Foto:  Chanel.

Recuerdo cuando amigos regresaban de sus viajes a Cuba y con morbo relataban exóticas experiencias. Hablaban de la pobreza en las calles, de la situación hermética en la que el pueblo vivía y cómo la bella isla había quedado pausada en el tiempo en parte gracias al embargo económico impuesto por EEUU desde los 60 en respuesta a las expropiaciones que afectaron a la nación norteamericana tras la Revolución Cubana. A esto además hay que agregar la creciente tensión que se vivió durante la Guerra Fría por la crisis de misiles en Cuba, cuando la nación caribeña decidió unirse al bando soviético.

Pero algo está cambiando. Cuba está en los titulares, el embargo parece estar en camino de concluir, los ciudadanos empiezan a experimentar mayores libertades y la isla se llena de turistas maravillados por este viaje en el tiempo.

Hace poco más de un mes el presidente Barak Obama realizó un viaje para confirmar lo que ya se había anunciado, después de más de medio siglo las relaciones se reestablecían entre ambas naciones. A las pocas semanas el Papa Francisco anunció una interesante visita a la isla. Interesante no sólo porque el líder religioso visitaría un estado completamente laico, sino por el motivo por el cual tomaría un ligero desvío en su viaje: el Patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa lo esperaba en la Habana, donde mantendrían una reunión, la primera después de más de 800 años entre ambas iglesias

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Foto: Chanel

Las transformaciones que ha estado experimentando la isla caribeña no se limitan a lo político y religioso. En octubre del 2015 se anunció la sede para el desfile Crucero de Chanel, el cual sería precedido por una exposición sobre el mismísimo Karl Lagerfeld. El mundo de la moda se llenaba de expectativas sobre el magnífico suceso: editores, compradores, famosos y socialites del mundo visitarían Cuba para ser testigos de un desfile que haría historia.

Marcas como Ray-Ban no pudieron dejar pasar la oportunidad, y lanzaron una línea inspirada en la nación del Caribe con divertidos comerciales. Llegó mayo y con él el esperado evento de la casa francesa.

Los invitados recorrieron la isla en antiguos convertibles de vivos colores, mientras se dirigían a la sede del enigmático acontecimiento. El Paseo del Prado se llenó de ansiosos fashionistas a la espera del desfile, que duró casi media hora, y donde modelos pasearon con música en vivo de fondo por el colonial camino más a manera de tranquila caminata que de pomposa pasarela. Las propuestas fueron ligeras, holgadas en su mayoría y con tonos claros alternando con pastel, sin perder la clásica elegancia Chanel.

Mucho se ha dicho en torno al desfile. Que ha sido el primero de la marca en Latinoamérica y que el país que lo recibió aún comulga con ideas comunistas.  Se critica la ironía de una marca de lujo en un país con aún cierto rezago económico. Lo cierto es que una vez más,  el Kaiser de la moda, como se le conoce a Lagerfeld,  se posiciona no sólo como un creativo por excelencia reflejado en cada una de las piezas que podemos apreciar de su última colección, sino como un estratega que sabe aprovechar el momento y los recursos a su alcance para hacer de un desfile algo elegante, adecuado al contexto, pero sobretodo,  capaz de hacer  historia.

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