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Todos tenemos intereses propios que buscamos satisfacer. TODOS. “Y quienes te digan que no tienen intereses” un maestro de Derecho nos decía en la universidad, “ésos son los más peligrosos e interesados”.

Evidentemente, nuestros intereses no siempre son los del vecino. Y parecer ser que por defecto estamos configurados para luchar por lo nuestro sin admitir medias tintas. Negociamos sólo cuando tenemos que hacerlo. Esperamos ganar siempre, y pocas veces pensamos en que existe la posibilidad de que ambas partes se beneficien de un conflicto.

En el Internet, como ventana y espejo de nuestra realidad física, estos conflictos no pasan de acaloradas, viscerales, y muchas veces falaces discusiones sin fin. Así, el teclado se pone a nuestra disposición para lanzar, cual metrallas, frases sin ningún tipo de filtro que sacan a relucir nuestras habilidades para “demostrar un punto”.

Esto lo hemos platicado muchísimo al interior del equipo de Odd Catrina, especialmente con el tema del acoso callejero y temas relacionados, que han venido cobrando fuerza en redes sociales estos últimos meses (que si alguien se preguntaba porque hemos andado, como revista para mujeres, particularmente calladitas en este rubro, les platico: esto no ha sido azaroso, ni nos quedaremos sin tocarlo).

En un escenario ideal, donde, ‘¡Sí!’, ‘¡Ganamos la épica batalla de comentarios en la Web!’… ¿Qué sigue? ¿El otro adoptará, sin más, nuestra visión? ¿No creen que nos resentirá un poco? ¿No será que hemos olvidado cómo dialogar, compartir, ceder, ganar-ganar?

¿El Internet nos está dividiendo?

La verdad es que, en este espacio virtual, también pasan cosas bonitas. Ayer, en el grupo de Facebook de futuros alumnos que entrarán a un programa de maestría al que estoy inscrita, un futuro compañerito subió, como todos lo hemos hecho, una pequeña biografía y al final agregó una foto de su cachorrito shiba (llamémosle Hiro; muy bonito, por cierto).

Unas horas después, otro colega subió una foto de su propio can, y le puso en los comentarios que éste no podía esperar a conocer a Hiro. Me morí de la ternura y se lo enseñé a mi prima Nicole, quien trabajaba a lado mío, y se limitó a decir “Qué bobos”. En la noche me quedé pensando en las boberías que hacemos en Internet y me acordé de este par. El primero es americano de origen palestino y el segundo es de Israel. ¿Hubieran hecho este intercambio bobo de fotos en otros tiempos, espacios, vaya, en otro contexto?

Este mes, en Odd Catrina, queremos reflexionar alrededor del tema del diálogo, de lo común, de lo que compartimos. Queremos explorar esa conversación franca que nos une– en vez de dividirnos– porque al final del día y a pesar de nuestros intereses, todos nos necesitamos. El Internet también puede ser un lugar para darnos cuenta de la humanidad que compartimos. 

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