Aquí puedes leer la primera parte de Historia de la Lencería

De faldas con esqueleto de metal, crinolinas, ballenas y polizones

Después de la sencillez, las siluetas fluidas y la libertad de movimiento del imperio francés, la moda sufre un cambio radical. Las mujeres enjaulan sus piernas llevando una estructura de aros metálicos o ballenas a modo de falda  denominado miriñaque.

He aquí dos términos muy sonados en el mundo de la ropa interior, la crinolina y las ballenas.  El nombre de crinolina,  denominaba originalmente una tela tejida con crin de caballo que se usaba para forrar sombreros y, más tarde, para dar cuerpo a las enaguas  mientras que las ballenas eran las fibras de  barbas de las ballenas que daban  una estructura  flexible y ligera  dando la suficiente elasticidad para crear los aros de las enaguas.

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A comienzos de siglo XX la silueta en forma de S era lo que la moda imponía. Esta forma se lograba con un corset bastante entallado que empujaba el busto hacia arriba y una la falda aplanada por el frente y abultada por la parte de atrás: así, el polizón era el protagonista de este periodo, una estructura se encargaba exagerar el trasero llevando toda la atención a la cauda que se adornaba de moños y volantes infinitos que hacían voltear a cualquiera.

Durante esta etapa el mundo gozaba de modernidades nunca antes vistas en la industria y las ciencias. Las ciudades crecían cada vez más y había más tiempo para el ocio y el entretenimiento. Cabarets y centros nocturnos ofrecían un espectáculo tipo striptease donde una ingenua mujer se quitaba las ropas lentamente en la búsqueda inútil de una pulga que le está picando el cuerpo. En esta época, el Moulin Rouge fue de los primeros en mostrar este tipo de espectáculos en los que aparecía sobre el escenario una danza de mujeres semidesnudas mostrando sensual lencería de encajes y sedas preciosas mientras que las señoras de casa y de alta posición usaban ropa interior simple y de colores neutros.

El fin del Corsé, un manifiesto feminista

Regresando un poco en el tiempo, tras la revolución conocida Comuna de París desatada en 1871, Hermine Cadolle  la hija mayor de la familia de corseteros Cadolle, fue movida por las ideas socialistas del proletariado y formó un poder democrático popular. Sus ideales feministas llevaron a liberar a la mujer del incómodo y eterno corsé. Lo cortó por la mitad creó un sujetador independiente del calzón con el propósito dar forma y soporte al busto y al vientre para que esta prenda fuera funcional para la mujer moderna: algo que después se llegaría a conocer como el sostén.

Al alba del siglo XX el sostén se convierte en una sensación mundial y se impone como necesidad para las damas en la Primera Guerra Mundial.

Este conflicto, que provocó  la ausencia de los hombres instalados en los campos de batalla , orillan a la mujer a tomar el rol masculino en el área del campo y la industria. La mujer se da cuenta que es capaz de pensar y trabajar igual que el hombre y desarrolla un sentimiento de liberación que prevalecerá hasta nuestros días. Estas circunstancias aunadas a otras que habían echado a andar el movimiento feminista desde años anteriores, contribuye enormemente para que la moda tome un rumbo diferente.

En los años 20 del siglo XX, la silueta cambia drásticamente. El corsé es desterrado del guardarropa por completo, mientras que las prendas holgadas y libres fluyen como el intelecto femenino. Las mujeres cortan su cabello para parecer varones y  se atreven a usar pantalones por primera vez en la historia.

Amelia Jenks Bloomer,  una neoyorquina nacida en 1918 funda  “The Lily” una revista donde expresa sus ideas sobre los derechos de la mujer. En una de sus  publicaciones escribe con detalle una prenda que llegó a conocerse, gracias a ella, como bloomer: “Cortad esas faldas ondeantes hasta la altura de las rodillas,” instigó, “poneos unos pantalones holgados  y abrochadlos junto a los tobillos“.

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Las primeras en usar esta prenda fueron escritoras y mujeres influyentes de finales de 1800  y poco a poco se fue expandiendo esta moda al punto de que se permitía socialmente portarla para andar bicicleta y bañarse en el mar.

Para los años 30, las faldas empezaron a acortarse debido a la popularidad de los deportes practicados por la mujer como el golf y el tenis.  Las piernas comienzan a ser la sensación y el uso de las pantimedias, sostenidas con ligueros, se hace básico. No es sino hasta 1939 cuando inicia la comercialización del nylon, material que las hace a las pantimedias mucho más accesibles que aquellas que se tejían con seda.

Espera próximamente la tercera edición de la Historia de la Lencería pronto en www.oddcatrina.com

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