Photo credit: kevin dooley via Visual hunt / CC BY banner-tema-del-mes-septiembre-modelos

Hace un año, en mi antiguo trabajo, teníamos en puerta un proyecto que constaba en diseñar un “retrato” o perfil del tapatío promedio, el average Joe de mi ciudad. Un habitante de Guadalajara, que pudiera ser cualquiera de los cuatro y medio (¿o ya somos cinco?) millones de personas que habitamos esta ciudad mexicana. Mis compañeros en el área de investigación se dedicaron a recuperar los promedios de la gran base de datos que tiene Jalisco Cómo Vamos de cuatro años de encuestas de percepción sobre calidad de vida. Salieron cosas interesantes, por ejemplo, que el tapatío promedio tiene una escolaridad de secundaria…secundaria.

Mi chamba era trabajar en la parte gráfica del Ciudadano Metropolitano, como comenzamos a llamarle. ¿Sería un hombre, una mujer? ¿Lo representaríamos con una o varias fotografías? ¿Debían ser fotografías o algo más abstracto?

Con la cabeza hecha una maraña llegué a la oficina de mi jefe y le pedí consejo. Me preguntó si sabía por qué en los libros de biología se usaba poner una ilustración para representar una especie. Para ilustrar su punto, sacó un libro de su librero con un dibujo de un pajarito, seguido por varias fotografías de distintos especímenes del animalito. Unos pintos, otros sin manchas. Unos más grandes que otros. Las fotografías plasman a un individuo en particular, el diagrama, es decir, la ilustración, rescata todas las características de un grupo que las hace eso y no otra cosa. Para no hacer más largo este relato terminamos comisionando al talentoso Edgar Seis un par de personajes ilustrados, una mujer y un hombre, para intentar honrar esta idea. Pueden ver los resultados aquí.

La idea de algo como modelo apela a un concepto abstracto, que no existe en nuestro mundo físico, algo que entendemos como la representación más completa de una cosa. Pero si bien abstracta, es representativa. A veces se utiliza con una connotación de una fuente de inspiración, una guía, el deber ser de algo.

Y luego comenzamos a enredarnos cuando aterrizamos este concepto a nuestra existencia como seres humanos, y llamamos modelos a gente a la que admiramos; y qué decir de aquellas personas que aparecen en las portadas de revistas y recorren las pasarelas con un porte y una apariencia que parece no ser de este mundo. Las y los modelos, en el contexto de la moda son las primeras víctimas de unos estándares de belleza inalcanzables y hasta cierto punto, tóxicos para la cultura popular y para la y el ciudadano de a pie.

La clave aquí es inalcanzable. Alguien inalcanzable difícilmente nos sabe a algo representativo. Un modelo debería ser (o por lo menos eso creemos en este equipo editorial), algo alcanzable, de otra manera, ¿qué sentido tiene llamarle modelo? Sobre este tema reflexionaremos este mes.

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