La tesis: esa montaña rusa que comienzas con entusiasmo y terminas odiando cada segundo con cada partícula de tu ser. Esa obra titánica que se dominan tus padres y amigos a base de quejas diarias. Ese bebé que tardó más de nueve meses en salir de tus hemisferios izquierdo y derecho: del primero, porque exprimiste todo tu  conocimiento en esas páginas y del segundo, porque utilizaste todo tu ingenio para rellenar las 400 páginas que te faltaban para el mínimo requerido.

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Sí, la tesis. Eso que no te deja dormir, ni trabajar, ni estudiar por puro remordimiento de conciencia por no dedicarle las horas que le prometiste a tu asesor (que por cierto, hace una semana me lo topé y por mera vergüenza me escondí detrás de una maceta, literal. Mi moral estaba por los suelos).

Pues bien, aquí les dejo unos pequeños consejos que he recopilado de personas que ya están del otro lado (es decir, que ya entregaron el paquete y ahora son felices como perdices) y de los que he aprendido a base de prueba y error.

Así que, como dijo Hannibal Lecter, vayamos por partes:

1.  (Por el amor de Dios y sus equivalentes) escoge un tema que te guste y no el que te dijeron que te gustaba.

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El tema de tu tesis es, quizás, lo que definirá si acabas o no acabas: si te titulas o eres de los que sudan en las entrevistas ante el miedo de que te pidan tu título. Escoge algo que ya conozcas, algo que te interese e incluso que ya domines. Algo que te motive a seguirle en la leída a las dos de la mañana frente la  inminente fecha de entrega. 

2. Aquí como la pareja, si tu asesor es malo el camino será largo y amargo.

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Por más que te persigan en el pasillo. Por más que te hayan hecho firmar un acuerdo de que es o él o ninguno (caso verídico). Por más que te llore por la agonía de su perro o la futura ortodoncia de su hija. Por más que te las pinte negras. Nunca, nunca, me oyes, NUNCA escojas a un asesor que no va de acuerdo con lo que buscas. Alguien que se sepa al derecho y al revés tu tema y te pueda ayudar a completar, en fuentes y datos, tu intento número doce del primer capítulo. 

Mi madre entregó su tesis de licenciatura embarazada del tercer hijo porque su asesora se negó a aceptar que estaba concluida. Un amigo está esperando a que a su asesor le de por irse de monje al Tíbet para poder continuar con el tema que quería inicialmente.

En cambio, yo soy de esas afortunadas que hasta emoticones de desesperación puede poner en el correo en el que pide ayuda. Y les aseguro, un buen asesor puede ser la gasolina de tus épocas de sequía motivacional.

3. Orden, lo demás son piedras en el arroz.

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Admitámoslo, es divertido contar esas anécdotas de cómo sobreviviste la prepa sin ningún apunte. Pero en el campo de batallas de una tesis, eso de ganar sin orden, de avanzar sin notas ni fichas, eso, señoras y señores, es pura utopía sacada de un Tomás Moro con dopamina. No es posible. Así que saca algún gen escondido de orden compulsivo o esto no será una tesis si no un fracaso en tu CV que se dejará ver.

Los pasos a seguir que me han funcionado son los siguientes:

  1. Leer y tener a la mano todos los libros, revistas, artículos y demás curiosidades que sustenten teóricamente el tema escogido. Umberto Eco escribió una obra maestra sobre cómo hacer una tesis. Te la recomiendo enormemente.
  2. Hacer el esqueleto de la tesis. Esto quiere decir el índice tentativo que te agarrara de la mano y te llevará paso a paso por cada tema que tienes que abordar. Establecer el tema de cada capítulo, y los subtemas.
  3. Volver a leer todas las fuentes e ir marcando en qué capítulo o subtema podría ir lo que estás leyendo.
  4. Si el autor de un libro hace referencia a otro, búscalo. Si ese hace referencia a otro, búscalo también y anótalos en tu lista de fuentes bibliográficas. Si uno opina diferente que el otro, anótalo, esto ayudará a poner tu teoría en movimiento.
  5. Anotar en una hoja, ficha, pedazo de servilleta (lo que mejor te sirva) los temas y acomodarlos en orden cronológico o por relevancia.
  6. Redactar un capítulo a la vez. Esto es paso a paso (o partido a partido si eres fan del fútbol). No pienses en las 120 páginas que tienes que redactar, piensa en el tema que tienes que hacer hoy. 
  7. No olvidar el sistema de citación de tu tesis, ya sea APA o Chicago. Siempre hay manuales en línea que te ayudan en ese campo de puntos, paréntesis y comas.
  8. Enviar las correcciones en pequeñas porciones para que no veas como un tsunami todo lo que tienes que volver a redactar.
  9. Aceptar que todo será perfectible. Aceptar que no todo te quedará a la primera. Aceptar que esto es así, así seguirá, y así lo hicieron todas esas personas que tienen colgado su título en la pared y sobrevivieron. Así lo harás tú también.
  10. Guardar tus archivos en orden, con fechas de modificación e incluso horas. Es un error guardarlo como: “final”, “final 1”, “final final”, “final en serio final”, porque para cuando llegue el final no sabrás ni cual es el verdadero. Un pequeño truco es poner el mes primero y luego el día (a la usanza norteamericana), así cuando los busques se ordenaran en orden cronológico. 

4. Firma el contrato. 

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Como si fuese un trabajo formal. Firma el contrato. Firma en tu cabeza que estarás en el escritorio, biblioteca o café cada día por dos horas (mínimo) y cumple tu promesa. Por más que tengas invitaciones tentadoras en el WhatsApp, por más que la mismísima reina te esté invitando a tomar un té en Buckingham para hablar sobre su opinión del Brexit, tú a la biblioteca que tu título no va a llegar como si fuese la carta de aceptación a Hogwarts: sin aviso ni espera.

El compromiso es contigo, porque uno, o cuatro, o cinco, o seis, años de fumarte las clases de las siete se merecen que cierres esta etapa con broche de oro o con tesis encuadernada. Porque tus padres, o quien quiera que te haya apoyado económicamente para que tú pudieras estudiar, se merecen el reconocimiento formal. Porque tú, y solo tú, sabrás que entregar ese libraco y la quema de algunas neuronas es la prueba de que logras lo que te propones, cumples lo que te prometes y terminas lo que empiezas.

5. Disfruta el camino, porque nadie lo hará por ti.

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Dentro de lo que cabe, trata de que cada hora en que dejes tus huellas dactilares en las teclas sea un poco más amena. Que no sangres cada minuto que pases en redactar o leer y releer la tesis. Recuerda que tú escogiste el tema, y que ese tema solía gustarte. Trata de recordar por qué.

Cambia de lugar, vete a un café en el que disfrutes el ambiente -en mi caso, estoy pagando la ortodoncia de la hija del dueño del café Starlight a base de tés Chai con perlas que les compro todos los días). Busca amigos que estén en la misma situación que tú y ,como si fuera entrenamiento de maratón, cuenten los kilómetros juntos.

Busca un lugar en tu casa y hazlo agradable. Pon frases motivacionales que te recuerden lo bien que la vas a pasar cuando acabes esta etapa. Pon velas, retratos, libros y portadas bonitas. Que a donde mires, te de paz o te guste lo que ves. Haz otras actividades, no olvides el ejercicio o comer saludablemente o dormir tus horas. Estos tres factores son indispensables en el rendimiento de tu trabajo.

Y si lo lográs, si terminas esta brecha y te sientes como si fueses un sobreviviente de la serie de Game of Thrones…  sabrás lo que es un triunfo. Te veo en el camino y espero verte del otro lado, con título, cédula profesional y medalla de honor del otro lado de la montaña.

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