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Por ahí de primero o segundo de prepa, uno de mis amigos me prestó Looking for Alaska, la primera novela de John Green. Era su novela favorita, al menos en ese entonces, pero al terminar de leerla no pude acabar de entender por qué. No era un libro terriblemente malo, pero tampoco era muy original.

La novela cuenta las tribulaciones preparatorianas de Miles Halter, uno de esos adolescentes hipstercillos existencialistas introvertidos que suelen poblar las páginas de las novelas de coming of age. Resulta un protagonista perfectamente aceptable: bien redondeado, profundo, real. Sus ocurrencias y pensamientos me resultaron lo suficientemente interesantes. El verdadero problema que tuve con Looking For Alaska, la razón por la que me pareció tan cliché, fue Alaska Young, el interés amoroso del protagonista.  Las palabras claves aquí  son “interés amoroso”. Alaska nunca llega a ser mucho más que eso.

Me quedaba perfectamente claro por qué mi amigo había disfrutado tanto de la novela. Alaska es una fantasía perfecta: bonita, inteligente, excéntrica, ingeniosa, sexy, intrépida… ¿Qué adolescente no disfrutaría leer acerca de ella a través de los ojos del muy humano, muy entendible Miles?

Ahí fue cuando me di cuenta: Alaska había sido creada específicamente para complacer a los adolescentes inseguros e introvertidos del mundo, de la misma manera que Edward Cullen había sido creado específicamente para complacer a las adolescentes inseguras e introvertidas del mundo. Ambos son personajes completamente plásticos: modelos diseñados para satisfacer las fantasías del hombre y la mujer ordinarios.

Tanto Looking for Alaska como Twilight son narradas desde el punto de vista del personaje más humano, el personaje con el que el lector debe identificarse: Miles para los hombres, Bella para las mujeres. Ambas narrativas enfatizan la normalidad de sus protagonistas: se nos cuentan sus defectos, se nos dice que no son grandes bellezas, se enfatiza su inseguridad. Ambas tratan de un adolescente común y corriente que se encuentra con el interés amoroso perfecto. Ninguna dota a dicho interés amoroso con el mismo nivel de complejidad y humanidad que al protagonista (que en el caso de Bella no es mucha), prefieren mantenerlo un modelo, un ideal.

Por lo mismo, las historias de amor que intentan contar tanto Twilight como Looking For Alaska pierden toda su universalidad. Alaska&Miles es claramente una historia para hombres. Edward&Bella es  claramente una historia para mujeres.

Y lo mismo puedo decir de muchos más libros y películas: las mujeres de Dickens suelen ser poco más que muñequitas idealizadas y los hombres de los chick-flicks suelen ser Ryan Gosling. Hace poco me enteré que el mismo amigo cuyo libro favorito acabo de criticar tiene más o menos la misma opinión de Mr. Darcy que yo tengo de Alaska. “Es un personaje de cartón.” “Es un modelo del héroe romántico.” “No es un hombre genuino” (no estoy de acuerdo, por cierto, pero eso es tema para otra ocasión).

Bueno, ¿y entonces qué? ¿En cualquier “historia de amor” debe de haber al menos un personaje débil y poco interesante que resulte poco más que la idealización del sexo opuesto? ¿No existen historias de amor en la que ambos personajes sean seres humanos con fallas, virtudes, rarezas, intereses, pensamientos, sueños y miedos?

Me parece que sí y que estas son las únicas historias de amor que valen la pena. Las historias más difíciles en las que hay malentendidos y malas pasadas que se sienten reales, que nos hablan de nuestra propia vida.

Unos cuantos ejemplos de entre mis favoritas:

Tom&Summer

(500) days of summer (2009)

En realidad ese es todo el punto de la película. Tom quizo idealizar a Summer, quizo que fuera la heroína romántica de su historia de hipstercillo existencialista introvertido, quizo que fuera Alaska Young. Y… pues no, Summer no era un modelo: era una persona con intereses y sentimientos tan fluctuantes y conflictivos como los de todos.

Jane&Mr.Rochester

Jane Eyre 

Jane es claramente la protagonista de la historia: la novela sigue su coming of age, su transición a la adultez. No obstante, su interés amoroso Mr. Rochester es mucho más que un final feliz en forma de hombre: es viejo, feo, excéntrico, apasionado, dice las cosas equivocadas y más de una de sus acciones son altamente cuestionable. En el fondo, Jane y Mr. Rochester son en igual medida dos personas buscando un poco de felicidad entre las rarezas y desazones de la vida.

Burt&Verona

Away we go (2011)

Tanto Burt como Verona reciben un arco narrativo y una personalidad compleja y bien desarrollada en esta encantadora película de Sam Mendes. Se pelean, se confortan, se hartan y se emocionan juntos más o menos como uno esperaría de cualquier pareja. Su historia de amor es inspiradora principalmente por lo ordinaria que resulta.

Jo&Laurie

Mujercitas

No terminan juntos, claro está, pero que Jo March y Teddy Laurence hacen una excelente pareja, nadie lo puede negar. Ambos son personajes interesantes y bien constuidos que decididamente no existen para completar el arco narrativo del otro.

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