Fotografía por Miriam Villanueva

Lo conocí en una fiesta y un mes después estaba enamorada. No sabía que todo rastro de mis planes iba a disolverse junto con otras cosas en un incontrolable torrente de amor, a partir de la tarde de diciembre en que ese hombre intentó sin éxito explicarme la genealogía de Game of Thrones.

En fin, solté un boleto de avión de regreso, planes, comodidades, hasta conceptos sobre mí misma. Quemé sin miedo hasta la última astilla de las naves.

Todo esto para decir que con él he conocido lugares nuevos. Y aquí compartiré mi experiencia sobre uno de ellos, donde nunca había tenido la intención de estar y cuyo idioma encuentro sin mucho encanto y muy difícil de entender. Oporto.

I

La primera vez pasé ahí la última semana de febrero del 2015  y  tuve una mala experiencia a causa del clima: frío y lluvia muy fina todo el tiempo. Pero aun así pude conocer los puntos importantes como el Puente don Luis (se tienen datos de que fue un alumno de Gustave Eiffel quien lo proyectó), la Torre de los Clérigos, la estación de trenes de Sao Bento, la rivera, etc. Tomé fotos de varios graffiti de Hazul, un artista callejero que encuentro genial y con un estilo bien definido, siempre en líneas curvas y alusiones religiosas.

Aun después de probar las bifanas, concluí que esa ciudad no era mi lugar en el mundo.

II

Creo que uno puede decir que conoce un lugar sólo por estar en él durante dos estaciones distintas del año. Volví a finales de abril para pasar varias semanas. El sol, el clima cálido y el ambiente vivo eran tan diferentes a mi primera visita que tuve la impresión de estar por primera vez ahí.

Oporto tiene una vida especial en primavera y verano, esta vez pude disfrutar de más cosas como visitar la Casa da Música (edificio de Rem Koolhas), escuchar fado en un lugar muy poco turístico al borde del río donde se puede beber vino verde blanco (único en el mundo), comer bifanas, empanadas de bacalao y demás especialidades típicas, intentar bailar forró en una asociación underground y en Galerías de París; recorrer la rúa Santa Caterina y atravesar caminando el puente Don Luis hacia Vila Nova de Gaia, viendo cómo decenas de niños saltan desde ahí a cambio de una moneda.

III

Meses después, tuve la oportunidad de volver durante unos días para la fiesta de san Juan, la más importante de Portugal. El ambiente en las calles era cálidamente auténtico, había música y puestos de sardinas en todas partes, y los miradores estaban a reventar con gente haciendo volar globos de Cantoya y esperando por los fuegos artificiales que se lanzan desde el río Douro.

IV

Volví por más de una semana a principios de septiembre, el clima al inicio del otoño sigue siendo muy agradable. Visitamos las cavas de vino de Oporto que en realidad se encuentran en Vila Nova de Gaia, del otro lado del río. El recorrido y la degustación de Offley fueron los que más me gustaron. Aprovechamos el buen tiempo para hacer un día en crucero por el río Douro, durante el cual vimos diferentes paisajes, particulares viñedos y pasamos por una de las esclusas más grandes de Europa.

V

Esta fue mi estadía más larga. Abarcó el inicio del verano, la fiesta de san Juan y la de san Pedro de Aforada, zona famosa por los restaurantes de pescado y mariscos. Visité por fin la escuela de arquitectura, los jardines y espacios de exposición del Palacio de Cristal y la fundación Serralves. Esta vez comimos lechón, otra de las especialidades de Oporto que hay que mencionar. El mirador de sao Bento da Vitoria fue una buena opción para ver las puestas de sol y los partidos de la Eurocopa.

Algo sucedió y mi opinión ha cambiado: ya tengo un nuevo lugar en el mundo.

Comentarios