma de camisón para llevarse bajo la ropa. En el caso de los campesinos y clases no privilegiadas servía como prenda de absorción de diversos fluidos a la hora de la jornada, mientras que los nobles llevaban estas ropas ocultas elaboradas con finas telas y brocados.

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El nacimiento del corsé: sensualidad en los detalles

Después de la guerra de los 100 años entre los Reinos de Francia e Inglaterra de 1337 a 1453, Flandes, provincia de Bélgica, desarrolló un gran crecimiento textil al ser centro portuario entre las dos naciones, y aquí la vestimenta se comenzó a elaborar con textiles ricos en bordados y elegantes botones. Ya para estos tiempos era popular el uso de una prenda que sería parte esencial de la historia de la indumentaria: el corsé.

Con la llegada del Renacimiento  en el siglo XVl el cuerpo femenino se comienza a mirar de otra forma, evocando la sensualidad en los detalles. Los escotes se bajan dejando al descubierto los hombros y el pecho.

Por otra parte, las calzas fueron parte esencial de la indumentaria masculina al funcionar como moldeadores de cintura. Esta prenda se originó a raíz del calceus, nombre que se le dio a las sandalias de cuero que usaban los romanos en la vida cotidiana, al encontrarse con los pueblos germánicos se popularizo el uso de las medias en el imperio denominandolo así calcea. Después de la caída del imperio Romano, con la llegada de  Edad Media, el calceus se fue modificando, ya no solo cubría los pies sino que se prolongó su largo hasta la cintura dando  forma a lo que ahora  llamamos calzas o medias. Aquí el origen de la palabra calzado, calzón y descalzar.

En el Renacimiento las calzas se dividen en dos partes, la superior pasa a cubrir el abdomen y  las ingles, mientras que la parte inferior se encarga de cubrir las pantorrillas y la mitad del muslo. A la parte superior se le llamó Calzón y a la inferior calcetas o medias calzas. Es importante destacar que en esta época las mujeres no usaban calzones pues era considerada una prenda masculina y el usar ropas del sexo opuesto era  un grave  delito que provocaba la muerte en la hoguera.

Se esfuma el Renacimiento y  surge el Barroco donde el polémico Luis XIV conocido como “El Rey Sol” impone un nuevo estilo al vestir donde imperaba el lujo y la elegancia.

El corsé se sigue llevando pero con diferencias muy marcadas y surgen dos tipos: el primero es muy ajustado del vientre con cintas de frente y tirantes que levantan el busto, y son utilizados por las prostitutas para resaltar sus atributos femeninos; mientras que la burguesía y las familias reales eliminan cualquier tipo de escote, ya que la influencia protestante prefería preservar la austeridad para no condenarse.

A finales de 1700 cae la monarquía Francesa y por consecuencia nada puede evocar el derroche de las cortes.

Por primera vez el corsé se oculta y se vuelve convierte en interior. Las mujeres adoptan formas más sencillas decantándose hacia el estilo campesino, el corsé da la estructura y la silueta y se pone sobre la camisa pero bajo el vestido.

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 Ilustración del corsé en el Barroco y su evolución hacia ser prenda interior

A principios de 1800  la silueta femenina se aligera: la camisa resalta la línea del cuerpo y la ideología revolucionaria influye en la moda. Las mujeres son más libres, tienen sus propios salones de lectura y se esmeran en su aspecto personal.

Tiempo después la cintura vuelve a enmarcarse de modo que en 1820  surge  la demanda de corsés finamente decorados con lazos y moños: la prenda se vuelve cada vez más ceñida afectando gravemente a los riñones y costillas sin dejar de lado las severas deformaciones en la columna que la prenda provocaba.

Otra prenda que fue parte de la ropa interior por varios siglos, y no había mencionado antes fueron las enaguas o faldas armadas. Estas bases se encargan de darle forma a las faldas desde el Renacimiento hasta la Belle Époque,  llevando nombres como tontillo, guardainfante, verdugado, polisón miriñaque etc.

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 Imagen: ilustración del enagua en alguna época histórica

Cada enagua tenía un propósito particular pero lo  que tenían en común todas estas, era crear la amplitud en las faldas con el  fin de acentuar las caderas y  la cintura, pues la mujer tenía que llamar la atención  exagerando sus atributos como potenciales procreadoras además de representar la feminidad y romanticismo de la mujer.

El verdugado, padre de los armazones inferiores era confeccionado con ramas de mimbre en forma de anillos, rellenos de estopa y crin (cabello de caballo) para dar amplitud a la enagua dándole a la falda una singular forma de campana o triangulo.

Tiempo después se pretendía lograr un volumen diferente y para ello los franceses modificaron la falda.  A diferencia del Español El verdugado francés  consistía en una especie de  media luna o dona sobrepuesta en la cadera con un lazo al frente para sujetarlo este aportaba volumen pero a diferencia del anterior no daba la apariencia de rigidez, si no que permitía dejar caer la tela con suavidad formando pliegues en la misma.

En la época de María Antonieta el tontillo conquistó la moda francesa y la española, debido a su forma al tontillo se le apodo “panier” haciendo, canastas que a los lados de los animales de carga. Su dimensión llegó a ser tal, que fueron llamados “tontillo de codos” debido a su amplitud lateral que posibilitaba a las damas descansar los codos sobre ellos.

Lee la segunda parta de la historia de la lencería aquí.

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