Lee la primera y segunda parte de la historia de la lencería. 

Fuera pantimedias

La Segunda Guerra Mundial había afectado  a diversas industrias, entre ellas la de la seda, con la cual se creaban las pantimedias, así como la del  novedoso nylon que había sido destinado de manera casi exclusiva a la fabricación de paracaídas para la guerra, que propició la desaparición de las medias. Aún con estas limitaciones, las mujeres se las ingeniaron para lucir unas piernas lindas y sexys, a falta de medias se pintaban una fina  raya por en medio de la pantorrilla con un lápiz de ojos negro  para simular la prenda.

La faja, el nuevo corsé

Después de la austeridad que se vivió durante la guerra, al entrar los años 50, Christian Dior le muestra al mundo su new look e invita a las mujeres a volver a su feminidad y coquetería. La cintura se minimiza y las faldas se amplían junto con el pecho, creando la sensual  silueta del reloj de arena. El corsé es sustituido por un nuevo invento ligero, elástico y fácil de usar que amolda perfectamente el cuerpo de  la mujer moderna: la faja.

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La industria cinematográfica tuvo una gran influencia en las jóvenes de aquella generación. Marilyn Monroe, la mujer más sensual de Hollywood y la playmate e ícono del pin-up Bettie Page, daban todo el sentido erótico a la lencería: el encaje, las transparencias, las poses sugerentes y los escotes provocativos las convirtieron en símbolos sexuales.

Liberación sexual… y del sostén

Durante la década de los 60 la revolución pacífica y los movimientos hippies exigían justicia y tolerancia a la humanidad. Las prendas íntimas también cambian: se introduce el elastano en la industria textil y con él la ropa interior se hace elástica. En los 70, al popularizarse la revolución sexual iniciada una década antes, la mujer se despoja del sostén y es frecuente que se quemen y cuelguen estas prendas como símbolo de la liberación y autonomía.

Madonna y el glam de la lycra

En los 80 se da otro cambio radical: el body de lycra y el efecto push up se convierten en la sensación. La ropa interior se hace colorida y pequeña, el calzón se modifica y se alza el resaque con el fin de crear un efecto visual para que las piernas parezcan más largas. Artistas como Madonna muestran en sus shows la ropa interior y crea furor en las mujeres con intención de imitarla.

De vuelta a los básicos

Una década después, las tendencias en lencería vuelven hacia los colores neutros, las formas simples y ajustables al cuerpo y sobre todo libertad de movimiento.  Los “básicos” llegan para quedarse. Los tirantes se muestran por fuera de la ropa y los corpiños se comienzan a conocer como crop tops. mostrándose al exterior sin  pudor.

El escándalo social más seductor de la historia

Si bien en los noventas la feminidad de la lencería se desvaneció, aún había casas de moda que rescataban el erotismo y la sensualidad de la lencería. Marcas de lencería de lujo como Agent Provocateur, La Perla y Jolidon continuaron con la fantasía del erotismo.

Gracias a la democratización de la moda, en el siglo XXI la mujer tiene acceso a lencería  cómoda y sexy. Tiendas como Victoria’s Secret, Intimissimi, y Oysho ofrecen pasarelas que llegan a ser verdaderos espectáculos.

Diseñadores como Christian Lacroix, Jean Paul Gaultier y John Galliano han diseñado colecciones que hacen homenaje a lo que un día fue el escándalo social más seductor de la historia: la lencería.

Ya sea por nostalgia o por fascinación llevar ropa interior puede resultar más provocativo que la misma desnudez.

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