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Cuando se tiene tanto en la cabeza, suele pasar que los pensamientos se fragmentan en pequeños conjuntos de palabras. Resulta, al final, que así tienen  más  sentido.

Fragmento 1: Segundos

Un segundo puede significar todo, como a la vez nada. La mayoría de los segundos en nuestra vida no significan nada: pasan desapercibidos porque no ocasionan nada, porque pasan y pasan como el aire que sentimos pero no vemos.

Pero hay segundos que sí cuentan. Como ese segundo en el que volteas a ver tu celular y de pronto te encuentras estampado en un trasero vehicular. Como ese segundo en el que rozas tu mano con la de ese alguien y sientes una descarga eléctrica en todo tu cuerpo. Como ese segundo antes de empezar tu actuación ante un público. Como ese segundo que utilizaste para leer la última página de ese libro que te picó tanto. Como ese segundo en el que te diste cuenta que ya no lo verás. Como esos segundos antes de abrirle la puerta. Como ese segundo antes de tocar sus labios. O como estos segundos en los que lees esto. Los segundos que se alargan mientras esperas el semáforo. Los segundos cuando  la pantalla dice “escribiendo…”.

El día tiene 86,400 segundos, y así es como uno de esos segundos te cambia la vida o te la deja igual.

Fragmento 2: ¿Quién dijo?

¿Quién dijo que estar enamorado era algo bonito? ¿Acaso esa persona lo ha estado alguna vez?

Llaman “bonito” a todo el tiempo tener a una persona haciendo capoeira en tu cabeza: causando revuelco entre las neuronas, causando cortos circuitos y no dejando que la señal llegue correctamente al corazón. Luego tanto éste se alborota, aumentando sus latidos por minuto, no pasando suficiente sangre a los pulmones por lo cual ocasiona una falta de aire. Esta falta de aire y problemas de circulación alcanzan los intestinos y causan una lucha entre ellos, ocasionando que todos los capullos alcancen la madurez y salgan esas mariposas revoltosas.

¿Quién dijo que era padre sentir todo esto todo el día?

Ocasionando personas desconcertadas y en la baba. De verdad que todo ese revuelco ocasiona la pérdida de la función de las personas, en su mayoría. Hasta sus actividades sociales afectan: ahora no están bien sin esa persona que baila capoeira. Todavía cuando ese revuelco interno es incontrolable debido a alguna falla en el baile o algún paso omitido o cambiado, ocasiona desequilibrio en los líquidos corporales. ¡plack! Fuga de agua por los ojos. ¿De verdad piensan que algo que ocasiona fuga de agua es algo hermoso?

Estamos en el siglo de cuidar el ambiente, por Dios. Y lo peor de todo, ¿quién dijo que era padre que le pasara esto a un ser humano sin que al mismo tiempo el danzante de capoeira tenga al ser humano también bailando en la suya?. ¡Y que va! Mi bailarín de capoeira es el más rebelde de todos, cambia pasos, omite, agrega, y en realidad no le importa que tanto revuelco ocasiona en mí. Pero así es esto, como dicen los de Cafe Tacuva, la vida es un gran baile y el mundo es un salón, y los bailarines de capoeira no cesarán su baile.

Entonces, ¿quién me va a contestar a quién se le ocurrió que enamorarse era algo hermoso? Me puedo contestar yo sola por ahora y, con la lengua entre las patas, confieso que yo he sido alguna vez esa persona.

Fragmento 3: Coincidir

Me encuentro recostada en mi cama escuchando esa canción mexicana tan famosa “Coincidir”. Pensando en todas esas personas con las que he coincidido en algún momento random de mi vida. Como el alemán en el parque, la mexicana en mi salón de clase de alemán en Viena, la austriaca a la cual le escribimos para un tándem y término siendo una excelente amiga, mi conocida con la cual fui de misiones a la sierra tarahumara y terminamos como hermanas, el amigo del alemán del parque que conocí en una fiesta en su cuarto que vino a Guadalajara e hizo que se desencadenaran estos pensamientos.

¿Será que existe el destino? O es sólo un pretexto que ponemos cuando no sabemos tomar decisiones. Como el afamado dicho “todo pasa por algo”, ¿será cierto? O es una excusa que damos cuando tomamos una mala decisión y no sentirnos culpables. La vida está llena de decisiones, puras decisiones, desde que te levantas. ¿Me levanto ya o cinco minutos más? ¿Me baño primero o me cepillo los dientes primero? ¿Me agarro el pelo o me lo suelto? ¿Me pongo suéter o no? ¿Qué desayuno? Etc. Las decisiones son las que marcan nuestro “destino”. Vamos escogiendo caminos y cambiándolos constantemente sin percibirlo, gente viene, gente va. Pero al final no dejo de pensar que sería si hubiera hecho tal, si hubiera respondido correctamente a esa indirecta del chavo que me encantaba, si hubiera aceptado irme a Turquía o a Brasil con el Rotario, ¿mi personalidad actual hubiera cambiado? ¿Mi esencia también? Aquí es cuando digo que las experiencias son las que van forjando tu personalidad. Empecé hablando de coincidir y terminé con personalidad. Supongo que todo tiene que ver, coincidir con algo o alguien que va cambiándote sin querer e influye en tu personalidad. Y a todo esto le llamo escupir ideas.

Fragmento 4: El frasco de mi panza

Tengo mucho amor guardado en un frasco. Este frasco lo almaceno en un rincón de mi abdomen, sí, en mi panza. Está en mi panza porque ahí es donde más lo siento. Dirán,  “¿Ésta loca qué no sabe que el amor se siente en el corazón?”. Pues así como lo oyen, donde más siento amor es en la panza.

Cuándo pienso en ese alguien lo primero que siento es retortijones en la panza, así como cuando estas nervioso y no solo sientes mariposas revoloteando como niños después de haber tomado una coca-cola, sino también cientos de diferentes animales voladores y capaces de revolotearse. No sé si a todos les pase, pero a mí sí.

Ese frasco lo tengo guardado ahí desde hace mucho tiempo, hace poco se abrió y dejó salir un poco de ese amor: algo alcanzó a atravesar los poros hacia el exterior y quizás la persona por la cuál se abrió lo sintió, quizás no. Mis poros solo se abrían al tener a esa persona cerca y ahora que no está  se han cerrado. Pero sigue ese amor esparcido por mi panza y hay que volverlo a meter al frasco.

Me ha tomado tiempo, pues no es fácil regresarlo al frasco de nuevo una vez que salió. Por eso sigo intentando descubrir como volverlo a meter para que deje de hacer efectos en mi panza (semejante al de las famosas mariposas). En ese proceso estoy ahorita, tratando de regresar el amor al frasco de mi panza. Poco a poco se ha ido almacenando, lo siento. Pero aun sigue ahí un remanente de ese amor.

Probablemente también por eso no he podido quitarme la pancita esa que nos queremos quitar todos. Estoy llenita de amor. Pero estoy segura que poco a poco ira disminuyendo mi panza y se ira guardando el amor en ese frasco para ahí permanecer, solo para salir cuando esté presente ese alguien que hará que se abran mis poros y no me deje ese amor ahí ahogándose en mi panza.

 

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