Foto: Pilar Gómez

Me encanta salir a la calle en fachas. Cada que me atrevo a insultar a la calle con mi pelo despeinado y mi playera del América, mi papá me reclama: “Gabriel, a la calle uno sale como gente decente.” Siempre me he preguntado quién es esta “gente decente”. Mi papá, mis tíos, sus amigos y toda la gente que conozco está convencida de que hay que ser gente decente a toda costa.

Después de haber hablado con toda clase de gente decente, he recabado un gran número de características que los definen. La gente decente se distingue por salir bien vestida y peinada a la calle. El corte delineado de barbería y el traje de sastrería indican que este señor tiene un buen empleo, con el que puede proveerse de lujos. Ha de ser abogado ¡No, yo creo que es más decente todavía! Mira su reloj, debe ser al menos director de banco. Ser director de banco es algo muy difícil de lograr, por lo que de seguro este señor fue a la universidad, algo también muy difícil de lograr. Esas cosas requieren dedicación, mijo, por eso esta persona es tan buena. Tiene valores, como toda la gente decente.

Los valores definen a la gente decente. Nació bueno, esta perfección la trae uno en la sangre. Se ve a simple vista: mírelo, es güerito y todo. ¡Su abuelo era español! Desterrado cuando Franco. No vaya a creer que porque estaba a favor de la República, no, pero como se apellidaba Marcquoise creyeron que era un espía francés –la sangre francesa es el colmo de la decencia-. Marcquoise, tan bonito nombre… Marcuás suena mejor que Márquez, lástima que en este país todo se nacionaliza ¡Hasta la raigambre! De alguna manera, la nobleza española es la que los hizo ricos. Nobleza y riqueza van de la mano, nobleza y decencia también.

Si vez que alguien se quita el sombrero al entrar a la iglesia significa que ese señor tiene modales, y como sólo los buenos y nobles tienen modales, entonces de seguro es noble. ¿Que vive en un multifamiliar en Iztacalco? Sí, pero es que no sabe cómo me han ultrajado. Me ha ido mal en la vida. No tengo riqueza ni nada, pero aún soy gente decente. No sabe la cantidad de nacos que me he encontrado con mucho dinero. Los tiempos son otros. Antes la decencia era casi casi sinónimo de riqueza. ¿Por qué los demás han sido exitosos en la vida y usted no? Quién sabe. Pero usted, señor, es gente decente. No hay otra manera. Se es gente decente o no ¿y cómo no voy a ser decente yo?

Lo siento, pero usted no es gente decente. Lo sé porque ya vi que tu suéter es de outlet. Pinche naco. Eres naco porque vives en la Bondojo. Pinche naco. Tienes las nalgas prietas porque eres un indio. Pinche indio jumiado ¡apestas, carajo! Te llamas Brayan, güey… qué bien que fuiste a la escuela, pero ni te hubieras esforzado, del CONALEP no sale gente decente, sólo pobres. Yo fui a la Ibero. Pero ya se está llenando de puro gato, ni siquiera tienen la decencia de vivir en las Lomas. Detesto a los del sur ¿Esos ricos nacos? Qué asco me dan. Denigran a la riqueza. Hay uno que vive en el Pedregal que está más prieto que mi muchacha, pero se ha forrado de billetes como no tienes idea. Qué pena. Por eso los nacos nacos de la Juárez no son los que más me cagan, sino estos pinches indios patarrajada que se acaban de mudar al lado. A las Lomas deberían pedir pasaporte para entrar. Luego van a creer que la riqueza la puede tener cualquiera. Van a creer que son gente decente. O peor aún, van a creer que nosotros no somos gente decente.

No sé a qué se refiere mi papá cuando habla de la “gente decente”. Por eso sigo saliendo con mi playera del América a la calle. Antes –la colonia, el siglo XIX, cuando tu abuelo vivía en España o cuando la gente tenía valores; no sé, pero antes-  puede que haya tenido sentido. Ahora no. Es un término vacío. Cada uno de nosotros piensa que pertenece a la gentedecente. Es la única regularidad en su uso: formularlo en primera persona. Por eso cualquier pretexto es bueno para pertenecer a la gentedecente, con tal de que yo lo cumpla: la riqueza, la forma de vestir, lo verde de mis ojos, ser buena persona o tener modales. Si cumplo con una de estas características pertenezco a la gentedecente, y como la gentedecente tiene todas las características positivas en la vida, instantáneamente me hago acreedor a las demás. Si no tengo riqueza, es culpa de la realidad, no mía. Es mi derecho por ser gentedecente.

Gentedecente también es una enfermedad. Nos lleva al entumecimiento y a la esquizofrenia. Los más convencidos de serlo no se esfuerzan en la vida porque creen que ya tienen el porvenir asegurado. Se vuelven ineptos e incompetentes. Los menos convencidos de serlo no son mucho mejores: como el uso es tan variado, no saben que deben hacer para probar que son gentedecente. Esto los lleva a una inseguridad total. La incertidumbre los hace creer que están malditos.

Si existe alguna característica que prevalezca sobre las demás al definir gentedecente esa es la sangre. Persiste un vestigio medieval en nuestra cultura en la que la nobleza de sangre confiere todas estas bondades. Y la nobleza de sangre sólo existe en la sangre europea. Es por eso que gentedecente se fija tanto en la raza: lo blanco, lo ojiazul y lo güero son señal de sangre europea.

No hay que olvidar que gentedecente es una cualidad oculta. Gentedecente ojiazul podrá sentirse más gentedecente que gentedecente prieto. Pero gentedecente prieto puede argumentar que sus modales son síntoma de gentedecente y nobleza de sangre. Por eso existe la obsesión por encontrar cualquier pariente lejano de la Península. Al demostrar su estirpe, gentedecente ya no se tiene que preocupar por sus rasgos físicos. Lo ojiazul y lo güero son mi derecho por ser gentedecente. Si no los tengo, es culpa de la realidad, no mía. Si bien esta lejana consanguineidad española no le hará más gentedecente ante los ojos de gentedecente ojiazul, sí le permitirá presumir su gentedecente ante otros que no puedan probar su pedigrí.

No sólo la raza importa. Gentedecente no se detiene ahí. Así como cualquier pretexto es bueno para ser gentedecente, de igual manera todo vale al argumentar que los demás no lo son. Hay españoles que se sienten más gentedecente que otros españoles. Este no es un problema particular del mexicano, lo heredamos de la Madre Patria y su compulsiva obsesión de saber si Europa acaba en los Pirineos o en Gibraltar.

Gentedecente no existe, no tiene fundamento, no se refiere a nada. Y aun así es nuestro amo y señor. Gentedecente es un juego que hace que la vida del mexicano sea un infierno en el que todos cumplimos un doble papel: víctima y verdugo. Es un vacío devorador en el que debemos atacar y ser atacados ¿Qué soy? Gentedecente ¿Qué no soy? Gentedecente…

Y es la respuesta a la pregunta que tenemos siempre presente: ¿Por qué México está tan jodido?

Gentedecente.

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