Fotografía por Mike Petrucci vía Unsplash

Aquí se vende “felicidad”

Te tengo una propuesta millonaria… sí, millonaria. Descubrí una necesidad entre hombres y mujeres y mi idea la satisface, oh bueno… eso pueden creer ellos. Pero podríamos generar millones, quizá de pesos, pero sobre todo de almas dormidas, esas que nos gustan. Las fáciles de dominar y de moldear. Pero antes de mostrarte la propuesta que te vengo a ofrecer, te voy a explicar por qué tendríamos tanto éxito.

Me he permitido estudiar a los hombres y mujeres y me he dado cuenta que la mayoría tienen un gran miedo. El miedo a ser ellos mismos. ¿Qué locura no? pero creo que esto es porque cuando los humanos se enfrentan consigo mismos se dan cuenta de quienes son, de lo que realmente quieren ser y de lo cerca o lejos que están de conseguirlo, y esto puede llegar a ser frustrante. Empiezan a escuchar su voz interna, a ser conscientes de lo que sienten y de lo que piensan y cuando inician este encuentro se espantan… no todos, pero la mayoría.

A mí me dan risa los humanos, si supieran que ahí tienen su solución, que es un proceso y que esa voz los va a ir guiando… pero por mí mejor que ni lo descubran, así hacen que mi propuesta millonaria sea una tremenda tentación.

Y la voz sigue diciendo qué quiere, cómo se siente, qué piensa. Los humanos buscan apagarla porque los inquieta, y para hacerlo salen a distraerse, se van allá afuera y buscan ruido que les de una sensación de que esa voz se fue… Aparentan sentirse bien; aparentan sentirse tranquilos. Pero no siempre pueden tener ruido, a todos les llega un momento del día en el que están solos, “el humano y su voz”.

Imagínate la cantidad de personas que están así… son demasiados humanos los que no saben quiénes son, ni hacen nada por quererlo saber. Ya sabes, muchos cuerpos y pocas almas.

Y aquí es donde surge mi idea: si hacemos un prototipo perfecto de una persona feliz van a querer ser como ella, entonces van a copiar lo que esa persona hace, todo lo que piensa e incluso desea… ¡y listo! fingen haberlo logrado, digo fingen porque claro que todo esto es una estrategia.

El prototipo va a definir lo que es la belleza; cómo es el amor; qué es el éxito… va a especificar todo lo que parezca felicidad, todo lo que el humano piensa que necesita. Le vamos a dar forma y lo vamos a convertir en productos de todo tipo y de esta forma los vamos a orillar a que deseen ser como el prototipo, a que crean que si no lo son no van alcanzar la felicidad. Esa felicidad que buscan por no  saber escucharse.

Que en cada esquina vean un letrero que nos promocione, que diga: ¡Aquí se vende felicidad!, para que día tras día vayan a comprarla. Se van hacer adictos a todos los productos que hagamos, y con esto lograremos un consumismo que los obligue a trabajar en ese oficio que probablemente no les guste pero no tienen alternativa de dejar. Porque eso que todavía no ganan ya lo deben.

Porque nuestros productos sólo los van a satisfacer por un momento, después vendrá el dolor y la ansiedad. Van a creer que ellos valen según su parecido con nuestro prototipo, y cómo nuestro modelo de felicidad siempre va a tener un producto nuevo, nunca van a quedar en paz. Porque siempre les va hacer falta algo, ese algo que seguiremos inventando. Así logramos lo que queremos: que el vacío permanezca, porque ese vacío los hace salir a buscar nuestro producto; la felicidad.

Será una venta bárbara enfocada a todo lo de afuera.

Vamos a ir generando una sociedad del tener: que quieran sólo tener y tener productos de felicidad. Venderemos ideas, sentimientos y actitudes, y cuando alguien no compre nuestros productos,  provocaremos que lo humillen. Así los haremos más vacíos a todos. Ya que los que juzgan van a sentir remordimiento por haber ofendido y los que fueron humillados van a creer que no hubieran sido señalados si hubieran tenido los productos que les hacían falta. Y ambos dolores sanaran en nuestras esquinas, en busca de nuestros letreros… ¡Aquí se vende felicidad!

Pero no todo será material, lo social va a cobrar importancia. Cada humano va a buscar la aceptación del otro, orillándolos a las falsedades, a un amargo juego de disfraces según el lugar, según la fiesta, según la conversación; en el que si hablan mal de una persona todos tendrán que participar con hirientes palabras, si no… ¡fuera!, se queda solo. Los amigos se abrazarán pero en cuanto se vaya uno, se hablará mal de él. Tendremos campañas para que se hagan débiles; para que no sean ellos mismos, sino uno mismo. Una misma masa fácil de dominar. Un mercado perfecto en el que todos hacen lo mismo, creando así una gran mentira.

Todo será increíble, amargamente increíble.

Sin embargo, hay algunas personas que me preocupan porque podrían dañar fuertemente la estrategia de ventas. Son una amenaza poderosa: los que nos les da miedo ser ellos mismos.

Te preguntarás ¿por qué los veo cómo amenaza?, primero porque no nos consumirían, estarían tan plenos con su mundo interior que no van a necesitar de nuestros productos; y la segunda razón es que ellos son pasiones, y cuando una persona es tal cual su esencia y vibra con sus pasiones, provoca una felicidad tan real, que muchos podrían descubrir la falsedad detrás de nuestro prototipo; y eso es lo más grave del asunto, que nos descubran.

Pero incluso creo tener una solución a este problema, y es crear más productos de felicidad, pero está categoría se llamarán distracciones. Que se cieguen; que no vean a ese prototipo real de felicidad, al revés, que lo juzguen por no estar distraído cómo ello; que a los demás les de pavor ser cómo él, y aquel apasionado se sienta tan débil que se guarde todo lo que quería decir. Y si lo logramos apagar, le podremos vender voz.

Pero si la persona apasionada no se detiene y no cae en nuestra estrategia, tendremos que vender la idea a los demás de que esa persona tiene carencias, y así cuando se junten los humanos se les va hacer más fácil hablar del otro, del: “pobre apasionado”. Les haremos creer que el apasionado está peor que ellos, porque no compra productos de felicidad.

¿Y sabes qué? los vamos a cegar tanto, que cuando piensen en su futuro incierto, tendremos listos los productos de felicidad con categoría del mañana. Y así no van a sentir que su tiempo de vida se acaba, van a creer que ya lo compraron. Que su “felicidad” ya está asegurada. Y no van a sentir esa sensación de mortalidad que te hace despertar. Mejor que piensen que son eternos, que crean que tienen tiempo, que mientras haya productos ellos van a seguir viviendo.

Y las pasiones serán apagadas, porque si las conocieran encontrarían su felicidad sin comprarnos. Estarían tan vivos que no podríamos distraerlos, serían tan únicos e irrepetibles, tan felices, tan fuertes y con carácter. Serían tan humanos; tan reales.

Porque pasiones… esas mejor que no existan, por qué si no, mi propuesta millonaria no sería negocio en lo absoluto.

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