Fotografía cortesía de luciaberlin.com

La literatura femenina, es uno de los tantos subgéneros que abundan en el mundo de las letras y que por ocio o necesidad, los críticos y lectores del mundo han apropiado como agua.  

El matrimonio, la educación de los hijos, las ganas de estudiar, la sexualidad y la tarea de llevar un hogar son temas recurrentes en este tipo de libros que, por haber sido escritos por mujeres sobre mujeres, caen en un reduccionismo innecesario -que para empezar no tendría por qué existir como tal, pues hombres y mujeres pueden escribir-. Como sucede con los hombres que escriben de guerra, infidelidad y líos en sus trabajos, los textos de las féminas tendrían que valer por lo que son y no ser catalogados para el correcto acomodo de una librería o biblioteca.

Lucia Berlin, Manual para las mujeres dela limpieza.
Consigue este libro aquí

Lo anterior viene a cuento por Lucia Berlin (1936-2004), una escritora que murió en la oscuridad, con apenas un puñado de libros vendidos. Alcohólica, tres veces divorciada y madre de cuatro hijos, la originaria de Juneau, Alaska, fue una mujer que pasó su vida entre toda clase de trabajos y ciudades.

Manual para mujeres de la limpieza, una antología de su autoría que circula en México bajo el sello de Alfaguara, es el libro que tiene al mundo literario de cabeza. Aunque son relatos que antes aparecieron en revistas y otras de sus publicaciones, nunca se había hecho el trabajo de cohesionar sus mejores textos en un solo volumen… hasta ahora.

En cuestión de semanas, el libro se colocó en la lista de los más vendidos de The New York Times y arrasó con críticas positivas en los principales diarios internacionales. Además, generó un enorme círculo de lectores que todavía analiza cada frase y momento en la vida de su autora.

Los relatos de Manual para mujeres de la limpieza parecen extractos de las muchas facetas que tuvo Berlin, quien pasó largas temporadas entre ciudades de Estados Unidos y México para ganar vivencias que le dieran material del cual escribir. Empleos mal pagados, cantinas y amoríos de fin de semana aparecen en las páginas que Berlin conseguía escribir mientras luchaba con su peor enemigo: el alcohol.

Así, recluida a veces en clínicas de Alcohólicos Anónimos y lejos de sus hijos, Berlin encontró la manera de inyectarle bravura a sus textos. No hubo, ni en sus peores tiempos, un día en el que no creara mujeres fuertes, divertidas, frágiles, convencionales, románticas, taciturnas y revolucionarias. Fue testigo de la época que le tocó vivir y dio voz a tantas otras en su condición.

Cuando inició su carrera literaria en los convulsos años sesenta y setenta, Berlin se integró a varios movimientos feministas que le ayudaron a definir el rumbo de su escritura. Habría de trazar una geografía emocional de las mujeres de su tiempo, con sus anhelos y frustraciones, pero sin dejar de lado la evolución que entonces se manifestaba en las casas y lugares de trabajo.

Sin embargo, no fue sencillo: Berlin vivió en aprietos económicos hasta el día en que comenzó a dar clases de literatura y escritura creativa, profesión que le dio la seguridad necesaria para entregarse de lleno a su pasión. Y lo hizo incluso en un estado de salud crítico que la obligó después a abandonar su puesto en Boulder, Colorado, para irse a establecer a casa de uno de sus hijos, en California.

Al poco tiempo de instalarse con su familia, la escritora se despidió de este mundo. Lo hizo con calma, sin saber que una década más tarde se convertiría en un fenómeno de ventas. Porque Berlín qué se iba a imaginar que sus pedazos de vida tocarían las almas de muchos otros y, menos aún, que críticos y lectores la señalarían como la nueva representante de la literatura femenina. 

Ella no le habla sólo a las mujeres, sino a todo a aquel que logre conectar con sus textos, sea del género que sea.

¿Qué tal te pareció esta reseña de Manual para mujeres de la limpieza? No olvides dejarnos tus comentarios en la sección de abajo. 

Comentarios